Sólo Esto

El sonido de la música era poderoso y santo, y mi espíritu se elevaba en aquel lugar de paz y reverencia, agradecida por la adoración franca de todos los creyentes que me rodeaban. Mis ojos se detuvieron en un joven con las manos levantadas en adoración. Me fijé en él porque parecía universitario y sin duda era el más joven en aquel retiro, y porque su adoración era franca y pura.

Poco después, se volvió y me dijo, “Hola, mi nombre es Jeremy White”. Sorprendida, me fijé en sus ojos, y pude ver a un niño de seis años.

“¿Eres de Memphis?” pregunté.

“Sí, lo soy”, replicó.

“¿Asististe a la Escuela Diurna Metodista Cristo?”

“Sí, así es”.

“Jeremy, ¡Soy la señorita Williams! ¡Fui tu maestra de primer grado!”

Repentinamente él pudo verme de 23 años de edad. ¡Tuvimos un gran reencuentro! Lo sentí santo porque veía la respuesta a mi oración ante mis ojos. Le había enseñado a él y a mis otros alumnos todo lo que pude, lectura, escritura y aritmética. Y lo más importante, les enseñé la Palabra de Dios.

Como ves, creo que la educación bíblica rinde los mejores frutos y paga los más grandes dividendos a nuestra inversión. Sólo la Palabra de Dios es la que no volverá vacía, como se afirma en Isaías 55:10-11:

“Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo, y no vuelven allá sin regar antes la tierra y hacerla fecundar y germinar para que dé semilla al que siembra y pan al que come, así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos”.

La Educación Bíblica cambia la trayectoria de las vidas de los niños y puede transformar su mente, espíritu, carácter y familia. Aparejada con la oración, la educación bíblica puede transformar generaciones futuras.

Hace poco tiempo, una de mis hijas mayores llamó para decirme que había leído en Proverbios y había pasado por las familiares palabras del capítulo 22, versículo 6: “Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará”.

Dijo, “Mamá, cuando lo leo, me doy cuenta de algo. Me doy cuenta que debido a que tú nos entrenaste en la Palabra de Dios, no puedo salirme de ella ─ no me saldré de ella”.

Esas palabras fueron música para mis oídos y trajeron lágrimas a mis ojos. Por supuesto, eso no significa que nuestros niños nunca tomarán un  atajo. Pero creo con todo mi corazón que Su Palabra es verdad y no regresará vacía en sus vidas. Abajo está una carta que escribí hace varios años a mis hijos la cual sintetiza mis enseñanzas sobre la educación bíblica.

Mi Carta

Queridos hijos,

Si pudiera compilar toda la instrucción maternal en una sola cosa, ¿cuál sería? Si pudiera decir algo que deba cubrir toda la sabiduría, protección e instrucción que debo dar en  sólo escasos 18 años, ¿qué debería decir?

Muchas cosas vienen a mi mente ─ la Regla de Oro encabeza la lista: Trata a otros como quieras ser tratado. Pero siempre hay mucho más. Como: qué hacer cuando alguien te hace una broma, o cuando eres confrontado con la tentación, o la importancia de siempre hacer tu mejor parte, o tener buenos modales, o ver a alguien a los ojos cuando le hablas, o por qué no puedes decir “nop” o por qué debes ayudar a otros que están necesitados…

Quiero que aprendan, antes de lo que yo lo hice, a gozar de la creación de Dios, que aprendan acerca de literatura y arte, que aprendan acerca de otros idiomas y culturas. Quiero que sean fuertes y valientes para defender la verdad. Quiero que sean alegres y no demasiado serios; que en ocasiones se ensucien, pero que también ayuden a limpiar el desorden. Quiero que experimenten el amor de la familia y amigos y lo saboreen y lo gocen ─ que aprecien el gozo de ello cuando haya que gozarlo, no esperen hasta que se vaya para darse cuenta del increíble significado de este regalo.

Quiero que vean cada día como un regalo: una oportunidad para hacer la vida mejor, una oportunidad para aprender y crecer,  una oportunidad para servir a otros, pero mayormente, una oportunidad para servir a Dios y glorificarle.

Hay mucho que quiero que vean y entiendan, ahora, no cuando lo hayan aprendido por sufrir las consecuencias de las malas decisiones, o el dolor de buscar en direcciones equivocadas. Pero Dios en ocasiones usará esas cosas difíciles en nuestras vidas como los mejores maestros.

Pero ahora, si yo puedo combinar todo en sólo una cosa,  creo que esa cosa sería… mira a Jesús.

Esa sola declaración lo cubre todo: ética y modales, consuelo y fortaleza, gozo y gracia, ejemplo y belleza.

Mira a Jesús…

Cuando no sepan a quien seguir, qué hacer, qué vestir, cómo ser exitoso, Él les dará sabiduría y fortaleza, para que puedan hacer todas las cosas a través de Cristo quien les da fortaleza.

Mira a Jesús…

Cuando estén lastimados, solos, enojados, frustrados o tristes… por Él les dará el Consolador y el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, gentileza y dominio propio (Gálatas 5:22─23).

Mira a Jesús…

Como el Creador de este hermoso mundo, y de su propia belleza, como el Príncipe de Paz y el Bendito Controlador de todas las cosas, como su Poderoso Dios, Salvador, Señor, Maestro y Mejor Amigo.

Mira a Jesús…

Como el solo y Único que puede guardar verdaderamente Su Palabra para nunca dejarles ni abandonarles.

Han sido comprados con un gran precio, la sangre del Rey de Reyes. Vivan cada día sabiendo quiénes son, y de Quién son. Recuerden está única cosa: Mira a Jesús.

Los amo,

Mamá

Madre, escritora y ex maestra, Sara W. Berry es autora y coautora de muchos libros y planes de estudio para niños, el más reciente “Trackers of Truth”(Seguidores de la Verdad), publicado por Seedbed Kids (seedbedkids.com). En sus escritos, Berry se basa en su experiencia de más de 25 años guiando, enseñando, y criando a sus hijos para reunir los mejores enfoques, actividades, recursos de mnemotecnia y herramientas para comunicar el importante mensaje del evangelio de Jesucristo. Obtuvo el grado de Bachiller en Ciencias en Educación del Millsaps College, y ha recibido numerosos galardones en educación y liderazgo.

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