Un Brote de Santidad

Imagina un “brote de santidad.” Por supuesto, sólo Dios es absolutamente santo. Con todo, Dios, igualmente llama a su pueblo a ser santo, y ha tomado acción para que esto sea posible.

En el principio de nuestra historia bíblica, Dios dio instrucciones y un sistema de sacrificio para que el pueblo pudiera evitar vivir solo como viven todos los demás — lejos del plan de Dios de bendición y promesa. Esto sugería que que la vida de santidad era solo cuestión de evasión. Solamente permanecer lejos sin tocar, si lo haces, aquí hay una manera de deshacer el daño.

Sin embargo, al irse revelando nuestra historia bíblica, y moviéndose hacia la plenitud de la intención de Dios, vemos que en Jesús, un Dios santo se ha hecho carne y ha venido a vivir entre la humanidad caída, pecaminosa e impura. En Jesús, el absolutamente santo ha venido a vivir en el mundo, e incluso ha conseguido su tarjeta de residencia.

Por tanto, por medio de su pueblo, por medio tuyo, ese residente extranjero “acude a trabajar,” se reporta a la entrada y marca también su salida. A través de su pueblo — de ti — la santidad habita en tu lugar de trabajo.

Imagínatelo: La santidad que invadiendo, habitando e infectando cada lugar, cada proceso, cada relación, y cada persona. La Santidad, como algo contagioso, se adhiere y se introduce en todo, y en todos los que toca. La Santidad, al esparcirse como un padecimiento, o como el remedio para cualquier padecimiento que pueda haber allí.

Imagina la manera asombrosa, amorosa e incomparable de Jesús entrando en cada lugar de trabajo. Imagina un contagio de amor, comprensión, cuidado y compasión. Imagina el dolor causado por todo lo que arruina o daña, y el gozo sobre todo lo que ayuda u honra. Imagina “hacer a otros” con compañeros de trabajo, con empleados y jefes o patrones, y con los proveedores de bienes y servicios y sus patrocinadores.

Imagina a solo un portador del virus de la santidad, suponiendo que él es el único, pero inevitablemente infectado, descubrir que un Gran Médico ha previsto que haya allí otros portadores. Imagina un contagio así, tan virulento, que las personas y las cosas comienzan a sanar.

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