Siguiendo un Llamado Santo

Soy la primogénita de ocho hijos todos nacidos en casa en una granja en el norte de Ohio. Mis padres eran asistentes devotos y miembros de la Iglesia de los Hermanos, así como a las reuniones de oración las noches de los viernes en la Reunión Campestre del Parque Byal en los meses de agosto.  Cuando yo tenía 5 años, me arrodillé en el altar en una reunión del campamento y le pedí a Jesús que me perdonara y me recibiera como Su hija. Me sentí segura, amada y en paz. Cuando se hizo de noche, les dije a mis padres que cuando fuera grande, quería ser misionera en África.

Asistí mis primeros años de escuela en Vanlue, Ohio, en la secundaria, ya no me sentía “en casa”. Al avanzar en la escuela secundaria, me di cuenta que, si yo continuaba allí, no me sentiría cómoda en lo que se consideraba la norma. De modo que les pedí a mis padres que si podría solicitar estudiar en la escuela preparatoria Monte Carmelo (parte de la Asociación de Santidad de las Montañas de Kentucky) en el este de Kentucky. Dos de mis amigas hicieron solicitud junto conmigo para asistir a esa escuela. Compartimos el mismo dormitorio en nuestro primer año allí.

Cuando salí de vacaciones de verano, me di cuenta que dos de las damas que enseñaban y predicaban en Monte Carmelo habían sido invitadas a celebrar una reunión de avivamiento en mi iglesia, la Iglesia de los Hermanos Oak Grove. Cuando el evangelista hizo la invitación de pasar al frente a acercarse a Dios, yo pasé de inmediato. Pasé y oré al fin de cada servicio, le pedí a Dios que me purificara de la naturaleza de pecado con la que había nacido. Otras personas también pasaron. La iglesia estaba llena. Algunos admitieron que eran alcohólicos. Era un Nuevo día para nuestra comunidad. El último domingo de esas reuniones, mi papa me pidió que me quedara en el auto después que el resto de la familia se fuera a casa. Me pidió que aceptara el perdón de Dios y que yo debía hacer lo que fuera que Dios tuviera para mí y Dios se encargaría de planear algo bueno para mi vida. De inmediato, sentí que estaba en paz. Me sentí realmente purificada, muy amada. Yo había establecido lecturas bíblicas regulares y oración a primera hora de la mañana. Eso me parecía esencial si es que iba a ser cristiana, lo que yo quería con todo mi corazón.

Regresé a la escuela en Kentucky sintiéndome totalmente rendida a la voluntad de Dios, sin importar lo que eso fuera. Terminé la escuela preparatoria en el internado y luego seguí estudiando en el Colegio Bíblico de la Montaña de Kentucky camino de la escuela preparatoria. Mi meta era ir a África como misionera seguía. Quince muchachas del colegio dijeron que sentían que Dios quería que fueran misioneras en África. Virgil Eugene (Jim) Kirkpatrick me escogió a mí de todo ese grupo. Hemos estado juntos por 59 años. Nosotros y otros le debemos mucho a la Asociación de Santidad de la Montaña de Kentucky por el entrenamiento que recibimos y el conocimiento que ahora tenemos, que es “no importa lo que venga, Jesús hace bien todas las cosas” ¡A Dios sea la gloria!

Después de la graduación de Kentucky Mountain, nos casamos y graduamos del Colegio Asbury. Warren McIntire—un evangelista jubilado de Wilmore, Kentucky—nos invitó a vivir en un apartamento de un segundo piso en su casa cuando Jim estudiaba en el Seminario Teológico de Asbury, y yo trabajaba en la oficina de registro en el Colegio Asbury. McIntire se convirtió en nuestro intercesor durante los tiempos de agitación política en Burundi. Él era sensible a la dirección del Espíritu Santo y oraba por nosotros cuando los soldados rodeaban nuestra casi y hasta que se subieron en su camión y se regresaron a las barracas. ¡Qué grande es nuestro Dios!

Los padres de Jim fueron misioneros por 50 años. Tenían cuatro hijos todos nacidos en África. Un día en conversación en África, el padre de Jim le dijo al misionero Metodista Libre (y futuro obispo) Gerald Bates que él tenía un hijo que deseaba ser misionero en África. Bates se puso en contacto con la Junta de Misiones Metodista Libre en los Estados Unidos para recomendarnos. Sabíamos muy poco acerca de la Iglesia Metodista Libre, pero yo la sentía como una puerta abierta. Fuimos enviados a servir como pastores de la Iglesia Metodista Libre de Pulanski, cerca de Spring Arbor, Michigan, por dos años para ayudarnos a conocer la Iglesia Metodista Libre mejor. Después de eso, fuimos aceptados para ir a Bélgica a estudiar el idioma francés y luego a África.

Nuestra hija mayor, Beth, nació en Kentucky antes de movernos a Michigan. Margi nació en Michigan. Ed nació en Burundi en el Hospital Kibuye Hope. Len nació en Michigan después de nuestro primer período en África. Beth falleció en Nyakarago, Burundi, como consecuencia de una caída. Ella quedó sepultada en el Hospital Kibuye Hope. Se construyó una iglesia con la ayuda de amigos estadounidenses en Nyagarago, en memoria de Beth.

Mi libro “Pendo” (la palabra swahili para amor) revela gran parte de lo que hemos tratado de hacer. Dios obra de manera maravillosa para perfecciones Sus planes en atraer almas a Sí mismo en un mundo de influencias que van en contra de Dios. Sentimos que es absolutamente esencial ser limpiados, llenos y dirigiros por el Espíritu Santo a fin de ser efectivos en nuestro trabajo.

Cambiamos de casa algunas veces después de llegar a Burundi en 1965; primero para aprender el idioma africano Kirundi. Antes de casarnos, ambos sabíamos que era la voluntad de Dios que nosotros fuéramos a África. Hicimos un compromiso interior como pareja y delante de Dios. Todos los días confirmamos ese compromiso entre nosotros por medio de la lectura de nuestras Biblias, orando juntos y manteniendo una relación de amor. Debido a que pueden surgir diferencias de opinión, la conversación nunca debe de adquirir calor que trastorne nuestra paz, si eso sucede, detenemos la conversación.

 

Martha Kirkpatrick, misionera jubilada que sirvió en África Central por 41 años es la autora de “Pendo” (fmchr.ch/pendo), y presbítero ordenada que ha servido como pastora asociada de la Primera Iglesia Metodista Libre de Indianápolis.

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