Sirviendo en la Incomodidad

¿Recuerdas esta conversación en la película: “Una Liga Propia”?

Dottie Hinson: Es demasiado difícil.

Jimmy Dugan: Se supone que es difícil. Si no lo fuera, cualquiera lo haría. Ser difícil es lo que lo que lo hace grande.

¿Qué de este pasaje bíblico?

“El ayuno que yo he escogido, ¿No es más bien romper las cadenas de injusticia y desatar las correas del yugo, poner en libertad a los oprimidos y romper toda atadura? ¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento y dar refugio a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no dejar de lado a tus semejantes? Si así procedes, tu luz repuntará como la aurora, y al instante llegará tu sanidad; tu justicia te abrirá el camino, y la gloria del Señor te seguirá”
(Isaías 58:6-8).

La cultura norteamericana enfatiza la comodidad. Cines, fabricantes de automóviles y constructores de casas, todos se enfocan en la comodidad. Somos abrumados con opciones sobre dónde buscar nuestros muebles. ¿Has buscado últimamente un colchón?

Es fácil enredarnos con la idea de que nuestro nivel de éxito corresponda con nuestro amor por la comodidad. De acuerdo al pasaje arriba citado, sin embargo, La medida con la que Dios mide el éxito incluye una de las experiencias más incomodas — el ayuno. Él considera al ayuno aún más difícil que una experiencia limitada por el tiempo enfocada en nosotros mismos. Él nos pide continuamente “que ayunemos” enfocándonos en servir a los demás a través de medios sacrificiales.

Citamos al coach de beisbol, acabado y alcohólico, Jimmy Dugan: “Lo difícil es lo que lo hace grande”.

Jesús llegó hasta a identificar Su servicio como “dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45). Este es un pasaje desafiante para los cristianos del día de hoy. Nosotros consideramos el servicio, creemos en él. Pero también lo comparamos con darnos de voluntarios como ujieres, maestros de Escuela Dominical o ser amables en la barra del restaurant.

En su libro “Interrumpida: Una Aventura al Aprendizaje de Nuevo, de lo Esencial de la Fe”, Jen Hatmaker describe una conversación con Dios en la que Él la desafía a amarlo a Él con lo siguiente: Alimentas a las almas, pero veinticuatro mil ovejas mías morirán el día de hoy porque nadie alimentó sus vientres. … Si de verdad me amas, alimentarás a Mis corderos. Mi pueblo se desmorona y se muere de hambre, y tu estas bendiciendo a los que ya están bendecidos, y estas soñando con tu nueva casa”.

El enfoque de la comodidad en nuestra cultura nos ayuda a sentirnos cómodos con un confortable servicio. Pero la Escritura pone en claro que el verdadero servicio es algo difícil, enfocándonos en las personas que nunca conoceremos, o las cosas que nunca haremos si no fuera por Dios.

aumentando nuestra fe
Yo crecí en un hogar Metodista Libre tradicional, y en una congregación trabajadora y rural en la década de los 60. Jamás asistí a una escuela de danza, y solo vi un par de películas para cuando fui a la universidad. No comíamos en restaurantes que vendieran cerveza. Éramos parte de la subcultura cristiana.

Recuerdo cuando conocí a la primera persona indigente. Durante una visita a un albergue local de indigentes, me presentaron a uno de los clientes. Me estrechó la mano y se mostró amable y extrovertido. Salí de esa experiencia convencida, ponderando que él era exactamente como yo, excepto que era un alcohólico que vivía en un albergue de indigentes mientras que yo vivía en un hogar suburbano de clase media, y consumía demasiado café.

Nuestras Iglesias incluyen personas como yo que crecieron en hogares cristianos, tienen un estilo de vida de clase media y viven separados de la cultura mundana. No testificamos casi nada porque no tenemos un gran testimonio.

¿Será que nuestro testimonio es tan débil que hemos fracasado en aumentar nuestra fe hasta el nivel en que el servicio es realmente difícil?

En “Lo que todo miembro de la Iglesia debe saber acerca de la Pobreza”, los autores Ruby K Payne y Bill Ehlig, culpan a la afluencia de los últimos 50 años para sorpresa de los cristianos de clase media, de la profunda pobreza en nuestras ciudades: “La huida de nuestras iglesias de las ciudades pequeñas solo ha exacerbado las dificultades.

Muchos cristianos no solo están demasiado alejados de los problemas para prestar su ayuda, también se encuentran demasiado alejados para comprender lo que está pasando.

¿Amamos y servimos a los que son homosexuales?¿Hemos limpiado de piojos el pelo de algún niño indigente?

¿Hemos celebrado un estudio bíblico en un apartamento de la sección 8 de un edificio lleno de grafiti y de personas desempleadas que están comiendo en la banqueta? Nos protegemos en contra del pecado, ¿pero conocemos a los pecadores?

Somos llamados a correr riesgos y a experimentar la incomodidad en nuestro servicio a otros. En la parábola de los talentos, el siervo que no quiso correr riesgos y enterró sus talentos desagradó a su amo hasta el extremo. Nuestra resistencia a dejar nuestra zona de comodidad se basa en el temor a lo desconocido, algo antitético a las expectativas de Dios.

Los autores Ruby K. Payne y Bill Ehlig culpan de la profunda pobreza en nuestras ciudades a la afluencia de los cristianos de clase media, para sorpresa de ellos, durante los últimos 50 años: La fuga de las iglesias de las ciudades pequeñas solo ha exacerbado las dificultades. Muchos de los cristianos no solo están alejados de los problemas para poder ayudar, también están demasiado alejados como para comprender lo que pasa a nuestro derredor”.

el precio de la misericordia
La verdad del asunto es que el verdadero servicio es muy difícil y doloroso. Como dice Hatmaker: “Somos el cuerpo de Cristo, que-brado y derramado, como Él lo fue. La misericordia tiene un precio: Alguien tiene que ser quebrantado para que alguien más sea alimentado.

No solo sacrificaremos nuestro tiempo y dinero mientras que enfrentamos temor y oposición, también experimentaremos lo que se siente fracasar. Personas que han crecido en pobreza generacional nos desilusionaran al tomar decisiones equivocadas. Un indigente tomará nuestra comida y se reirá de nuestra disposición para ayudar.

Seremos despreciados y maldecidos. ¿Se te hace conocido?

Hay muchas alegrías en mi trabajo con los niños indigentes. A la vez, veo a pequeños traumatizados que viven en circunstancias horrendas. Hay personas que me preguntan cómo es que puedo enfrentar la pena y reconozco que puede ser muy difícil.

Una ocasión en mi devocional, oré acerca de casi todos los temas, Dios me dijo claramente: “El dolor es parte del llamado”. Básicamente, me dijo que lo olvidara y regresara a trabajar.

Rendirnos delante de Dios no significa ser amable y útil. Significa lágrimas y dolor, fatiga y sufrimiento, incertidumbre y sacrificio. El concepto de tomar nuestra cruz es lo que significa — tomar nuestra cruz.

Pero no hay opción. La Escritura es clara. El papel del Espíritu Santo como consolador presupone que necesitaremos consuelo, no que estaremos cómodos. Si Él no nos ha confortado últimamente porque no nos hemos gastado en el ministerio, estamos errando al blanco.

Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí” (Mateo 25:45).

Written By
More from SUSAN AGEL

Música de Adoración en los Cines

Aún si el nombre Hillsong no te parece familiar, probablemente has pasado...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *