Tengo el Cuello Corto Pero Ese no Soy “Yo”

Mientras más vivo más personas me preguntan si me parezco a mi padre. Tienen razón — mi calva redonda y brillante, ¡mi larga nariz y cuello corto! Pero los que lo conocieron bien y me conocen a mí hacen una observación bien interesante: “Me recuerdas a tu papá”. No se refieren a nuestra respectiva nariz. Lo que pasa es que están notando cosas como nuestra manera de disfrutar las palabras, nuestro optimismo sobre la vida, y nuestro espíritu alegre.

“Parecerme a mi papa”, y “ser como mi papá” son dos cosas bien diferentes. En la historia de la creación, el Creador dijo: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza” (Génesis 1:26), ¡Los seres humanos debían ser como Dios de una manera digna de ser notada! Y al ser creados los seres humanos, la historia nos dice: “Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó” (Génesis 1:27).

El hecho de que tanto hombres como mujeres son a imagen del Creador confirma algo que no significa ser “a su imagen”. No es algo físico que hombre y mujeres, quienes son singularmente diferentes unos de otros, sean ambos hechos a imagen de Dios, luego, nosotros concluimos que no somos a su “semejanza” física. Más bien, lo que sea que convierte al Creador no físico en un Creador es aquello en que somos como Él. No nos parecemos a Él, pero somos como Él; así como yo me parezco a mi padre no por mi cabeza calva, pero en la manera en que mis ojos brillan con la simple mención de una aventura.

Personas más inteligentes que yo han discutido por milenios lo que implica esta “imagen de Dios”.  ¿Es nuestra alma eterna, nuestra naturaleza relacional, nuestra función como administradores de la creación, nuestro libre albedrío, nuestra naturaleza racional, todo lo anterior o algo más?

“Algo más” puede que sea la mejor respuesta, pues nosotros realmente no entendemos la imagen de Dios hasta que lo veamos, lo escuchemos, y lleguemos a conocer Su carácter en las historias del Nuevo Testamento. Sí, ¡Eso es! Jesús es el que llena los espacios de lo que es la “imago dei” ´porque Él es la perfecta y completa presentación de Dios en un ser humano. El Apóstol Pablo canta: “[Cristo] es la imagen del Dios invisible. … Porque a Dios le agradó habitar en él [Cristo] con toda su plenitud” (Colosenses 1:15 y 19).

¡Esto nos levanta! Es difícil sentirnos insignificantes cuando nos damos cuenta de que somos la imagen del Creador. Los seres humanos estamos en el pináculo de la creación, todo lo demás fue creado por Dios, pero no hubo nada más que fuera creado como Dios. La siguiente vez que te sientas tentado a dudar sobre lo que vales, por un momento mira tu reflejo espiritual. ¿Puedes ver a quién te pareces? La siguiente vez que te reprimas por tu situación, recuerda que no eres un accidente molecular, sino alguien diseñado a propósito con un profundo latido dentro de tu pecho.

¡Esto levanta a otros! ¿La imagen de Dios en cada ser humano? Las implicaciones son abrumadoras:

• Misiones (enviar a nuestros hijos e hijas alrededor del mundo por causa de Jesús) solo tiene sentido si las personas que viven en esos lugares también llevan la imagen del único Dios y Padre de todos nosotros.

• El racismo no es posible si creemos que todas las personas comparten el mismo ADN esencial de la imagen de Dios. No es posible simultáneamente creer que ellos son imagen de Dios y al mismo tiempo sean de menos valor.

• El nacionalismo se convierte en irracionalismo cuando las conquistas económicas de otras naciones son aberrantes para aquellos que no pueden distinguir entre ¡los hijos creados que todos parecen iguales! Cuando un mexicano se ve igual que un tailandés, quien a su vez se ve como un egipcio, quien se ve como un sueco, luego tratar de subyugarlos económicamente o golpearlos en el comercio internacional es algo extraño. ¡Estamos en la ruta de que todos sean grandes!

Tomemos en cuenta que las implicaciones de la imagen de Dios que reside en los humanos es una afrenta para la mayoría de nuestros vecinos. Debido a que ellos han abrevado profundamente en el pozo de la evolución, donde los humanos han evolucionado más, pero no fundamentalmente diferentes de los animales, nuestros vecinos piensan que ellos ven la imagen de Dios en todo, desde una mascota hasta un árbol. Pero nos defendemos diciendo: “La mano de Dios, sí: Su imagen, no”. Incidentalmente, esta es la razón de que los humanistas traten incansablemente de encontrar evidencia de que los seres humanos no son algo excepcional, sea que se encuentre vida en otros planetas, o considerando iguales a humanos y animales. Pero los humanos son hermosamente excepcionales, hermosamente como el Creador de maneras únicas.

Pero existe un eslabón crítico que tenemos que considerar: Al grado de que tú y yo “seamos como Cristo”, nos estamos convirtiendo progresivamente a la imagen de Dios. Es posible que tengamos más que sólo los huesos de la imagen de Dios. ¡Podemos llegar a ser más y más como Él! Una vez más, es el Apóstol Pablo quien captura esta verdad: “Y el Señor—quien es el Espíritu—nos hace más y más como él. Somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor” (2 Corintios 3:18b, traducción libre).

Si queremos entender lo que es la imagen de Dios, vemos a Jesús como la más clara y visible representación de un ser humano quien de manera total llevó esa imagen. Aun así nuestro vecino, aún el más vil, incluso el déspota más aberrante al otro lado del mar, también lleva en su ser la imagen del Creador Dios, con todo lo borrosa que pueda ser. Cuando mis vecinos me ven en acción, debe haber un susurro en sus mentes que los hace pensar en su propia naturaleza superior, Algo sobre nosotros debe hacerles pensar acerca de Jesús.

Papá ya no está con nosotros. Hace cuatro años que se nos fue. Extraño cosas como su manera de disfrutar un chisporroteante filete, la regularidad de su tiempo devocional mañanero, y su entrega a la iglesia local. Lo extraño. Pero en momentos de reflexión, me doy cuenta que yo también disfruto un grueso filete, que no me he perdido mi propio tiempo devocional por 107 días, y sirvo en las iglesias locales. ¿Te hago recordar a alguien?

Jesús se fue hace dos mil años. Extraño su tierna mano extendida hacia los niños, Su delicadeza hacia una mujer lastimada, su inquebrantable rechazo de personas presuntamente religiosas. Lo extraño. Pero de tiempo en tiempo, de momento a momento, pienso que lo puedo ver, veo Su imagen. Más y más tú me haces recordar a alguien.

El Obispo David Roller sirvió por 17 años como misionero Metodista Libre en México, y luego por 10 años como director del área Latinoamericana para Misiones Mundiales Metodistas Libres. Fue elegido como obispo por primera vez en 2007.

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