Una Nueva Tierra

Nací y crecí siendo Metodista Libre en las altas montañas del Congo Oriental conocidas como Hauts Plateaux d´Itombwe en la provincia de Kivu del Sur en la República Democrática del Congo.

Mi país, la República Democrática del Congo, ha experimentado muchas guerras que tomaron las vidas de unos 6 millones de personas durante las últimas tres décadas, y muchos miles tuvieron que huir de su país.

La noche del 24 de mayo del 2004, cuando llegué a casa después del trabajo, escuchamos una nutrida balacera y granadas en nuestra calle. Las balaceras y la artillería pesada continuaron durante toda la noche. Al día siguiente, las cosas empeoraron. Al segundo día nos dijeron que evacuáramos la aldea de Bukavu, donde vivíamos, huimos a través de la frontera con Ruanda. No nos dieron tiempo para empacar. Este fue una situación atemorizante para mi esposa, para mí, y para nuestros siete hijos. Por la gracia de Dios, nos las arreglamos para cruzar la frontera con seguridad en medio de fuertes balaceras. Ese mismo día, muchos amigos perdieron sus vidas, incluyendo mi sobrina y algunos miembros de la iglesia que yo pastoreaba en Muhumba/Bukavu.

Cuando huimos de Bukavu, ninguno de nosotros sabíamos que esto era el principio de una larga jornada que nos llevaría hasta los Estados Unidos (siete años después). Permanecimos en Ruanda aproximadamente por un mes y luego nos movimos a Burundi.

Los seis años en Burundi no fueron fáciles, pero Dios estaba con nosotros. Yo vine a los Estados Unidos por un tratamiento médico, y quedé separado de mi familia por tres años. Esto sucedía cuando solicité asilo, dándome cuenta que la situación en mi país estaba empeorando. Después que mi petición fue aprobada, mi familia se reunió conmigo en los Estados Unidos.

Comenzó un Nuevo capítulo para nuestra familia. Por primera vez no estábamos preocupados por huir, por escuchar balaceras, bombas, y vivir con el temor de nuestra seguridad y nuestras vidas. Sin embargo, nos esperaban otros desafíos—integración, idioma, educación, cultura, y más. Con cada desafío, Dios nos estaba preparando para un ministerio especial hacia muchos otros refugiados e inmigrantes que tenían que pasar por lo mismo que nosotros.

Durante los últimos años, muchas comunidades e Iglesias por todo Estados Unidos han estado recibiendo cada vez mayor cantidad de inmigrantes de la región de África Central. Esta región ha sufrido décadas de inestabilidad política y guerras civiles.

Para la mayoría de los inmigrantes o refugiados, vivir en los Estados Unidos se considera un gran privilegio. No consideran que es un hecho consumado ya que tienen que esperar muchos años para ser aprobados y reubicados. Con frecuencia el proceso deja a muchos esperando por años en la horrible condición de los campos de refugiados. Algunas veces un padre o una madre es aprobado, uno a la vez, y tienen que esperar muchos años para ser vueltos a reunir con sus familias. De por sí el proceso de inmigración es muy difícil, la integración a los Estados Unidos también viene con grandes desafíos. Sin embargo, después de soportar tanto, los inmigrantes y refugiados agradecen profundamente las oportunidades en los Estados Unidos para comenzar una nueva vida y un nuevo futuro.

Muchas Iglesias y conferencias Metodistas Libres han estado recibiendo a estos nuevos estadounidenses y algunas veces no están muy seguras sobre cómo ayudarlos mejor. La Iglesia Metodista Libre de África Central ha sido muy fructífera (con más de 400,000 miembros). Por esa razón, muchos de los que terminan siendo reubicados procedentes de campamentos de refugiados son miembros de la Iglesia Metodista Libre. Ellos son el fruto de semillas plantadas por el Departamento de Misiones Mundiales Metodistas Libres y el sacrificio de misioneros por muchos años y evangelistas africanos fieles, pastores y líderes que han dado sus vidas para llevar el evangelio de salvación y edificar a la iglesia en el nombre de Jesús.

El Idioma

El idioma es uno de los más grandes desafíos que enfrenta la mayoría de las personas cuando llegan a este país. Esto impide el acceso a los servicios públicos, empleo, servicios de salud, educación y adaptación a una nueva cultura. Además, el no poder tener comunión y adorar en el idioma nativo de uno hace las cosas más difíciles. Por esta razón, muchos refugiados e inmigrantes buscan una Iglesia Metodista Libre local. Esto requiere que las iglesias echen mano de gran paciencia, comprensión y compasión en un tiempo muy crucial en estas personas preciosas y vulnerables que muchas veces ven su última esperanza en una iglesia que siempre han conocido—La IglesiaMetodistaLibre.

Empleo

Los refugiados y otros inmigrantes anhelan tomar cualquier empleo del que puedan disponer. Mi primer empleo en los Estados Unidos fue de “acompañante de Silla de Ruedas” en el Aeropuerto Internacional de Portland. Para mí fue muy difícil aceptar este trabajo. Mi empleo anterior en la República Democrática del Congo era secretario ejecutivo de la Conferencia General Metodista Libre. También fui pastor de una iglesia de 400 miembros en Bukavu. Empujar sillas de ruedas me parecía un desperdicio de mis habilidades, pero lo tomé para ganar dinero y ayudar a mi familia a sobrevivir. Muchos inmigrantes que llegan a los Estados Unidos con títulos universitarios pasan muchas dificultades para encontrar empleo en el campo en el que han sido entrenados. Ellos tienen que hacer algo totalmente diferente de su área de conocimiento. Para muchos de ellos, esto es desgastante y desalentador, pero algo que sí quieren hacer es trabajar para sostener a sus familias.

Otras necesidades: transportación, buscar y relacionarse con una Iglesia Metodista Libre que consideren suya, ayudar a niños inmigrantes por los muchos ajustes culturales y sociales, la comprensión de los procesos y sistemas legales.

En mi trabajo actual como coordinador de los Ministerios de Inmigrantes Africanos (AIM, por sus siglas en inglés), tengo el privilegio de ayudar a mis hermanas y hermanos y sus familias a hacer grandes ajustes de vida en los Estados Unidos. También tengo la oportunidad de trabajar con iglesias Metodistas Libres y conferencias, para facilitar el camino a fin de que mi pueblo encuentre un hogar espiritual. Nuestro peregrinaje no fue fácil, pero nos ha traído a un lugar de gozo y de servicio. Nuestras metas ahora consisten en hacer lo que podamos para lograr la misma experiencia para las personas a las que somos llamados a servir.

“No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Hebreos 13:2),

Isaac Bujambi es un presbítero Metodista Libre que sirve como coordinador de los Ministerios de Inmigrantes Africanos (AIM). Visita fmchr.ch/aim para conocer más sobre AIM.

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