Videos “Nuevos Vecinos” Combinan Arte con Historias

Una de las maneras en las que podemos crecer en amar a nuestros prójimos, antiguos y nuevos, es escuchando sus historias. El Pastor Steve Tungate, un hábil artista, tuvo la idea de dramatizar con sus nuevos amigos vecinos. Acudió a la Pastora Joanna DeWolf para pedirle entrevistar a cada una de las personas y escribir sus historias. Una semana después, Andy Owen, un talentoso videógrafo, se acercó a DeWolf preguntándole si había algo que él pudiera hacer para servir de beneficio a los inmigrantes en nuestra área.

Esto fue el principio de una creativa colaboración que se convirtió en “Nuevos Vecinos”. Cuatro videos cuentan la historia de cinco inmigrantes por medio del arte y la historia, ayudándonos a ver su tenacidad y valentía. Visita en línea fmchr.ch/newn para ver y compartir estos videos. La historia de St. Julien está disponible para que la leas.

“Una mente dice: ‘ve´, y la otra dice: ´no vayas´”

A los 16 años, St. Julien, de Bombardópolis, Haití, tomó el riesgo más grande de su vida, su tío, capitán de un bote que zarparía para los Estados Unidos, le ofreció un lugar en el barco. Sólo tenía que aparecer en el muelle a 15 millas (24 kilómetros) de distancia. St. Julien estaba cansado de irse a la cama sin cenar, le repugnaba pedir limosna. Vio a su derredor y vio a sus padres y a todos los demás en su pueblo rural, luchando día con día para solamente sobrevivir. El país estaba en agitación política después de un golpe de estado. Él se preguntaba una y otra vez: “Existe una salida”. Parecía que el bote representaba esa salida. Sabía que muchos, si no es que la mayoría, morían en el agua. También sabía que otros tantos, si no es que más, morían en Haití por la violencia y el hambre.

Pasó mucho tiempo luchando entre las dos perspectivas, que casi pierde el bote. Fue el último en abordar—sólo después de recibir un permiso especial del dueño. Catorce horas después, su bote fue interceptado por el Guardacostas de los Estados Unidos, y para su sorpresa, no los obligaron a regresar. La mayoría de las personas—incluyendo a St. Julien—fueron llevados a la Bahía de Guantánamo. Sin embargo, su tío, fue obligado a regresar, lo que hizo que St. Julien quedara a sus expensar para abrirse camino en una nueva tierra.

Él fue enviado a Lansing, donde vivió por un año en un hogar temporal, y luego en un hogar colectivo para adolescentes. La escuela era muy dura, pero a él no le importaba, le habían permitido avanzar, y estaba agradecido por las personas que lo apoyaban en su nueva vida. Un día se encontraba con un grupo de adolescentes durante un viaje en Detroit. Como hacen los adolescentes, ellos habían estado fijándose en ellos y copiando sus maneras cuando una mujer se les acercó y les dijo secamente: “¡Jóvenes, súbanse los pantalones y denle vuelta a sus gorras!” St. Julien, recordando las enseñanzas y disciplina de su propia madre, inmediatamente la obedeció,  mientras los demás continuaron su camino.

No mucho después de este incidente, St. Julien le preguntó a su trabajadora social si habría alguna manera de evadir la presión de grupo del hogar colectivo y pasar a un hogar temporal. La trabajadora social le dio un nombre y una dirección, y le dijo: “Ellos no reciben jóvenes mayores, pero han accedido a conocerte”. Él acudió a la casa, nervioso, pero esperando lo mejor. ¡Imagina su sorpresa cuando fue la mujer de Detroit la que abrió la puerta! Por su obediencia aquellas semanas antes, la Sra. Askew hizo una excepción con St. Julien. Una vez más, Dios había abierto un camino donde parecía que no había camino.

Por los siguientes cuatro años, vivió con aquella familia, y ellos los aceptaron como su propio hijo. Ellos le enseñaron: “No olvides tu cultura. Ayuda a tu familia. Recuerda de donde saliste”.

No mucho después de mudarse con esta familia, él abordaba un ómnibus escolar y fue confundido con alguien que estaba causando problemas. Otro joven quería pelear con él, y se sintió atrapado. Repentinamente, otro joven haitiano (a quien St. Julien jamás había visto) se paró,  y dijo: “Si quieres pelear con él, tendrás qué pelear conmigo”. Rápidamente el otro joven se quedó sentado. Desde ese día St. Julien tuvo un nuevo amigo.

Pierre invitó a St. Julien a su casa poco después, y su mamá, Yvette, cocinó una deliciosa comida haitiana en su honor. Con frecuencia lo invitaban a compartir su mesa, y trataban a St. Julien como a alguien de la familia. Eran una familia firmemente cristiana, y entendían el deseo de St. Julien de ayudar a su familia en Haití. Una vez más, Dios había abierto un camino para que St. Julien hiciera el bien que quería hacer. Él dice: “Fueron mi montaña que me dio fuerzas y me mantuvo el ánimo”.

Eventualmente, St. Julien se graduó de la escuela preparatoria y asistió al Colegio Comunitario de Lansing por dos años. Aunque él quería continuar, también sabía que quería ayudar a su familia que había permanecido en Haití. Había estado trabajando de tiempo parcial y enviando todo lo que podía, pero él sabía que necesitaban más para comida y escuela. Rápidamente encontró un empleo de tiempo completo en el que ha estado trabajando desde entonces.

En 2004, St. Julien se hizo ciudadano de los Estados Unidos. Se ha casado y ahora tiene dos hijos varones, y ellos están en el proceso de comprar su primera casa. Con frecuencia él piensa en las personas que lo ayudaron en todo este tiempo, y dice: “No voy a detenerme por nadie. Hacer algo por alguien más nos da más felicidad que hacerlo para nosotros mismos”.

St. Julien está especialmente agradecido con sus padres, su tío, los Servicios Luteranos de Servicio, la señorita Evelyn Wood House, el Señor y la Señora Askew, Yvette y Rafael, y sus hijos, el Pastor Beverly Maier, de la Iglesia Metodista Libre Calvary Haitiana de Lansing. Él sabe que sin ellos y sin la dirección de Dios, él no sería quien es y en donde está el día de hoy. Recientemente comenzó el proceso de convertirse en un candidato ministerial local.

 

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