¿… Y Justicia para Todos?

Es posible que lo único en que todos los estadounidenses estén de acuerdo durante los últimos dos años sea el llamado juego de campeonato de futbol de la NFL de los Santos/Carneros a principios de este año. Todos, incluyendo a los árbitros, reconocen que fue un no-llamado masivo que probablemente decidió el equipo que fuera al Super Tazón. Lo indignante de la injusticia de aquella acción desde entonces provocó un giro que cambió las reglas en la liga. ¡La injusticia unificó a la nación!

En muchos puntos la iglesia se opone fuertemente a la cultura. Pero uno de los puntos en el que la iglesia y la cultura están hermosamente alineadas es en nuestra aversión a la injusticia. Los temas de la justicia son muy importantes para los seguidores de Jesús y muy importante para la mayoría de los estadounidenses. Ese es un alineamiento afortunado.

Pero notemos que la “justicia” es una muy resbaladiza palabra que significa diferentes cosas a diferente gente. Para la profesión legal, significa una aplicación igualitaria de la ley. Para los marginados, significa enderezar un sistema torcido de favoritismo. Para los conservadores, significa castigar a los malos, mientras que para los progresistas, significa ¡castigar a los conservadores! Pero todos se unen en su clamor por la justicia. Al menos lo que ellos quieren decir por “justicia”.

Se debe resaltar el hecho de como estudiantes de la Biblia que somos, tenemos el cuidado de no clamar demasiado fuerte por la justicia de Dios. La justicia de Dios, siendo que todos somos culpables de pecado, significaría que todos somos condenados a una eternidad sin Dios. Permíteme explicar que: Debido a que el predicamento central de Dios es “amor”, y siendo que el amor consume todo lo que no sea “amor”, nosotros—que somos tan consentidos y faltos de amor—seríamos víctimas del perfeccionamiento del universo que traería consigo una aplicación de la justicia. En nuestro “desamor”, somos manchas invisibles de grasa en el cuadro inmaculado de Dios. En el momento en que Dios decide ser no solamente justo, estamos muertos—borrados de la pintura.

Afortunadamente para nosotros, ese mismo amor detiene Su justicia y nos extiende a todos la posibilidad de la “justificación”. O sea, a través de la obra empapada de la gracia de Jesús, podemos ser “llenos de justicia”; podemos ser liberados de la inminente obra del amor perfeccionador de Dios que eliminará todo lo que no es amor. Conozco gran cantidad de palabras, ¡pero es una gran verdad! Por eso exhortamos a todos a que acepten esa gracia de la oferta de Jesús por nosotros, y para nosotros.

Afortunadamente para nosotros, ese mismo amor detiene Su justicia y extiende hacia nosotros toda la posibilidad de “justificación. O sea, por medio de la obra de Jesús impregnada de la obra pionera de Jesús, podemos ser “llenos de justicia”; podemos ser liberados de la inminente acción de limpieza del amor perfeccionador de Dios que eliminará todo ese “desamor”. Yo sé que son demasiadas palabras, pero ¡también es una gran verdad! Esa es la razón de se nos exhorta a aceptar esa gracia ofrecida por la gracia de Jesús por nosotros y para nosotros.

Pero para ser justos, eso no es de lo que la mayoría de nuestros amigos están hablando cuando demandan justicia. Están hablando de justicia social. No solo la clase de justicia legal; están hablando de vivir en un lugar en el que todos sean tratados con igualdad. Quieren que los inmigrantes sean tratados de la misma manera que los estadounidenses con el derecho de su nacimiento, y que los jóvenes de color reciban la misma presunción de inocencia que los jóvenes de raza blanca. Quieren que todos tengan el mismo acceso a los servicios de salud, y no quieren políticas que discriminen a las personas, incluyendo gays y heterosexuales. (El matrinio entre personas del mismo sexo se activó cuando sus promoventes lo enmarcaron como un asunto de justicia—un derecho civil—en lugar de discutir la naturaleza real de una unión procreadora y duradera.

Las personas más razonables estarán de acuerdo que la justicia es un deseo digno de encomio. Pero, ¿cómo se logra la justicia? Como Wesleyanos, los Metodistas Libres creen que uno de estos senderos es trabajar por los cambios legales/de política. Están en favor de gobiernos e instituciones justos. Por ejemplo, Wesley y sus amigos lucharon por la abolición del comercio de esclavos. Aunque muchos de sus paisanos discutían que el éxito de su propia nación era más importante que el abuso en contra de los africanos en el comercio de esclavos, Wesley respondió: “No estoy de acuerdo en que el abuso sea jamás necesario. Es imposible que alguna vez sea necesario que las criaturas razonables violen todas las leyes de justicia, misericordia y verdad” (“Pensamientos Sobre la Esclavitud”, fmchr.ch/jwslavery).

Wesley luchó por la justicia por medio de los cambios en el gobierno. Algunos recordarán que la última carta que Wesley escribió, seis días antes de su muerte, fue para William Wilberforce, quien eventualmente vio a la esclavitud declarada fuera de la ley en el Imperio Británico en 1807. De una manera similar, nosotros abogamos por la reforma en la inmigración para que millones de personas que habitan en el mundo de las sombras que hemos creado en nuestros cuartos de lavar, granjas y lugares de construcción puedan, de hecho, tener un camino legal para realizar sus trabajos.

Pero los Wesleyanos trabajamos simultáneamente por la justicia en un Segundo nivel: la transformación interna del individuo. Sí, la justicia se logra colectivamente, pero también individualmente. Nosotros trabajamos evangelísticamente para ver a los hombres y mujeres injustos convertirse en hombres y mujeres justos. En Lucas 3, Juan el Bautista exhorta a las multitudes a demostrar “con su forma de vivir que se han arrepentido de sus pecados y han vuelto a Dios” (v. 8, NTV). Cuando ellos preguntas qué es lo que deben hacer, él describe actos de justicia:

Juan contestó: “Si tienes dos camisas, da una a los pobres. Si tienes comida, comparte con los que tienen hambre”.

Hasta los corruptos recaudadores de impuestos vinieron a bautizarse, y preguntaron: para ser bautizados y preguntaron: “Maestro, ¿qué debemos hacer?

Él les contestó: “No recauden más impuestos de lo que el gobierno requiere”

“¿Qué debemos hacer nosotros?”, preguntaron algunos soldados. Juan les contestó: “No

extorsionen ni hagan falsas acusaciones, y estén satisfechos con su salario” (vrs. 11-14, NTV).

Juan no está sugiriendo que los pobres sean alimentados por medio del cabildeo en el Congreso de Jerusalén. ¡En deposita la solución de la justicia en las vidas de hombres y mujeres!

Esta es la Hermosa posición de personas como nosotros. Procuramos la justicia por medio de dos vías: la transformación individual y colectiva. Buscamos la conversión personal y los mejoramientos sociales. Sabemos que no veremos el reino de Dios en la tierra simplemente con la legislación de la justicia, pero también sabemos que no podemos callar cuando vemos la injusticia y excusar nuestra falta de atención diciendo que estamos trabajando para convertir a los individuos. Nuestra reacción a la justica es: “Sí, y mil veces, Sí”.

 

El Obispo David Roller sirvió por 17 años como misionero Metodista Libre en México, y luego por 10 años como director del Área de Latinoamérica para el Departamento de Misiones Mundiales. Fue elegido por primera vez como obispo en 2007.

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