Socios Metodistas Libres

Nuestra misión es amar a Dios y a las personas y hacer discípulos de Jesús, que a su vez, amen a Dios, a las personas y hagan más discípulos. Nuestra visión es llevar la sanidad al mundo a través de comunidades bíblicas de personas santas que hagan discípulos, líderes, grupos e iglesias. Nuestra convicción es que el cumplimiento de nuestra misión y visión requerirá que nos asociemos con otras personas y grupos, tanto en la Iglesia Metodista Libre como fuera de ella.

Desde el principio, vemos a Dios asociándose. Dios revela Su Plan para cuidar al mundo y, con el tiempo, para redimirlo, mediante la asociación con los seres humanos. Él creó todas las cosas y se comprometió a cuidar a las personas hechas a Su imagen. Del mismo modo, incluso después de la rebelión de la humanidad que trajo la ruina al mundo, Dios planeó restaurar la creación y lo hizo a través de su pueblo. Nosotros imitamos a Dios a cuya imagen hemos sido creados, cuando tratamos de unirnos a otros para expandir el reino de Dios.

La misión que Dios persigue es demasiado grande para nosotros solos o para cualquier otro grupo. Buscamos amar a Dios, a las personas y hacer discípulos. Esto incluye a todas las personas por lo que es una misión demasiado grande para nosotros solos, pero no es tan grande si nos juntamos con el resto del pueblo de Dios. Amar a todos y responder plenamente a todo lo que las personas necesitan y sufren es una tarea tan enorme que sólo las asociaciones conectadas con Dios serán suficientes.

Debido a que somos solo una rama de la familia de Cristo en todo el mundo, nos asociamos con el Concilio Metodista Mundial, la Asociación Nacional de Evangélicos y la recién formada Alianza Global Wesleyana, para que podamos hablar y actuar en conjunto con otras personas que comparten nuestra misión y visión.

Nos asociamos con los demás porque la misión y la visión son demasiado grandes para un grupo solo y hasta para todos los grupos interesados juntos. La misión y la visión son del tamaño de Dios y su cumplimiento requie-re que Dios trabaje a través y entre todos los socios dispuestos a hacer lo que sólo Él puede hacer. Por lo tanto, todo el bien que se hace, al final, no será un logro humano, sino un poderoso acto de Dios, haciendo bueno, una vez más, lo que Él creó y ama entrañablemente.

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