¿Son realmente felices los que lloran?

Pharrell Williams y millones de sus admiradores dirían “¡De ninguna manera!”

Muchos cristianos podrían decir: “Bueno… tal vez…”

Jesús y muchos de sus seguidores más cercanos parecen haber dicho: “¡Sí!”

Entonces, ¿Qué decimos nosotros? ¡Por supuesto! todo depende. ¿Qué significa ser “feliz”? “¿Quién lo dice?” “¿Sobre qué base?” “¿Cómo puedo saberlo?” Los cristianos se han hecho esas preguntas durante siglos y las han respondido de diferentes maneras.

Si importa quién lo dice. Jesús dijo que las personas que lloran o se afligen son felices o bendecidas o están muy satisfechas porque “viene consuelo” (Mateo 5: 4).  Los seguidores de Jesús, que saben que Él es confiable y fiel, tomarán en serio lo que Él dice. Eso no significa que siempre obtendrán lo que Jesús dice o que todas sus preguntas serán respondidas. Sin embargo, debido a que tienen confianza en Jesús, asumen que lo que dice refleja la realidad, incluso cuando no entienden fácilmente por qué es así. Jesús no miente, y Jesús no llevaría a nadie por mal camino. Entonces, ¿Qué vamos a hacer con una afirmación tan extraña que probablemente descartaríamos si viniera de alguien más que no fuera Jesús? Aquí hay algunos puntos que creo que nos ayudarán a escuchar lo que Jesús nos dice:

Para empezar, Jesús está comenzando con algunas de las enseñanzas más importantes que impartió. Él está describiendo cómo vivir en el reino de Dios, el cual anunció en todos los lugares a donde fue. De hecho, un buen y breve resumen de las enseñanzas de Jesús es: “¡El reino de Dios está presente y es real! ¡Ahora mismo! Entonces, aquí podemos ver cómo vivir como ciudadanos del reino…

Jesús comienza esta enseñanza pronunciando “bendición”. La palabra significa “felicidad”, pero habla de la felicidad que proviene de vivir la vida que debemos vivir, esa que Dios creó y luego envió a Jesús para ofrecérnosla. Pero observa lo que Jesús dijo acerca de esta felicidad. Él no promete exactamente que las personas afligidas pueden ser bendecidas o felices. Más bien, llama a las personas y declara que son bendecidas. No es una promesa, sino una declaración. Por supuesto, esto es noticia para las personas que nombra. Esas personas que están de luto por la pérdida de un ser querido, o que perdieron su salud, sus posesiones, una amistad, un matrimonio, un trabajo, un sueño, por lo general no se sienten ni se consideran felices ni bendecidas. Sin embargo, curiosamente, eso es lo que Jesús anuncia. Al contrario de lo que parece obvio, ¡eres bendecido!

Tú, el afligido, eres bendecido porque “serás consolado”. De nuevo, esto también viene primero como una declaración: ¡Tu consuelo está por llegar! Dos cosas sobre la forma en que Jesús dice esto nos ayudarán a captar la verdad más plenamente. Primero, era común entre los judíos de los días de Jesús describir a Dios usando “la voz pasiva”. En lugar de decir: “Dios consolará”, dice, “serás consolado” entendiendo que Dios es el Actor, el dador del consuelo. En segundo lugar, también se asumía que la palabra de Dios señalaba la presencia y el poder de Dios obrando. De hecho, incluso al pronunciar la palabra, Dios ya lo está haciendo.

Por lo tanto, Jesús declara que “la vida como Dios la pensó” se ofrece precisamente a las personas que más lo necesitan y en términos que responden a la forma en que sienten la necesidad. Para las personas devastadas por alguna pérdida, que lloran de pena y dolor, Jesús declara que el consuelo vendrá de Dios. El Reino de Dios, insiste Jesús, pone a nuestro alcance el consuelo de Dios frente a las pérdidas que hemos sufrido. En el reino de Dios, Aquel que es Rey, habla de ser la bendición del consuelo de Dios. Entrar en el reino, pertenecer al reino, es vivir en la tierra del consuelo, la tierra donde Dios toma y se hace cargo de esas pérdidas.

Todo lo dicho arriba está bien, pero todavía parece un poco extraño y difuso. ¿Podemos ser más precisos en lo que Jesús declara que es una realidad del reino? Permíteme intentarlo recordando un poco la historia de la enseñanza del reino de Jesús. Dios llamó a Israel a ser su pueblo y Él planeó hacer que el mundo fuera bueno otra vez a través de ellos. Pero esas personas no estaban dispuestas. Repetidamente, rechazaron el plan de Dios y terminaron perdiendo todo: su tierra, su templo, su rey, sus hogares y su futuro. Habían perdido todo a manos de los invasores que tomaron cautivos a los que no fueron asesinados y los llevaron a un lugar de exilio. Tan profunda era su pérdida, que se preguntaban si Dios los había rechazado por completo.

Pero en el exilio sucedió algo increíble. Se habían convertido en personas definidas por completo por sus pérdidas—personas que luchan por hacer frente al vacío que deja rechazar el llamado de Dios y sus caminos. Entonces, el profeta Isaías proclamó que Dios los salvaría, los libraría del exilio y los conduciría una vez más a la vida de bendición que Él pretendía para ellos. E Isaías comenzó esta proclamación (Isaías 40) al declarar la consolación de Dios: “¡Consuelo, Consuelo por mi pueblo y para mi pueblo!”

En este contexto, Jesús declaró la llegada de ese consuelo. Son las buenas noticias que la gente espera escuchar. Cuanto más profundamente sienten las pérdidas de la vida, más grande y más profunda es la bondad y la alegría, la bendición y la felicidad, del consuelo de Dios.

Lo que Jesús declara es el final de la vida definida por la pérdida y el comienzo de la vida que es posible cuando Dios, el dador de toda buena dádiva y todo don perfecto, es el Rey. Jesús declara que esta es la vida que Dios quiere para nosotros, una vida plena y alegre, y una vida que disfruta de las bendiciones que Dios provee. Jesús lo declaró, y luego lo promulgó llamando a seguidores / discípulos que se unieron para vivir esa vida, demostrando su realidad.

Los seguidores del Rey Jesús forman comunidades de consuelo que bendicen su mundo tal como es ahora y modelan el mundo que algún día vendrá. Ellos lo modelan, a través del consuelo que se ofrecen el uno al otro, por la bienvenida y la hospitalidad que ofrecen a los exiliados de todo tipo, y por compartir libremente el perdón y el amor necesarios para la prosperidad humana. Tal “felicidad” ofrece a su mundo una muestra del consuelo que está por venir.

El Obispo David Kendall es un presbítero ordenado en la Conferencia Great Plains. Fue elegido por primera vez para el cargo de Obispo Metodista Libre en 2005. Es autor de “God´s Call to be Like Jesus” (“El Llamado de Dios a Ser Como Jesús”) y es co- autor de “The Female Pastor: Is There Room for She in Shepherd? (La Pastora: ¿Hay Lugar para Ella en el Pastorado?).

 

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