Una Familia de Familias: Comunidad Multigeneracional

Desde que yo tenía 14 años de edad, él me llamaba: “Misionera Heather”. Él se llamaba George, y era uno de los miembros de más edad de mi iglesia de un pequeño pueblo de Ohio. Amaba las misiones, y en sus años de retiro participaba en todas las actividades que nuestra iglesia estuviera haciendo relacionado con el servicio local y global: Me ayudaba con Relay for Life (Turnos por la Vida), construyendo casas con Habitat for Humanity (Habitat para la Humanidad), ayudando en la feria del condado reuniendo fondos para el grupo misionero, o dando voluntariamente de su tiempo en la reparación de avionetas de misioneros. Todo lo hacía con un dulce espíritu de gozo, compasión y humildad.

A principios de los 90, cuando los líderes juveniles de mi iglesia hicieron planes para llevar a nuestro grupo de jóvenes a nuestro primer servicio juvenil jamás realizado antes al Asentamiento Henderson en Frakes, Kentucky. George dijo: “Yo también voy”, yo quedé sorprendida, pues en mi mente de adolescente, George era una persona súper anciana—demasiado viejo para participar en nuestros viajes de ministerio. Yo pensaba que llegaría a su límite en participar en ministerios junto con una parvada de jóvenes de 14 a 18 años y todo el drama que venía aparejado con ellos. Pero hizo el largo viaje desde Ohio hasta Kentucky para dormir en literas y trabajar con sus manos sin una palabra de queja. Manejaba su vieja camioneta llena de maletas mientras que los secundarianos bebían demasiados refrescos y discutían sobre la selección de música en la van de la iglesia. Nos ayudaba toda la semana mientras tratábamos de saber cómo pintar una casa. Y eso no era todo. Volvió a venir el siguiente verano, y el siguiente, y el siguiente…

Desde el tiempo de aquel primer viaje, cada vez que me veía me saludaba con las palabras: “Hola misionera Heather”, y yo le respondía: “Hola misionero George”. Cuando gradué de la escuela preparatoria, me trajo un regalo a mi fiesta de graduación: un reluciente cinturón para herramientas, un recordatorio tangible de nuestros pasados viajes misioneros y de mi futuro servicio a mi Señor. Unos años después, me convertí en misionera, reuniendo fondos para trasladarme 4,000 kilómetros de casa y trabajar en un ministerio de adolescentes en un pequeño pueblo del estado de Washington. Fue una de las primeras personas en comprometerse siendo uno de los que apoyarían mi ministerio financieramente. Siempre que yo regresaba a casa y visitaba la iglesia, me saludaba con un fuerte abrazo y me daba palabras de estímulo. Me apoyó fielmente hasta que falleció en 2007. Recuerdo que llamé a Clay, quien sería mi esposo, el día que supe del fallecimiento de George, para contarle acerca de él y de su impacto en mi vida. Clay me respondió: “Apuesto a que George estaba orgulloso de ti”.

George me viene a la mente al considerar la gran necesidad de la comunidad multigeneracional en el cuerpo de Cristo. El Sociólogo Christian Smith dice que las dos esferas primarias que influyen en la socialización  religiosa estadounidense son “las familias individuales y las comunidades multigeneracionales religiosas”. Los individuos crecen en maduración religiosa por medio de la influencia de su propia familia o por la influencia de una comunidad multigeneracional de fe que los impulsa en la fe. Esta se conecta a una descripción de la iglesia por el teólogo Ray Anderson y el sicólogo Dennis Guernsey, quien denominó a la iglesia como “una familia de familias”.

Si consideramos a la iglesia como una familia multigeneracional de familias, estamos intentando emular algo muy intercultural. Escuchamos en las noticias  gran cantidad de lenguaje generalizado acerca de las perspectivas de los llamados baby boomers o los mileniales y las diferencias en valores, uso de las tecnologías, y demás. Las separaciones son resaltadas para acentuar las tendencias del cambio cultural, pero también enfatiza separaciones que ya están presentes entre nosotros. Quiero decir: “¿A dónde puedes ir en los Estados Unidos, además de celebrar la cena de Acción de Gracias y experimentar la comunidad multigeneracional? Es posible que al lugar de tu trabajo, tu escuela, o tu hogar multigeneracional. Pero de la manera en cómo están estructuradas nuestras escuelas y comunidades de retiro, muchos de nosotros vamos por la vida más bien estratificados por nuestro grupo de edades, trabajando y viviendo unos con otros en una edad o estilo de vida similar.

En “A Community of Character “Una Comunidad de Carácter”, Stanley Hauerwas escribe que el papel de la iglesia en esta obra es “mostrarse como una institución que pide lealtad e importancia más allá que la de la familia”, tanto en el presente como escatológicamente. La Iglesia puede ser la institución multigeneracional que crea una significancia y un sentido de pertenencia por fuera de nuestras propias familias. ¿Pero qué pasa si la iglesia se convierte en otra agencia que estratifica y amontona a niños, adolescentes, estudiantes universitarios, adultos solteros, matrimonios jóvenes, madres jóvenes y adultos mayores de edad y en etapa de desarrollo?

Como pastora de ministerios familiares, mi principal preocupación es cómo los niños, adolescentes y adultos jóvenes se están perdiendo las riquezas de la iglesia siendo una familia de familias para ellos cuando no estamos viviendo en una comunidad multigeneracional. Estoy preocupada especialmente sobre cómo impactar a los jóvenes para que tengan hijos, jóvenes y adultos apilados en silos separados para la vida de adoración de la congregación. Para los jóvenes, la separación puede crear una desconexión entre ellos y los miembros mayores de la congregación, y ellos se pierden la mentoría necesaria. Significa también que la congregación se pierde la contribución de los niños y jóvenes en su vida de adoración. Sobre todo, la iglesia pierde su significación de reino al convertirse en un lugar que nos recuerda más la cultura circundante que el cuerpo de Cristo. Una de las preguntas recurrentes para mí, ha sido durante los últimos: “¿Cómo serían las cosas si la iglesia practicara más fielmente la comunidad multigeneracional?

El Desafío

En la práctica, aunque suena bonito la comunidad multigeneracional, su implementación es increíblemente desafiante. Existen razones culturales para la separación natural entre jóvenes y ancianos, diferencias entre experiencias, valores y preferencias. Para cautivar los corazones y mentes de los jóvenes se requiere que los que tienen el poder de darle cumplimiento lo que Amy Jacober llama ministerio bilingüe: donde el programa tiene relevancia para los jóvenes y conforme a las Escrituras”. La iglesia ciertamente ha experimentado mucha tensión a través de los años tratando de implementar algo que fuera relevante y verdadero. Se desarrollaron separaciones y abismos entre las generaciones a lo largo del camino, lo que creó malos entendidos y nos hizo retroceder a nuestros grupos preferidos. En su libro “Disunity in Christ” (Desunión en Cristo), la psicóloga social Christena Cleveland, dice: “para ser justos; el aislamiento cultural es natural y confortante, tendemos a aferrarnos a personas de pensamiento similar al nuestro y mantenemos alejadas  a las demás”.

Cruzar la línea generacional no es necesariamente fácil, sin embargo, es necesario cruzarla si vamos a vivir de acuerdo a Romanos 12:4-5: “Pues, así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función, también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido con todos los demás”.

Hay un millón de formas diferentes que podemos utilizar para crear más unidad en el cuerpo de Cristo en lo que tiene que ver con el ministerio intergeneracional. Aqui tenemos algunas de mi propia experiencia que me vienen a la mente en la dirección de ministerios de jóvenes y adolescentes, que se relacionan con el envolvimiento de la siguiente generación en la comunión multigeneracional de Cristo.

5 Adultos por Cada Niño

El equipo de estudio Sticky Faith (Fe contagiosa), del Instituto Juvenil Fuller nos dijo hace algunos años que la adoración y el ministerio intergeneracional son claves predecibles de por qué y cómo los jóvenes continúan con una fe madura en la edad adulta. Unos versos escritos por Chap Clark incluyen la idea de invertir la proporción de 1:5 adultos-a-jóvenes por una proporción de 5:1 adultos-a-jóvenes, significando que cada niño o joven que está creciendo en la iglesia debe tener por lo menos cinco adultos intencionalmente invertidos en la maduración de su fe. Esto me hace pensar en la primera vez que mi esposo y yo fuimos a un juego de futbol soccer para apoyar a una de nuestras estudiantes de preparatoria. Llegamos al juego llenos de emoción por ser dos de los “cinco adultos” que la apoyaban. Fuimos a parar en la sección de su porra que incluía a sus papás, los dos pares de sus abuelos, innumerables tíos y tías y otras personas que yo ni siquiera conocía. Esta estudiante era bendecida por una gran base de apoyo de adultos cristianos que amaban y se preocupaban  por sus logros. ¡Nos alegramos por ella!

Ahora que soy madre de un niño que recién entró al kindergarten y otro a preescolar, estoy comenzando a preguntarme: ¿Quiénes son los cinco adultos de mis hijos? Probablemente no habrá 20 adultos de nuestra familia animando a nuestros hijos en su juego de futbol soccer. Nuestros hijos tienen abuelos, tías y tíos que los aman, pero nosotros vivimos en el extremo opuesto del país. Nuestra pequeña familia desesperadamente necesita que la iglesia sea una familia multigeneracional de familias que pueda ayudar a nuestros hijos en la fe cristiana. Nuestros hijos necesitan adultos interesados que los vean más que como hijos de pastores y que sepan amarlos tal como son.

Percibí una tenue luz sobre esto la segunda semana de mi hijo mayor en el ministerio elemental. Algo sucedió en la iglesia infantil que lo hizo estallar en lágrimas mientras mi esposo impartía la lección matutina y yo estaba haciendo mis rondas en los distintos salones del ministerio. El líder de su pequeño grupo de esa mañana se apresuró a consolarlo, y para cuando yo regresé, mi hijo estaba sentado con él. Mi primer pensamiento fue: “¿Pero qué sucedió?”. y mi segundo pensamiento fue: “Ya tiene a uno de sus cinco”. Así que una manera en que la iglesia puede ser más fiel como comunidad multigeneracional es que más adultos aparezcan en las vidas de los jóvenes en los ministerios de nuestra iglesia siendo una tía espiritual, un tío o un abuelo para ellos. Como las oraciones toman tiempo, se necesita más que aparecer una o dos veces, es aparecer también una y otra vez a través del tiempo.

Mentoría Multigeneracional

Hace algunos años, en mis fallas como madre joven, estaba experimentando el aislamiento que sobreviene cuando estás en casa con niños pequeños, y la iglesia se ha convertido en otro lugar en dónde cuidar a los niños. Más o menos en ese tiempo, otra amiga de la iglesia dijo: “Necesitamos una MOPS (Madre de grupo de pre-escolares). En el curso de unos meses habíamos reclutado algunas personas para cuidado de los niños y reunido algún dinero, e iniciamos un grupo. Me gustaba llegar a la iglesia para estas reuniones. Otras mujeres del barrio se unieron a las mamás de nuestra iglesia, y en esos momentos cuando me sentía más vulnerable en compartir un problema con el grupo, a menudo escuchaba que alguien decía: “Yo también”.

Algo que yo no esperaba fue el poderoso impacto de también sentarnos al lado de las “mamás mentoras”, las mamás experimentadas de nuestra iglesia que se unían a nosotros para desayunar y conversar. Nuestras mamás mentoras habían vivido lo mismo que nosotras, habían criado a sus hijos hasta la adultez. Ellas llegaban, nos escuchaban, oraban por nosotras, consolaban a los niños difíciles y nos compartían su sabiduría. Las relaciones de las mamás mentoras llegaron a ser mi primera línea de conexión con los miembros de mi iglesia al exterior del cuarto de los niños, y fueron una fuente de esperanza y estímulo para mí. El efecto de esto es que estas mujeres que son mis mentoras a través de MOPS tienen un efecto de cascada en influir positivamente en mis hijos.

Cerrando la Brecha

El tema actual de todo esto es preguntarnos cómo podemos pasar la tradición que nos fue cedida a nosotros. La iglesia mentora y multigeneracional puede no suceder por casualidad. Puede ser que alguien dé un paso al frente de su zona de comodidad o a la esfera de otra persona para cerrar la brecha. Como líderes de ministerios de niños y jóvenes, mi esposo y yo con frecuencia hemos tenido la oportunidad hacer esto por medio de la mentoría de jóvenes y adultos jóvenes mientras sirven con nosotros en el ministerio de jóvenes y niños. Yo te garantizo que hay un punto disponible para participar en tu ministerio juvenil o infantil de una manera significativa. En años recientes, también he visto desarrollarse  hermosas comunidades multigeneraciones cuando algún adolescente se unió al grupo de alabanza o al coro de la iglesia; o cuando un grupo de adultos jóvenes se una a un grupo multigeneracional que dirige la plantación de una iglesia en una comunidad de refugiados, o cuando un grupo multigeneracional se une en un proyecto o viaje de servicio. Todo lo que se necesita para que esto suceda es que alguien invite a una persona que sea mayor o menor que él/ella para participar juntos en una iniciativa que Dios haya puesto en su corazón. Como iglesia, somos un cuerpo de personas que siguen una tradición que ha sido pasada a nosotros por la generación que nos antecedió. Que podamos continuar en fidelidad mientras procuramos pasarla a la siguiente, de acuerdo al Salmo 145:4: ”Una generación alabará tus obra a la siguiente, proclamando tus poderosas obras”.

Heather Baker Utley es co-pastora de Ministerios Familiares de la Iglesia Metodista Libre de Seattle y presbítero en la Conferencia Pacífic Northwest. Ella está por recibir su título en Master en Divinidad en el Seminario Pacífico de Seattle.

 

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