Si un Cristiano no se Pone de Pie para Dirigir. ¿Quién lo Hará?

Hace algunos años, después de tomar una bien improbable decisión a la edad de 30 años, de contender por la alcaldía de mi pueblo, mi madre me hizo la inevitable pregunta: ¿Por qué querrías ser un político? “¡Todos van a dirigir sus dardos en contra tuya y harán tu vida miserable!”

Respndí con indignación y con un tono de desaprobación: “No estaba hablando de mí como un político, sino más bien esperaba que alguien pensara de mí como un ´estadista´”. Más tarde a la hora de comer, ella comentó como de casualidad: ”Busqué la palabra ´estadista´ en el diccionario, y dice que un estadista es un político muerto”.

A pesar de esa respuesta menos que entusiasta, decidí competir, y terminé sirviendo en el puesto por 18 años como alcalde y miembro del concilio de Santa Bárbara, California.

Sin importar lo que algunos pudieran pensar sobre lo que el cargo implica, la mayor parte del trabajo termina tratándose sobre la manera de manejar diferencias de opinión sobre asuntos triviales tales como si la comunidad está de acuerdo en el tamaño, volumen y escala del desarrollo de una comunidad, o mediando en una disputa entre facciones contrarias cuya creencia es que todos los demás deben pensar como ellos.

La mayor parte del asunto es algo tedioso y requiere de gran cantidad de cafeína para sobrevivir. Aun así, se dan algunos eventos memorables que hacen que valga la pena. Algunos eventos hacen noticia, como el de tener una audiencia con la Reina Isabel de Inglaterra, o la ocasión en que me uní con el Presidente Ronald Reagan y el Premier Mikhail Gorvachov, de la Unión Soviética para una comida.

Los verdaderos puntos de satisfacción, sin embargo, surgieron cuando vi a la comunidad volcarse en resolver problemas que se venían arrastrando por mucho tiempo, o cuando vi el brillo de la emoción en los ojos de los niños al inaugurarse un nuevo parque en un sitio en el que jamás había existido ninguno.

Si todos se quejan de los políticos en el cargo, luego no es de sorprender cuando un cristiano se pone de pie para tomar la dirección. Alguien me dijo en una ocasión: “Yo no haría lo que tú hacer ni por todo el dinero del mundo”. Mi respuesta fue, y sigue siendo hasta este día: “Si no es a una persona de fe. ¿Entonces a quién vas a seguir? Necesitamos pararnos al frente, y animar, entrenar, y luego apoyar a las personas que son de empuje, sabiduría y habilidades para fijar las normas de nuestras comunidades.

Todos en mi iglesia me expresaban sus buenos deseos, pero al final de 18 años en el cargo. Solo puedo recordar un par de veces en las que alguien vino a mi oficina para orar conmigo sobre el rumbo que llevábamos como comunidad, o para pedir a Dios que me diera sabiduría en alguna difícil decisión que debía tomar. Por otra parte, también puedo recordar los comentarios que escuchaba cada semana en la iglesia sobre lo que no les gustaba que los políticos de nuestra comunidad estuvieran haciendo.

Creo que no debe sorprendernos que la mayoría de la gente sea cívicamente analfabeta cuando se trata de la manera en que funciona el gobierno local. En la mayor parte de las escuelas hay cursos sobre la fundación de nuestro país y cómo funciona el sistema de gobierno. La mayoría de las escuelas también enseña cómo funciona el estado en relación con el gobierno federal, pero casi nadie enseña sobre cómo opera una comunidad local. Sólo damos por sentado que toda la gente sabrá, pero en la realidad, ellos no lo saben.

¡Aquí es donde la iglesia puede hacer una contribución significativa! ¿Quién está en una situación más envidiable para invitarnos a una norma más alta de rendición de cuentas, conversaciones honestas, vivir con gratitud y compasión, y tratando de practicar una conversación sana?

Al terminarse mi período en el cargo, había aprendido dos verdades: 1) En las palabras de San Pablo, Dios “nos encargó a nosotros el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:19), y 2) el genio de nuestra república era que había sido fundada sobre una comunidad de diálogo. La reunión del cabildo del pueblo de Nueva Inglaterra se llevó a cabo en una iglesia más que fuera de ella. Uno de los más grandes regalos que podemos darles a nuestras comunidades en las que vivimos el día de hoy es el de propiciar “diálogos” entre personas con diferencias de opinión.

Necesitamos levantar personas de integridad que posean las habilidades de facilitar las conversaciones comunitarias, y luego darles el apoyo para rechazar los vientos de ataque. Necesitamos mostrar por otros el amor que Jesús demostró por nosotros.

Cuando dejé mi cargo, escribí algunas declaraciones clave de consejo para mi sucesor. Casualmente surgieron diez recomendaciones, de modo que las llamé: “Los Diez Compromisos del Liderazgo”, resultó que tuvieron un impacto universal, y la lista se publicó por todos lados, desde el Boston Globe, hasta la asociación de lecheros Midwest, y en las ciudades del estado de Washington. Yo considero que estas recomendaciones quedarían muy bien de compañeras de las “Reglas Parlamentarias” de Robert, en la dirección de cualquier reunión de negocios.

En mi propio pueblo, ahora pedimos a nuestros ciudadanos calificar a los líderes de gobierno en una escala del 1 al 10 sobre la manera en que creen que están trabajando nuestros líderes. Te pueden considerar un Líder Platino si consigues 90 puntos o más, un Lider Dorado en los 80 puntos, o un Líder Plateado a los 70 puntos. Si consigues menos que esa puntuación, es tiempo de dejar el cargo y tomar una ruta de refresco.

Diez Compromisos

Estos son mis “Diez Compromisos de Liderazgo”

1. Un compromiso de excelencia en la conducta personal

2. Un compromiso de proveer inspiración y visión

3. Un compromiso de conversaciones seguras y transparentes

4. Un compromiso de facilitar el diálogo en comunidad

5. Un compromiso de escuchar activamente

6. Un compromiso de ejercitar la sabiduría en el juicio

7. Un compromiso de ser un mayordomo prudente en el dinero y recursos

8. Un compromiso en el manejo del tiempo

9. Un compromiso de honrar a otros como participantes en el servicio

10. Un compromiso en la rendición de cuentas

Hal Conklin es presidente de las Comunidades Verdes USA, y el presidente de la junta de la Iglesia Metodista Libre-USA, la Iglesia Metodista Libre del Sur de California, y el Centro del Liderazgo Transformacional. Anteriormente sirvió como presidente de la Liga de Ciudades de California y como vicepresidente de la Liga Nacional de Ciudades.

 

 

 

 

 

 

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