Viviendo en la Luz

“Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz” (Efesios 5:8).

Los primeros tres capítulos del Génesis describen un mundo aun sin contaminar por los efectos del pecado. Una de las más hermosas características de este mundo es la armonía relacional que existe en ambos niveles, el divino y el humano. Adán, sin problemas camina con Dios en el fresco del día mientras su unión con Eva se describe en términos que hablan de trasparencia (estaban desnudos) y seguridad emocional. (no se avergonzaban). Viviendo en la libertad de las tinieblas del pecado, Adán y Eva podían ser transparentes porque no había nada que esconder ni había nada que temer.

Hay algo en lo profundo de todos nosotros que anhela el mundo del Edén que terminó de manera tan abrupta y trágica cuando el pecado entró en escena. Sabemos muy bien que si es como vivir en un mundo donde la transparencia ha cedido el paso a hojas de higuera, y la seguridad se encuentra en un escondite. Sin embargo, nosotros los cristianos preferimos creer que algo del Edén ha sido restaurado porque Jesús vino al mundo. Hablando de Él, Juan dijo: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla” (Juan 1:4-5).

Cuando yo era pastor de una iglesia local, uno de los mantras de mi liderazgo era: “Dios opera en la luz; Satanás opera en las tinieblas”. Esa convicción fue la base de uno de nuestros más importantes valores operacionales como iglesia: Mantenemos todas las cosas en la luz todo el tiempo. Es también la fuerza importante detrás de una de nuestras libertades denominacionales. B.T. Roberts y los primeros Metodistas Libres prohibieron la membresía en sociedades secretas porque creían que “los cristianos deben mantenerse libres de seguir a Cristo y obedecer la voluntad de Dios”.

En su documento de posición, “Sobre la Mesa”, el Obispo Emérito Matthew A. Thomas trae esta convicción del siglo 19 con un enfoque claro para la iglesia del siglo 21. Yendo mucho más allá del alcance de abstenerse de la membresía en sociedades secretas. Thomas aplica el principio de “vivir en la luz” a todas las cosas desde las finanzas de la iglesia y las reuniones administrativas, hasta las prácticas de las redes sociales. Al hacerlo, refleja una verdad que se ejemplifica en la vida y enseñanzas de Jesús y los Apóstoles; andar en la luz quiere decir incluir cada aspecto de la vida de un creyente y de la comunidad cristiana.

Jesús declaró que los que le pertenecen son la “luz del mundo” (Mateo 5:14-16. Después de recordarnos que hemos sido rescatados de las tinieblas y traídos a la luz de Jesucristo, Pablo nos exhorta a “vivir como hijos de luz” (Efesios 5:8). Juan desafía a los creyentes a siempre escoger la luz en lugar de las tinieblas porque: “Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad” (1 Juan 1:5). Y Pedro firmemente declara: “Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9)

Si no alcanzamos a entender la conexión entre la manera en que operamos racionalmente y la naturaleza de Dios como Alguien que está en la luz, probablemente vamos a considerar la guía relacional como una regla restrictiva en lugar de una guarda que nos protege y nos mantiene alineados con el carácter de Dios y sus buenos propósitos. Nosotros simplemente debemos entender que si elegimos operar por fuera de estas guardas es similar a remover un indicador de “bienvenida” a un enemigo cuya agenda siempre es robar, matar y destruir (Juan10:10). Entonces, ¿Qué te parece librarte de las tinieblas y vivir en la luz en términos prácticos? Es posible que sería útil considerar esa pregunta en tres niveles: personal, relacional, y corporativo (la iglesia).

Vivir en la Luz de Manera Personal

En el nivel personal, vivir en la luz comienza con la integridad. La integridad es como una rueda con muchos rayos, mismos que están fijados en un solo buje. Los rayos representan todos los roles y responsabilidades de mi vida. El buje representa mi identidad central como un hijo muy amado o hija de Dios y totalmente dedicado seguidor de Jesús. Al grado de que cada aspecto de mi vida está firmemente arraigado en esa identidad central. Soy libre de ser la misma persona todo el tiempo y en todas las situaciones, eliminando la necesidad de esconderme detrás de personajes cuidadosamente construidos y diseñados para llenar las expectativas percibidas de otros. Mientras que vivir de esta manera puede sentirse riesgoso al principio, pronto descubrimos que es mucho más fácil vivir para una audiencia de Uno, que continuamente tratar de anticipar lo que otros quieren que seamos y luego tratar de llenar esas expectativas.

Vivir en la luz también incluye la confesión de pecado. La Palabra de Dios habla de confesión en dos esferas. Primero, existe la esfera vertical. Confesamos nuestros pecados a Dios porque nuestro pecado es finalmente en contra suya. El fruto de la confesión vertical es el perdón (1 Juan 1:9). Segundo, somos también llamados a confesar nuestros pecados “unos a otros”. Quizás preguntes: “Si Dios ya me ha perdonado, ¿por qué necesito confesarlo a otros? Santiago responde esa pregunta al revelar que el fruto de la confesión mutua es sanador (Santiago 5:16). Si pensamos en la santidad en términos de integridad, el cuadro se aclara. Cuando escondemos nuestro pecado (lo mantenemos en las tinieblas) a la vez que intentamos hacer que parezca como que vivimos en la luz, hay un sentido en el que nuestras almas se fracturan. Pero cuando sacamos nuestro pecado de las tinieblas a la luz, la integridad se restaura, y somos libres del poder del pecado secreto para vivir como personas completas (sanadas).

Por supuesto, esto no significa que todos tienen que saber todo sobre mi vida, pero significa que en mi vida no hay nada que alguien no conozca. Este es un ejemplo de cómo los Protestantes sobre reaccionamos a la práctica Católica Romana de la confesión sacerdotal. Mientras que tuvimos razón en desafiar la idea de que necesitamos un intermediario para llegar a Dios, fallamos en entender el tremendo beneficio de llevar nuestro pecado a la luz, tanto en la esfera vertical (divina) como a la horizontal (humana).

Vivir en la Luz de Manera Relacional

Vivir relacionalmente en la luz comienza con la misma manera en que hablamos unos con otros. La amonestación de Jesús de “tu ´sí´ sea ´sí´, y tu ´no´sea ´no´”, es un llamado a hablar en maneras sencillas, claras y sin ambigüedad (Mateo 5:37). De igual manera, cuando nos pregunten cómo debemos responder a un hermano o hermana que peca en contra de ellos, Jesús encargó a Sus discípulos a ir directamente a la persona involucrada, llevando a otros a la situación sólo si la manera directa falló en llegar a una resolución (Mateo 18:15-16).

Si Jesús insistiera en que tratemos con asuntos de pecado directamente, seguramente nos diría que hiciéramos lo mismo siempre que tengamos preguntas, preocupaciones o desacuerdos con otros. El trato directo mantiene el asunto en la luz y mantiene a Dios dentro del cuadro. Operar en lo oscuro participando en chismes, calumnias, triangulación, comunicaciones anónimas, o la creación de alianzas, elimina del cuadro a Dios y abre la puerta a nuestro enemigo. El resultado siempre es la pérdida de lo mejor de Dios y algo trágicamente destructivo.

Si la Palabra de Dios es clara cuando trata sobre cómo debemos operar relacionalmente, ¿por qué se nos hace tan difícil hablar y tratar directamente unos con otros? El temor y el control son dos probables obstáculos. El temor de la confrontación en sí mismo es un desafío para muchos de nosotros. El temor al rechazo, la traición e incluso el abuso son también posibilidades muy reales. Mientras que el mundo parece cada vez más obsesionado con la seguridad. Dios parece estar más interesado por el crecimiento y la madurez, mismas que casi siempre requieren cierta medida de riesgo e incomodidad. Esta es la idea tras del ruego de Pablo a los Efesios, de “crecer” a través del aprendizaje de “hablar la verdad en amor” (Efesios 4:15).

El control es otro probable culpable. Cuando nos encontramos operando en maneras que nos sacan de la luz (abierta, directa) y nos llevan a la oscuridad (secreta, indirecta), a menudo es porque queremos controlar el resultado. Probablemente nosotros no lo pensamos de esa manera, pero nuestro deseo por el control probablemente revela una de dos cosas: O yo quiero lo que yo quiero más que lo que Dios quiere, o no confío que Dios completará Su propósito por medio de, o a pesar de los canales apropiados.

Confrontar nuestros propios temores y morir a la necesidad de tener el control es esencial en el aprendizaje de cómo vivir en la luz.

Vivir en la Luz de Manera Corporativa

Si el temor y el deseo de control son obstáculos en el nivel personal, se magnifican diez veces cuando se trata de vivir en la luz en nuestras iglesias locales, conferencias, o incluso en la denominación. Los riesgos son también mucho más grandes. Las iglesias que deciden operar en la luz llevan vida a multitudes e incluso pueden transformar la comunidad. Por el contrario, las iglesias que operan en la oscuridad dejan en su despertar vidas rotas y un testimonio contaminado ante un mundo expectante.

Francamente, sería fácil volver a contar las muchas maneras en que tendemos a fallar en este frente. Un ejercicio más desafiante, pero mucho más útil, sería visualizar cómo puede parecer si verdaderamente nos dedicáramos a vivir en la luz juntos.

Yo visualizo una comunidad en la que:

  • Los hermanos y hermanas espirituales reciben su fuerza y ánimo unos de otros, porque siempre alguien cubre sus espaldas y nadie va a murmurar a sus espaldas.
  • La “vid” que tan a menudo entrega mensajes distorsionados por agendas personales se ha marchitado porque los miembros han descubierto la belleza y claridad de la comunicación directa.;
  • Los líderes son libres de invertir la mayor parte de su tiempo y energía en trabajo creativo y significativo porque ellos raramente se distraen con murmuraciones e inconformidades y se preguntan cómo muchas personas realmente están representadas por quien afirma hablar por otros.
  • Los equipos de ministerio son fuertes, saludables, y siempre están mejorando porque los miembros que tienen ideas o preocupaciones libremente se acercan a los líderes con la confianza de que serán escuchados, tomados en serio, y recibidos sin ninguna reserva.
  • Los miembros ofrendan con alegría y generosidad porque las finanzas de la iglesia siempre son manejadas con integridad y transparencia.
  • El depósito de basura que contiene notas anónimas, correos y cartas siempre está vacío porque los miembros son maduros y seguros lo suficiente para hablar la verdad en amor.
  • Los miembros son particularmente cuidadosos con las redes sociales cuando se trata de asuntos controversiales, prefiriendo en lugar de eso el diálogo en escenarios que les permiten contar sus historias, escuchar a fondo, ir más allá de respuestas simplistas y divisivas, y en actitud de oración piden a Dios sabiduría y gracia para amarse los unos a los otros.
  • Nunca hay necesidad de reuniones secretas porque los miembros de juntas han descubierto el milagro de discernir juntos la voluntad de Dios por medio de la oración, llevando sus preferencias a la luz, y confiando que Dios los guiará a estar de acuerdo (véase mi guía: “Discernimiento Espiritual y Toma de Decisiones”, que viene acompañando a este artículo).

Si esto te parece como una fantasía más que como una visión realista, quizá se deba a que nuestros ojos espirituales han sido ajustados de tal manera a las tinieblas, que nos hemos olvidado de lo que es vivir en la luz del día. Dicha condición es particularmente peligrosa en estos días de gran incertidumbre, turbulencia social, y extrema polarización, todas las cuales nuestro enemigo utiliza jubilosamente para agitar nuestros temores y deseos de control. Es en tiempos como estos que debemos erguirnos firmes en la verdad de quiénes somos como pueblo de Dios:

“Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable… Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos en este mundo que se aparten de los deseos pecaminosos que combaten contra la vida. Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación” (1 Pedro 2:9, 11-12).

El Obispo Keith Cowart, D.Min., supervisa los ministerios Metodistas Libres a lo largo de la zona costera oriental, en el Sur Centro de los Estados Unidos y también en Europa, el Medio Oriente y Asia. Fue elegido obispo de la Iglesia Metodista Libre – USA en la Conferencia General de 2019. Anteriormente sirvió como superintendente de la Región Sureste después de 21 años como fundador y pastor principal de la Iglesia de la Comunidad de Cristo en Columbus, Georgia.

More from Obispo Keith Cowart

La Influencia Divina de Dios

Nuestra visión es “llevar integridad al mundo a través de comunidades bíblicas...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *