Sobre Silos y Mesas

Me veo preguntándome: “¿Quién es ese anciano que veo en el espejo? Tú sabes, ese de la incipiente pero cada vez más creciente calvicie, un momento … eso debajo de mi ojo es una arruga? Ya hace un buen tiempo que dejé de contar las canas. ¿Cómo dejé de ser la persona más joven que yo conocía en la mayoría de mis círculos de amigos para ser (tos) una persona de edad mediana? Mientras más vivo, recuerdo lo que más anhelaba en mi adolescencia, y cómo mi juventud ha impactado a mi situación actual en la vida. Escucho a algunos referirse a eso como la crisis de la edad madura (puedo estar negándolo).

En serio, mientras más tiempo vivo, más divisiones observo entre las líneas generacionales en la iglesia. Parece que muchos disfrutan a las personas de la misma edad, con silos mentales, cuando lo que más necesitamos realmente es, mesas familiares en la que son admitidos y apreciados los de todas las edades.

Los silos eran sitios muy comunes cerca de donde crecí en el Oeste de Nueva York. Estas estructuras masivas de concreto, son magníficas para almacenar granos y mazorcas, pero cuando están vacías, son cámaras de repetición. En un silo vacío, puedes escuchar la repetición de tu propia voz, pero no puedes escuchar a los que están afuera del silo. Los silos en la iglesia son círculos de amigos que piensan y actúan igual que nosotros, con ecos y reverberación de nuestros ideales y conceptos sobre cómo deben funcionar las cosas. Eso puede resultar cómodo, pero limita el alcance de la iglesia.

Las mesas son lugares de reunión. Tener un lugar en la mesa es señal de bienvenida, de aprecio, de inclusión, y de invitación a participar en la conversación. Una de las experiencias más desagradables que uno puede tener es ser invitado a una mesa, pero sin hablar y sin que alguien te dirija la palabra.
Iglesia: necesitamos mesas, no silos.

¿Pero de qué hablamos en la mesa? Para muchas personas mayores, el rol tradicional es corregir a los “chicos” en la mesa. Ellos no contribuyen, son oportunidades de instrucción y corrección, a menos que sean enviados a sentarse en la mesa de los niños. Y estamos de regreso en los silos. ¿Son los niños los que necesitan corrección? ¿Están los adultos más allá de la necesidad de ser reprobados, de ser humildes, o de la instrucción?

Iglesia: necesitamos una cultura de la conversación, no una cultura de la corrección.

Nuestros cristianos más jóvenes tienen una pasión por la sanidad de nuestro mudo (algunos de los ancianos que leen esto están moviendo la cabeza). Ellos quieren ver a Dios “cabalgar victorioso en nombre de la verdad, la humildad y la justicia” (Salmo 45:4). Imagina a todas las edades en la misma mesa, conversando sobre la verdad, la humildad y la justicia – abriendo nuestros oídos y corazones unos con otros mientras juntos abrimos las Escrituras.
Iglesia: necesitamos una cultura de la conversación, no una cultura de la corrección.

Nuestros cristianos mayores tienen una pasión por los fundamentos de su fe, el tesoro de nuestro legado en la iglesia, y el deseo de dejar una herencia (algunos de los más jóvenes están abriendo los ojos bien grandes). Se preocupan por la pérdida de lo que más han querido y escuchado a Dios decirles: “Menosprecian mis objetos sagrados, profanan mis sábados” (Ezequiel 22:8). Imagina las distintas edades a la mesa, conversando sobre la santidad, la reverencia, asombro e interrogación – abriendo nuestros corazones unos con otros mientras juntos abrimos las Escrituras.

A todos nosotros, jóvenes, ancianos y los de edades intermedias, ¿juzgas con base en lo que piensas que dice la otra persona, o has dedicado el tiempo apropiadamente para escuchar y aprender del corazón? ¿Conoces las experiencias e historias del otro, o sólo haces juicios sobre el otro sin antes informarte?

Iglesia: necesitamos interactuar con, y entender a los de otras generaciones.

En Hechos 2:17 leemos que “tendrán visiones los jóvenes y sueños los ancianos”. Tú que eres mayor, ¿qué sueños de los que estás enterado tienen los jóvenes y te emocionan? ¿Tú que eres más joven, ¿qué visiones tienen los ancianos que están entre ustedes, de los que estás enterado y te guías por ellos? ¿No es el Uno y el mismo Espíritu de Dios lo mismo en las visiones de los ancianos y en los sueños de los jóvenes? ¿Está Cristo en un silo, dividido, segregado?
Salgamos de nuestros silos e invitemos a todas las generaciones a la mesa. A la mesa, escuchemos, aprendamos, soñemos y compartamos con corazones y oídos abiertos. Oremos y escuchemos juntos a Dios. Participemos en el ministerio juntos. Estimemos y valorémonos unos a otros.

Amén.

Brett Heintzman es el editor general de Luz y Vida por medio de su rol como director de comunicaciones de la Iglesia Metodista Libre – USA, donde sirve también como sub-director del Ministerio Nacional de Oración. Visita freemethodistbooks.com para adquirir sus libros: “Llegando a ser Persona de Oración”, “Pueblo Santo” (Volumen 1 de la serie “Vital”), “Jericó: Tu Peregrinaje a la Liberación y a la Libertad”, y “La Encrucijada: Preguntando por las Sendas Antiguas”.

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