Superando Barreras Invitando a Dios a Actuar

Recientemente hice un inventario personal para saber cómo actúo bajo presión. Me di cuenta que cuando le cierro mi vida a Dios o a la gente, estas cuatro barreras son generalmente la fuente de mis acciones: la inseguridad, el miedo, la necesidad de control y el orgullo.

Algunas veces nos enredamos en una red de inseguridad que alimenta el miedo y anhela el control. Algunas situaciones, ambientes o personas pueden sacar a flote esas cualidades. Por ejemplo, cuando tengo fecha límite para entregar un proyecto y aún no está terminado, mi primera reacción es entrar en pánico. Ésta falta de control me paraliza con miedo de que el resultado final no sea perfecto. Luego, mis inseguridades empiezan a aflorar. Mi preocupación es que me vean como inadecuada para asumir nuevos proyectos en el futuro. Mi orgullo se ve amenazado. El instinto de preservación entra en acción y nace el pecado.

Cuando uno se siente amenazado, es tentador retirarse a esa red de inseguridad y aún más fácil esconderse en el pecado de soberbia. No es fácil escapar de este tipo de desastre. Sólo nuestro Dios poderoso puede sacarnos de ahí. También necesitamos a personas que puedan ver en nuestras vidas y ayudarnos a romper los hábitos destructivos. Esas inseguridades, miedos, problemas de control y orgullo pueden formar una barrera que deje el amor afuera y el dolor adentro. ¿Cómo invitamos a Dios a trabajar en estas áreas de nuestras vidas—  especialmente cuando estamos rodeados de caos y situaciones estresantes? Toma una decisión consciente de hacer lo opuesto a lo que la auto conservación nos dice que hagamos. Déjalo ir y confía en Dios.

Veamos qué dice la Biblia acerca de cómo superar esas barreras e invitar al amor a nuestras vidas.

Inseguridad

La inseguridad proviene de la duda. Carece de confianza en nosotros mismos o en alguien más, como Dios. Reconoce de dónde vienen esos sentimientos. Satanás es un oportunista que hará cualquier cosa para evitar que te complementes en Dios. Él distorsiona tu visión de Dios, del mundo y de ti mismo. Si eres competitivo, piensa en vencer al pecado como una carrera que no puedes perder. No dejes que Satanás gane. Combate la inseguridad con fe en Dios y sigue buscándolo: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos” (Proverbios 3:5-8, VRVR)

Miedo

El miedo a menudo se deriva de la falta de esperanza y amor. Una manera de revivir tu esperanza es a través de la oración: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7). Reemplaza tu miedo a lo desconocido por un sano temor al Señor. “Un temor reverencial” de la gloria y poder de Dios con “un debido respeto por su ira” (fmchr.ch/feargq). Si realmente conoces a Dios, confía en que no hay nada que temer porque Él está de tu lado.

Control

Cuando parezca que todo está fuera de control, ora: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:26-28). No hay muchas cosas que nosotros podamos controlar. Eso es una bendición. A menudo llevamos la carga de hacer que todo salga perfecto, pero no necesitamos preocuparnos por la perfección. Dios está en control. Recuerda: “El corazón del hombre piensa su camino; Mas Jehová endereza sus pasos” (proverbios 16:9)

Orgullo

El orgullo es la última barrera que mantiene a Dios afuera. ¿Cómo nos superamos a nosotros mismos y encontramos libertad en nuestros caminos egoístas? “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3). La próxima vez que te sientas orgulloso de ti mismo por ayudar a un amigo, haz una pausa y piensa en cómo Dios pudo haber impulsado y ayudado en esa interacción. Dale toda la gloria a Él.

Invita a Dios a trabajar contigo a través del desastre. Pregúntale a Dios en qué áreas de tu vida lo estas dejando fuera. Él se revelará y te transformará de maneras que nunca pensaste que fuera posible.

PARA DISCUSION:

1. ¿Qué cualidades me están alejando de Dios?

2. ¿Qué pasos puedo dar para romper hábitos destructivos?

3. ¿Cómo voy a hacer tiempo cada día para invitar a Dios a mi vida?

Kayla Parker es estudiante del último grado de la Universidad de Greenville con especialización en música comercial. Es la coeditora en jefe de Papyrus.

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