Sirviendo a Nuestra Ciudad y Compartiendo el Amor de Cristo

“¿Cómo podríamos ser la clase de iglesia a la que se le extrañaría en nuestra ciudad si de repente llegara a desaparecer?”

Esa fue la pregunta que hice el 19 de mayo de 2013 en mi primer mensaje como pastor recién asignado a la Iglesia Metodista Libre Davison. Durante los últimos cinco años he llegado a la convicción de que una parte vital de la respuesta a esa pregunta sería buscar maneras de mostrar a nuestra comunidad el amor de Dios de un modo práctico.

Después de toda una vida de ministerio sirviendo en otras cuatro congregaciones en un período de 35 años, me sentí profundamente preocupado por temor a caer en la trampa de la irrelevancia de la misión. Tuvimos qué asegurarnos de que nuestra iglesia no terminara hablando principalmente con nosotros mismos y desconectada de nuestra comunidad. De modo que comenzamos a explorar más y mejores maneras de establecer relaciones que tuvieran significado con el ministerio más allá de nuestras cuatro paredes.

En este momento, participamos con nuestras escuelas locales, agencias de servicio, oficinas municipales y otras iglesias para servir a nuestra ciudad. Una de las ciudades más necesitadas en los Estados Unidos, es Flint, Michigan. Está sólo a 10 millas (16 kilómetros) hacia el oeste, y nos hemos comprometido a ser parte de la solución de los múltiples problemas que enfrentan sus residentes. Hemos recolectado y distribuido gran cantidad de agua embotellada. Equipos de voluntarios se han reunido con organizadores comunitarios para llevar a cabo jornadas de limpieza. Nivelación y pintura son proyectos fáciles de organizar y realizar.

Esto ha sido un gran reto para mi concepto del ministerio pastoral. Recuerdo una ocasión en los inicios de mi ministerio que alguien me hizo la advertencia sobre los peligros de un “evangelio social” excesivo. Por aquellos tiempos, los grupos de reparto de alimentos, equipos de servicio comunitario y de recuperación era típicamente el dominio de las iglesias principales que era considerado por muchos de mis mentores como “no meterse demasiado en el evangelio” Por muchos años dejé en otras personas la acción social y el servicio comunitario.

Todo cambió en enero de 2011 con una llamada telefónica, Spokane, Washington—donde yo pastoreaba en aquel tiempo—había llegado a ser noticia nacional, pero no por las mejores razones. El 17 de enero de 2011, el desfile local en honor de Martín Luther King, Jr. resultó enturbiado cuando se descubrió una bomba en la ruta del desfile, justo al inicio del mismo. Por la gracia de Dios, la bomba nunca estalló. Pero Spokane, al igual que muchas ciudades estadounidenses, se vio forzada a enfrentar la realidad de un movimiento racista de supremacía blanca que emergía de las sombras.

Las noticias del intento de bomba impulsaron a Karen, una joven mujer de nuestra iglesia a levantar el teléfono y llamar al Centro Familiar de Ayuda Martin Luther King Jr., de Spokane sólo para decirle al director que esta iglesia de la Zona Norte de la ciudad lamentaba mucho lo que había sucedido. De hecho, ella estaba segura que su iglesia, la Confraternidad Cristiana Timberview, estaría dispuesta a hacer algo como parte de la solución y no parte del problema.

Como resultado de aquella llamada, de pronto me vi en una reunión con el director del centro y haciendo la poco original pregunta: “¿En qué podemos ayudar?” La respuesta fue una sorpresa para mí: “Sé nuestro amigo y compañero. No nos consideres un proyecto tuyo. Desarrolla una relación genuina que nos beneficie mutuamente”. Con la ayuda de Dios, eso fue lo que hicimos.

Representantes del centro vinieron a la iglesia un domingo durante el servicio de la mañana, y conmovidos dijeron cuánto significaba para ellos que primero Karen, y luego el pastor los hubiéramos buscado durante tiempo tan difícil. A las pocas semanas llevamos un pequeño grupo de avance a sus instalaciones y examinamos algunos proyectos de trabajo, tanto por fuera como por dentro. Pronto, docenas de voluntarios de la iglesia Timberview estaban nivelando el terreno, pintando y haciendo reparaciones de carpintería en el interior del centro. La transformación fue asombrosa—no solo del edificio, pero también de nosotros.

Salimos de nuestra zona de comodidad. Nos unimos con voluntarios de nuestra congregación y del personal del centro. Nos involucramos en subsanar la más profunda necesidad de nuestra comunidad, y fue de beneficio para nosotros.

Fuera de las Paredes

Seis meses antes de relacionarnos con el Centro Familiar Martin Luther King, Jr., nuestra congregación preparaba nuestro primer día de servicio “Fuera de las Paredes” jamás realizado. Después de mucha oración y planeación, escogimos el domingo antes del Día Memorial. Ese día, en lugar de reunirnos en el interior del templo, nos esparcimos para servir en nuestra comunidad. Para nosotros, ese paso fue algo radical. No solo nuestra congregación no se reunió para adorar, también perdimos unos miles de dólares de las ofrendas propias de un domingo en la mañana. Nuestro grupo de liderazgo había aceptado mi desafío de hacer un cambio de enfoque, del interior al exterior creyendo que el Señor estaba allí, y que nos recompensaría por ello.

Yo había estado luchando con la idea de involucrarme más con las necesidades de nuestra comunidad como un año antes. Había leído los “me gusta” de Brandon Hatmaker y Hugh Halter que exhortaban a la iglesia de los Estados Unidos a comprometerse más radicalmente en el servicio a su comunidad. Estos autores habían comenzado a meterse en mi corazón cuando escuchaba: “Pruébalo y te gustará. Dios se complacerá. El amor aflorará. Las necesidades serán suplidas. Tu comunidad lo notará”. Pero parecía muy riesgoso y complicado para mí.

El poderoso libro de Richard Stearns: “The Hole in Our Gospel” (El Agujero en Nuestro Evangelio, notemos que el título no es: “El Agujero en el Evangelio”), puso mayor presión en mi santo descontento. Stearns me hizo pensar que Dios espera de su pueblo más que asistir los domingos a la iglesia, hacer una o dos oraciones, evadir los grandes pecados y creer en lo que es correcto. Su convicción de que “ser un cristiano, un seguidor de Jesucristo requiere mucho más que solo tener una relación personal y transformadora con Dios; implica también una relación pública y transformadora con el mundo”. Sonaba algo así como lo que Juan Wesley había dicho siglos atrás: “El evangelio de Cristo no conoce otra religión que la social; otra santidad que no sea la santidad social. ´La fe que obra por el amor´ es lo largo y lo ancho, lo alto y lo profundo de la Perfección Cristiana”.

Finalmente, en la primavera de 2011. Yo supe que era tiempo de hacer algo. Había hecho lo suficiente. Había estado luchando lo suficiente con lo que nuestra modesta iglesia podría y debería hacer acerca de involucrarnos con la comunidad.  Nosotros no éramos una mega iglesia. Nuestros recursos y número de voluntarios eran limitados. Pero sin duda alguna éramos llamados a hacer lo que pudiéramos.

Nuestra Junta de Visión y Liderazgo seleccionó la mañana de un domingo cuando el clima probablemente sería benigno, y nuestra asistencia a la iglesia sería buena. Queríamos que nuestro servicio involucrara algo de sacrificio, Juntos identificamos seis proyectos posibles de realizar—desde todo lo que fuera pintura del almacén de la Sociedad Protectora de Animales, hasta limpiar y organizar a una tienda cristiana de ventas de artículos de segunda mano, a ofrecernos a lavar autos en el frente de la tienda local de comestibles.

La respuesta fue rápida y positiva. Los residentes locales no podían creer que les lavaríamos sus autos sin cobrar un solo centavo. Era emotiva la colaboración con organizaciones locales de servicio con todo un cuadro de nuevos voluntarios. Se hicieron algunas cosas buenas localmente, y nos sentimos bendecidos de participar. Algunos escépticos permanecieron en el templo sintiéndose defraduados porque por servir, no habían podido adorar un domingo por la mañana. Sin embargo, la mayor parte de los críticos fue acallada por la abrumadora retroalimentación de los que habían servido, y de los que habían sido beneficiados por el servicio.

Una decisión que habíamos tomado antes que nada fue no buscar publicidad. A propósito no llamamos a los medios para decirles cuán generosos éramos nosotros. Para nuestra sorpresa, de todos modos se enteraron. La noticia se extendió de boca en boca. Después de establecer la colaboración con el Centro de Ayuda Familiar Martin Luther King, Jr., nuestra reputación como una congregación que se preocupaba por los desvalidos y los cuidaba se esparció rápidamente. Para sorpresa mía, en marzo de 2013 recibí un aviso oficial de parte de la oficina del alcalde de Spokane de que la Confraternidad Comunitaria de Timberview había sido seleccionada junto con otras tres agencias como receptora del Premio al Servicio Comunitario en aquel año. Por medio de la acción indirecta de nuestra parte, la cultura de servicio de nuestra Confraternidad Cristiana Timberview recibió atención regional.

Esa experiencia de aprendizaje en Spokane no solo cambió a nuestra iglesia; también me cambió a mí. Por más de 30 años había pastoreado congregaciones, desde las praderas del oeste del Canadá, hasta una de las más grandes congregaciones Metodistas Libres del medio oeste. Y esta nueva congregación en el Pacífico Noroeste. La mayor parte del tiempo—a pesar de un buen crecimiento y éxito en el ministerio—yo sentía que a la mayoría de nuestros vecinos no parecía importarles la existencia de nuestra iglesia, y no les interesaba saber lo que nosotros estábamos haciendo. Pero en Timberview, servir a la comunidad comenzó a cambiarlo todo.

El valor de guiar a una iglesia para servir fuera de sus paredes es ahora un valor central mío. En la Iglesia Metodista Libre Davison, ahora servir es parte de nuestro ADN. Para citar un antiguo dicho Metodista (atribuido algunas veces a Juan Wesley): “Haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, de todas las maneras que puedas, en todos los lugares que puedas, todas las veces que puedas, a todas las personas que puedas, todo el tiempo que puedas”.

Y lo más importante, Jesús dijo al derribar todas las barreras del pueblo religioso absorto en sí mismo: “Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí” (Mateo 25:45). Estoy convencido de que cada iglesia necesita pensar, en oración, cómo hacer que eso suceda.

Desde aquel primer domingo en Davison, hemos estado en una aventura de aprendizaje en la escuela de siervos. Hemos creado nuestras propias asociaciones en el ministerio de “Servir a nuestra Ciudad” durante los últimos cinco años con escuelas locales, oficinas municipales, y un grupo comunitario de acción en la vecina ciudad de Flint. Durante la reciente crisis de falta de agua, reunimos y distribuimos agua embotellada. Además de nuestro Domingo Anual de Servicio, hemos desarrollado colaboraciones de servicio durante todo el año.

Hemos aprendido que las escuelas, oficinas locales de gobierno, y agencias como la YMCA (Asociación Cristiana de Jóvenes, por sus siglas en inglés), a menudo tienen fondos para remodelar, expandir y ampliar sus oficinas, terrenos y parques, pero lo que más necesitan es voluntarios motivados. Allí es donde nosotros entramos.

El grupo de liderazgo gradualmente define el tamaño y alcance de cada proyecto de servicio incluyendo el número de voluntarios, y las herramientas específicas y recursos que se requieren. Algunos proyectos más pequeños que tienen que ver con hogares individuales privados y limpieza de patios solo requieren entre seis y ocho voluntarios. Otros, como nuestra reciente limpieza comunitaria con una Organización Comunitaria Local en la ciudad vecina de Flint necesitan grupos de más de 50 voluntarios. Algunos grupos solo ocupan herramientas sencillas como rastrillos y palas o brochas para pintar, mientras que otros requieren herramientas eléctricas, equipo especializado y renta de camiones de carga.

Compañerismo de Trabajo

El Pastor Shane Bengry se unió a nuestro equipo pastoral con alcance comunitario como parte importante de su portafolio. Él ha trabajado diligentemente para desarrollar colaboraciones de trabajo con varias agencias de trabajo y organizaciones de nuestra comunidad. Los grupos de servicio y organizaciones cívicas no son usados para hacer que las iglesias se ofrezcan para servir. Las organizaciones comunitarias tienen sus propios programas y expectativas y pueden ser cautelosas de la motivación de alguna iglesia. Hemos aprendido que tenemos que trabajar duro y hacer las cosas bien.

Hemos terminado cuatro años consecutivos de eventos Sirviendo a Nuestra Comunidad. Cada año, hemos sacrificado nuestro principal servicio de adoración para tener una reunión corta para una oración de comisión a las 9.30 a. m., seguida de dos o tres horas de servicio voluntario fuera de nuestras paredes. Este fin de semana se ha convertido en un campamento misional para toda nuestra congregación y ha creado una mentalidad más misional que hace que nuestro pueblo se involucre más profundamente en servir a la comunidad.

Los beneficios han sido tremendos. Ahora tenemos más proyectos de servicio durante todo el año. Al sacudir las cosas en el “Fin de Semana de Servicio”, hemos descubierto personas de nuestra congregación que deseaban más ayudar a nuestros hermanos desvalidos que sólo sentarse en los asientos de la iglesia. En el entretanto, hemos identificado nuevos líderes e involucrado a congregantes que antes eran asistentes pasivos. Hemos desarrollado un más grande sentido de comunidad y cohesión dentro de nuestra congregación al servir a otros. Hemos creado una imagen más positiva de la iglesia en nuestra comunidad por unirnos y participar con varios grupos cívicos y educacionales. El pasado mes de junio, nuestros 250 vountarios llenos de energía demostraron el amor de Cristo de una manera práctica al nivelar los terrenos de una escuela elemental del lugar, renovando una devastada vecindad del interior de la ciudad en la ciudad cercana de Flint, pintando el interior del centro regional de autismo, plantado un jardín patrocinado por la YMCA, y realizando una caminata de oración por el pueblo.

Estas participaciones anuales en las necesidades de nuestros vecinos han producido algunos efectos positivos de largo alcance. Hemos establecido compañerismos sólidos que duran todo el año. La cultura de nuestra iglesia se está transformando, de una cultura interna y acomodaticia a ser una cultura más compasiva y enfocada hacia el exterior. Sí, yo creo que si la Iglesia Metodista Libre de Davison dejara de existir mañana, nuestra comunidad realmente nos extrañaría.

Glenn Teal es el pastor principal de la Iglesia Metodista Libre Davison, de Davison, Michigan.

 

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