Viviendo la Ley del Amor

Yo tenía alrededor de 20 años cuando comencé a ir más allá de lo que yo había considerado como una vaga y definitivamente nada urgente curiosidad acerca de Dios. Se veía cada vez más claro que yo no podría medir mis propias expectativas, o agradar a todos todo el tiempo. Yo tenía un verdadero sentido de estar siempre errando al blanco. Aunque nadie me había explicado hasta ese momento ni el pecado ni la gracia.

Como muchas de las personas que ocupan los asientos de nuestras iglesias, mi motivación original para buscar a Dios era principalmente pensar mayormente que el cristianismo me serviría para ser una persona buena y moral. Yo quería ser aceptada y tener paz. ¡Qué poco sabía yo que la ley y las reglas de conducta, que formaban parte de lo que Dios le dio a Su pueblo en el Monte Sinaí eran sólo los primeros pasos de la paz y de la verdadera aceptación!

El Señor revela Su amor por la humanidad en cada uno de los pactos que Él hizo en el Antiguo Testamento, pero para muchas personas es lo más difícil ver ese núcleo de amor en la Ley. Muchas personas se han rendido en busca de la meta de leer por toda la Biblia, exactamente en las páginas de Levítico, el Libro de la Ley. ¿Es Dios un micro mánager? ¿Sólo quiere limitar nuestra libertad y poner reglas aquí y allá para hacer gala de Su soberanía? ¿En verdad tiene algo para rozaduras (Levítico 19;27)?

Nosotros típicamente ponemos atención en las conductas externas prescritas por la Ley y nos olvidamos que en el viejo pacto todo tenía que ver con nuestro corazón. Una y otra vez, Moisés le recuerda a Israel—la posesión más valiosa de Dios—que la meta de la ley es el amor expresado en devoción.

“Hoy te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal. Hoy te ordeno que ames al Señor tu Dios, que andes en sus caminos, y que cumplas sus mandamientos… Ama al Señor tu Dios. Obedécelo y sé fiel a él, porque de él depende tu vida” (Deuteronomio 30:15 -16, 30:19-20).

Este es un pacto motivado por la relación, y un corazón que pertenece a Dios debe ser santo. Así que cuando leemos el Levítico a través del llamado de la lente de Dios de “ser santos porque yo soy santo” (Levítico 11:44-45), podemos enfocar la intimidad relacional porque la norma es un corazón apartado para Él.

Del mismo modo que los israelitas, muchos de nosotros pasamos gran parte de nuestro peregrinaje espiritual aprendiendo lo que significa ser santo, pero quedándote atorado en ciclos de complacencia, rebelión o derrota. La ley les comprobó que era imposible que ellos guardaran cada mandamiento, pero todo cambió cuando Jesús cumplió las intenciones de Dios en la ley. El nuevo pacto era una promesa de que, en esta relación, la justicia ya no estaría fuera del alcance.

En el Sermón del Monte Jesús repite: “Oyeron que fue dicho”, acerca de la ley, “pero yo les digo”, para ayudarles a ver la nueva realidad de que Él vino a transformar nuestros corazones, no a transmitir reglas. Él declara a una multitud de personas que están bien conscientes de la barrera entre sus vidas y las altas normas de las 613 leyes el Antiguo Pacto: “No piensen que he venido a abolir la ley… sino a cumplirla”, y luego los sorprende invitándolos a ser más justos que los fariseos (Mateo 5:17-20).

Una de las sorpresas más grandes del cristianismo es cuando el verdadero significado de la justicia es revelado a nosotros. Cuando entendemos que la santidad, perfección y corazones inclinados hacia el amor desinteresado son todos sinónimos, podemos vivirlo gracias a lo que el Señor ha hecho en nosotros. “Les daré un nuevo corazón, y les infundirá un espíritu nuevo, Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes” (Ezequiel 36:26-27).

Esto significa que el más Grande Mandamiento—amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente, y fuerzas, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos—ahora es posible para ti y para mí. Esto significa que, en lugar de evaluarnos unos a otros en términos de modificación de conducta, debemos animarnos unos a otros hacia esa inclinación del corazón. ¿Estamos animándonos en nuestras iglesias a tomar el riesgo santo de expresar el amor? ¿Estás dispuesto a comer con los pecadores y entrar en contacto con los leprosos, sin preocuparte por tu comodidad, reputación o seguridad, porque esta es la verdad en amor?

He visto muchos creyentes bien intencionados tirar la toalla del servicio a otros cuando el recipiente de ese amor no parece cambiar y ni siquiera expresa gratitud. Después de pasar tiempo en el mismo albergue transicional por 5 años, he visto cristianos que vienen a bendecir y a servir, y desaparecen porque las mujeres no quieren aceptar a Jesús, no quieren dejar sus adicciones o se resisten a abandonar relaciones insanas. Esta reacción es lógica de acuerdo a la letra de la ley, pero vivimos bajo el nuevo pacto cuando andamos por el Espíritu. Él nos invita al amor desinteresado, no a albergar complacencias conductuales.

Estamos siguiendo a Jesús, quien no tiró la toalla por las personas difíciles, más bien la levantó para servir a quienes luego lo traicionaron o lo negaron. Dios no tiene una tarjeta de score celestial para evaluar el resultado de nuestro amor en acción. Más bien conoce y se complace de los pensamientos y las intenciones de nuestros corazones de poner nuestras vidas por el mundo que Él ama. Necesitamos desafiarnos y preguntarnos unos a otros: ¿Estamos contentos sabiendo que el amor parece cumplirse en Cristo? ¿O somos compelidos a seguir viviendo conforme a nuestras prácticas actuales?

Dedicar nuestros corazones a esta causa es la fuente de la aceptación y paz que yo comencé a buscar. Vivir la ley es más sencillo que lo que la mayoría de nosotros nos imaginamos, pero es imposible si no nos dedicamos al Padre quien siempre ha deseado nuestros corazones santificados, el Hijo que las aseguró para nosotros, y el Espíritu Santo que es nuestra fuente de poder para una obediencia amorosa.

Kaye Kolde es presbítero Metodista Libre ordenada, y pastora ejecutiva de ministerio en la Iglesia de Sage Hills, en Wenatchee, Washington. Fuera de su iglesia local, ella se energiza asesorando iglesias y líderes en estrategias de discipulado.

 

 

 

 

 

 

 

 

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