Sin Términos ni Condiciones

Mi esposa, Barb, y yo pasamos un tiempo terrible cuando escogemos algún restaurante. Aun en la pre-pandemia, cuando era tarea “más fácil”, teníamos problemas en llegar a un acuerdo. Barb ama la cocina mexicana y yo soy un fanático de la italiana. Usualmente salir a comer fuera significa que uno de nosotros cederá y el otro se saldrá con la suya.

Hay ciertas comidas que ni ella ni yo comeríamos. Barb es una aficionada de la pizza hawaiana. Sin embargo, yo me quedo paralizado sólo de pensar en trozos de piña encima de la pizza, de tal manera que tendría que estar muriéndome de hambre para comerla. De otro modo, ¡no señor! – ni en un millón de vidas haría algo tan sacrílego a la santidad de la pizza.

“Tendría que estar muriéndome de hambre” Mmm. Nunca he pasado hambre en mi vida. No sé lo que significa estar muriéndome de hambre. He escuchado historias de personas que sí lo están, y aceptarían casi cualquier cosa que se les ofreciera para prevenir la muerte cierta que enfrentarían si no comen. ¿Has estado hambreado? No, quiero decir, ¿en verdad?

Cuando hablamos de hambre espiritual, aún seguimos en la fase de la “preferencia de restaurantes”. Queremos lo que queremos, pero no estamos listos para recibir lo que sea para satisfacer nuestra hambre. Compartimos el asiento del conductor con Dios, y, como Barb y yo, insistimos que tenemos nuestros dichos sobre lo que recibimos. Hablando con franqueza, tiempos desesperados necesitan oraciones desesperadas, pero no deben tener ningunos términos ni condiciones.

Pensemos en el maná.

No se trataba de lo que los israelitas querían. No era lo que nadie hubiera imaginado. No se basaba en sus preferencias. Se trataba de comida – la comida de Dios – no la de ellos, no la de Egipto, y no era siquiera lo que ellos imaginaban. Israel clamó a Dios con sus propias preferencias de menu: –¡Cómo quisiéramos que el Señor nos hubiera quitado la vida en Egipto! – les decían los israelitas — Allá nos sentábamos en torno a las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos ¡Ustedes nos han traido a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad!” (Éxodo 16:3).

Ahora pensemos en nuestras oraciones que rodean la pandemia, la elección, y nuestras luchas sociales. Nos estamos disputando la piña sobre la pizza. Estamos “orando” por nuestro menú hacia el cielo y esperando que Dios nos sirva lo que creemos que nos va a satisfacer nuestro limitado entendimiento del hambre.

Escuchemos al Señor.

“Entonces el Señor le dijo a Moisés: ‘Voy a hacer que les llueva pan del cielo. El pueblo deberá salir todos los días a recoger su ración diaria. Voy a ponerlos a prueba para ver si cumplen o no mis instrucciones’” (Éxodo 16:4). ¿Acaso sabemos tú y yo lo que es la oración cuando tiene sus raíces en el hambre? ¿Podemos fabricar el lenguaje para la oración que no le haga a Dios ningunas demandas, que ofrezca sugerencias sobre cómo reparar el mundo, o encuadrar nuestras ideologías o agendas?

Conoceremos la oración que verdaderamente se arraiga en el hambre y la sed cuando veamos hacia afuera de nosotros mismos, mirando hacia un mundo hambriento espiritualmente, mira hacia arriba como un mendigo en necesidad y di: “Padre aceptaremos aquello con lo que nos quieras alimentar de tu mano. Aliméntanos reprensión o corrección – lucha y desafío — lo que Tú quieras, pero estamos hambrientos y reconocemos que solo Tú tienes las respuestas”.

Deléitate con la humildad.
“Te humilló y te hizo pasar hambre, pero luego te alimentó con maná, comida que ni tu ni tus antepasados habían conocido, con lo que te enseñó que no solo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor” (Deuteronomio 8:3).

Amigos, es tiempo de dejar de insistir en que tenemos voz en el “restaurante” de nuestra elección. Tenemos hambre – nos morimos de hambre – pero, ¿estamos lo suficientemente hambrientos como para “comer” lo que se nos ponga delante?

Y ese es mi punto de vista.

Bret Heintzman es el editor de LUZ Y VIDA por medio de su rol como director de comunicaciones de la Iglesia Metodista Libre – USA, en la que también sirve como sub-director del Ministerio Nacional de Oración. Visita freemethodistbooks.com para ordenar sus libros “Llegando a ser Persona de Oración”, “Pueblo Santo” (Volumen 1 de la serie “Vital”). “Jericó: Tu Peregrinaje a la Liberación y a la Libertad” y “La Encrucijada: Preguntando por las Sendas Antiguas”.

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