¿Verdadera Pacificación o Paz Precaria?

“Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).

¿Pero qué cuando no hay paz? ¿Qué cuando la naturaleza de tu existencia parece venir de una historia de violencia? ¿Qué cuando el estado ha declarado que tu herencia es ilegal? ¿Entonces dónde podemos ver a los pacificadores? ¿Dónde podemos ver la bendición de Dios cuando las personas que intentan promover la paz están siendo atacadas?

Del 13 al 19 de Mayo, Lisa Sharon Harper, presidenta de Camino de Libertad LLC, dirigió un recorrido patrocinado por la Universidad Greenville. El 14 de mayo trasladó a un grupo de 20 peregrinos al Memorial Nacional para la Paz y la Justicia.

Este memorial fue creado por la Iniciativa de Justicia Igualitaria, una organización “comprometida en terminar con la encarcelación masiva y el castigo excesivo en los Estados Unidos, desafiar las injusticias raciales y económicas y en proteger los derechos humanos básicos de las personas más vulnerables en la sociedad estadounidense” (eji.org). El trabajo de la iniciativa en el memorial y en el Museo Legacy es para responder al llamado a recordar lo que ha sucedido en esta tierra. Recordarlo es un acto pacificador. No puede haber paz si no reconocemos las atrocidades que nuestro pueblo ha cometido.

Este museo fue particularmente difícil para mí que soy una mujer birracial. Mi padre es de color, y mi madre es blanca. Al caminar por el memorial, no pude menos que pensar acerca del legado que llevo. Mi padre podría haber sido linchado hace 50 años por tener la audacia de amar y casarse con mi madre. Soy la receptora de un legado del juicio Loving vs. Virginia. Tengo en mi cuerpo el legado directo de una guerra ganada con dificultad. Personifico la fe de mis padres de que un mundo mejor es posible, sin embargo, no siento que haya paz.

Mis padres serían considerados pacificadores. Cruzaron la brecha interracial entre sus familias y convencieron a sus padres de que su relación duraría. Dios reconcilió la animosidad entre negros y blancos en la relación de mis padres, al menos en su contexto inmediato. Pero seguimos teniendo resistencia a reconocer lo que podría haber significado para la relación de mis padres incluso hace 50 años. ¿Cómo podemos comenzar a considerar la paz cuando no tenemos la valentía de declarar la verdad?

El Museo Legacy en Montgomery, Alabama, afirma lo siguiente: “El papel de la iglesia en apoyo a la esclavitud, guardando silencio sobre linchamientos y terrorismo, y justificando la segregación racial, nunca ha sido reconocido”.

Los curadores del museo están en lo correcto. De cualquier manera, los cristianos, por medio de la iglesia han sido cómplices, yo agregaría que mi familia blanca es de la parte de la cristiandad que ha guardado silencio sobre estos temas por mucho tiempo. Tenemos tanto miedo de reconocer nuestro pasado pecaminoso que simplemente lo ocultamos tras la fachada de daltonismo para así poder seguir adelante. Pero no puede haber paz si no hay arrepentimiento. ¿Qué si nuestro testimonio está comprometido debido a que no deseamos admitir─y en ocasiones somos incapaces de hacerlo—que la supremacía blanca es real y afecta nuestras buenas nuevas para el mundo? No podemos verdaderamente convertirnos en pacificadores y reconciliadores sin reconocer la verdad (1 Juan 3:18). No tendremos paz sin justicia. Como dijo Carnel West: “Justicia es cómo el amor se ve en público”.

Amamos a nuestro prójimo al participar en actos de justicia. Unirnos a esta labor requiere una mirada intencional a nuestro pasado de complicidad. Incluso si somos sólo cómplices por nuestro silencio.

Mi intención no es obligar a mis hermanos y hermanas blancos a sentir culpa por haber nacido dentro de la mayoría. De cualquier manera, si sólo podemos responder en actitud defensiva a la verdad, quizá no estemos seguros de nuestra fe en el Dios de los oprimidos.

Pacificar es un mandato evangélico. Yo postulo que pacificar requerirá que veamos intencionalmente a nuestro pasado colectivo y miremos que eso no puede ser paz hasta que nos arrepintamos y reparemos los daños a los grupos que hemos marginado a pesar de nuestro llamado a amar a nuestro prójimo. Dichosos son los pacificadores, porque ellos traerán la verdad de Dios al mundo y serán llamados hijos de Dios.

Actualmente, la iglesia cristiana en los Estados Unidos se ubica en lo que uno de los oradores de nuestra marcha llamó una “paz precaria” ─ el limbo donde existimos sin reconocer los temas difíciles. Aquí es donde la iglesia se ubica cuando nos rehusamos a reconocer nuestra complicidad con la injusticia. No creo que sea posible participar plenamente en la sanidad y paz de Dios sin adentrarnos en conversaciones veraces.

El Director Ejecutivo de la Iniciativa de Justicia Igualitaria, Bryan Stevenson, dijo que la verdad y la reconciliación son secuenciales. No podemos seguir adelante hasta que reconozcamos la verdad. Si vamos a ser los pacificadores a los que Dios ha enviado a este mundo quebrantado, entonces debemos estar dispuestos a darnos cuenta y arrepentirnos de los caminos en los cuales no sólo hemos sido cómplices sino en los que hemos participado activamente al mantener sistemas injustos en un mundo que desesperadamente necesita la esperanza del evangelio. Como dijo mi amigo Dominique DuBois Gilliard, “A nosotros no nos corresponde hacerlo todo, pero todos tenemos que hacer algo”.

Para convertirnos en pacificadores, debemos también convertirnos en personas veraces. Esto será una jornada difícil y en ocasiones dolorosa. Pero Jesús nos mandó morir a nosotros mismos y seguirle a Él (Marcos 8:35, Lucas 9:23). Cuando sigamos las huellas del Mesías sufriente, seremos verdaderamente capaces de convertirnos en hijos de Dios. Que resistamos la tentación de conformarnos a una paz precaria, y que tengamos el valor para declarar la verdad a los espacios que Dios nos ha dado para habitar.

Lexi Baysinger, es asistente graduada de la Oficina de Diversidad e Inclusión de la Universidad Greenville, ayudó a organizar la “Peregrinación Ministerio de Justicia: El Evangelio y la Política Racial” junto con Lisa Sharon Harper y el presbítero Metodista Libre Ben Wayman, quien ostenta la presidencia en Unidad Cristiana James F. y Leona N. Andrews de la Universidad Greenville. Baysinger está cursando una maestría a través del programa de administración de personal para estudiantes universitarios de la Universidad del Sur de Illinois en Edwardsville.

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