Sello y Firma de Una Iglesia Sana

rlv_jan14_featurepor Matthew Thomas

La mayoría de nosotros no apreciamos en todo lo que vale la buena salud hasta que la perdemos. La consideramos como algo muy natural cuando la tenemos, cuando la perdemos, la anhelamos con pasión.

Yo me sentí miserable por un tiempo cuando tuve un problema de piedras en el riñón por más de tres años hasta que descubrí un remedio. Los últimos cinco años han estado marcados por la gratitud de tener una vida libre de sufrimientos físicos.

Uno se siente bien cuando tiene buena salud. También se siente agradable. Cuando nos sentimos bien, los demás se dan cuenta. Por eso es que hay tantos que andan en busca de la salud. Disfrutamos cuando nos sentimos y nos vemos bien.

Nuestra sociedad tiene un fuerte sentido de la salud porque hemos experimentado lo suficiente la falta de la misma como para decir que no la necesitamos. Los libros y la Internet promueven las dietas, el ejercicio, la vida equilibrada, el positivismo y las buenas relaciones. La salud es desafiada diariamente y no es fácil conservarla, pero la anhelamos y la procuramos — de allí la gran cantidad de materiales que la promueven.

La salud de una iglesia es igualmente apreciada, atractiva y con mucha demanda. Yo no conozco a nadie que ande en busca de una iglesia enferma. Conozco a muchas personas que llevan cicatrices de experiencias personales por esa clase de iglesia.

Del mismo modo que en la salud física, la salud de la iglesia tiene sus desafíos. No hay nada que haga más daño a un alma que hermanos y hermanas que estén en conflicto, o una iglesia atrapada en un malestar o que no está llevando a cabo su misión. Las iglesias enfermas no son atractivas ni equilibradas, y son marcadas por el sufrimiento y la distracción. Raramente crecen, y cuando lo hacen su crecimiento no es saludable.

Así como hay muchas personas que experimentan problemas y no se dan cuenta de la profundidad de los mismos, muchas iglesias enfermas viven negando su condición. Viven negando su falta de salud pues les parece más difícil resolverla que vivir en ella. Eso, en sí mismo, no es saludable. Es más causa de vergüenza negarlo, o simplemente tolerar la enfermedad que confesarla, ponerle nombre, definirla y trabajar para sanarla.

Desafíos del Primer Siglo

Casi todas las epístolas en el Nuevo Testamento fueron escritas por lo menos en parte, para enfrentar y resolver la falta de salud de la iglesia. Filipos experimentaba falta de armonía. Roma experimentaba algunos problemas étnicos. Galacia tenía problemas de legalismo. Colosas le daba cabida al gnosticismo. Jerusalén trataba de decidir la manera de cuidar a las diferentes clases de viudas. Tesalónica luchaba con asuntos de teología y práctica. Corinto tenía una mezcla de todos los anteriormente mencionados, salpicados con inmoralidad, tensiones en la adoración, y problemas con un liderazgo divisivo. Timoteo y Tito se entrenaron con la manera de enfrentar los conflictos, actitudes de criticismo, personas con motivos egoístas y personas que no estaban apoyando. Santiago se enfrentó a los añejos problemas del favoritismo — un síntoma clásico de la falta de salud.

La Biblia nos revela que la falta de salud en la iglesia era aparentemente común en el primer siglo. Siempre he considerado que es inadecuado e ingenuo cuando la gente dice con mucha seriedad: “Cómo desearía que recuperáramos en nuestros tiempos la iglesia del primer siglo”. Y yo les digo: “La hemos recuperado”.

Nosotros tenemos iglesias que deben recibir reconocimiento por su salud y buena conducta. Otras iglesias deben ser confrontadas por su mala conducta. Esa es la condición de la iglesia de hoy y del Nuevo Testamento. Asumir que había una iglesia mejor en otros tiempos es obnubilada por la presencia de los milagros en los días del Nuevo Testamento . Los milagros nos han dado la falsa impresión de que la Iglesia del primer siglo estaba libre de problemas. Esta impresión pasa por alto que la iglesia tenía personas celosas que eran expulsadas, caían muertas por mentir, intentaban comprar con dinero el poder del Espíritu Santo, peleaban por tener la autoridad, y deseaban la prisión o muerte de los apóstoles. Inclusive vemos apóstoles que confrontaron a otros apóstoles por la conducta indigna de un líder.

Si bien vemos muchos problemas en las iglesias de hoy, los problemas realmente caen bajo ls mismas categorías que tuvo la iglesia del Nuevo Testamento, si pudiéramos categorizar los problemas según los identifican y enfrentan los apóstoles, podríamos colocar el conflicto y los problemas en cuatro categorías de disonancia o falta de salud: teológica/conductual. Poder/control, relacional o estructural. En otras palabras, la enfermedad de la iglesia provino de una creencia y práctica pobres (Hechos 15, y 1 y 2 Corintios, Santiago). También surgió de situaciones de poder y de control de liderazgo (Gálatas, Filipenses 1:15–17, 1 y 2 Timoteo, y Filemón). Problemas en la iglesia surgen de disonancia relacional (Hechos 15:39, Filipenses, 3 Juan). Desafíos a la salud de la iglesia provienen de la enfermedad estructural u organizacional, simples cuestiones de un pobre manejo que dio lugar al sectarismo, o la introducción parcialmente de éste (Hechos 6:1-3; Romanos 12–15; 1 Corintios 12–14).

Problemas Actuales

Cuando vemos problemas o falta de salud en iglesias, usualmente podemos rastrear los síntomas hasta la causa de fallas en la práctica o en las creencias. Problemas de poder y control, disonancia relacional u organizacional que engendran frustración y conflicto. Estos asuntos a menudo están tan arraigados que no son fáciles de ver por lo que son, o son difíciles de enfrentar.

La evidencia más visible de la enfermedad es la desunión cuya causa es la falta de amor. Las iglesias que aman profundamente trabajarán estando alertas a fin de mantener la salud de la iglesia.. Sus miembros aman a Dios y al prójimo tan profundamente de tal manera que no van a tolerar la mentira o la falta de gracia.

Jesús vino lleno de gracia y de verdad. Las iglesias sanas van a estar llenas de gracia y de verdad. Las iglesias sanas estarán llenas con un compromiso de rechazar toda plaga (creencias o pecados) que dividen. Efesios 4:1-13 es la fórmula para la salud de la iglesia; atrayendo el amor, buscando la unidad, usando los dones para la edificación de otros, y una iglesia llena de Cristo y aprecio de los unos por los otros. La unidad es la señal para los de adentro y los de afuera, como dice Filipenses 1:27–28:

Pase lo que pase, compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo. De este modo, ya sea que vaya a verlos o que, estando ausente, sólo tenga noticias de ustedes, sabré que siguen firmes en un mismo propósito, luchando unánimes por la fe del evangelio y sin temor alguno a sus adversarios, lo cual es para ellos señal de destrucción. Para ustedes en cambio, es señal de salvación, y esto proviene de Dios.

Estar firmes es una señal de salud en la iglesia. Es también una señal para los de afuera de que esta es una confraternidad fuera de serie de personas que tienen lo que el mundo no quiere tener. La unidad es una señal de que Dios está en acción en la iglesia.

Matthew Thomas es uno de los obispos de la Iglesia Metodista Libre – USA. Visita fmcusa.org/matthewthomas para saber más acerca de él.
Matthew Thomas es uno de los obispos de la Iglesia Metodista Libre – USA. Visita fmcusa.org/matthewthomas para saber más acerca de él.

Conocida por el Amor

¿Qué se puede hacer para restaurar o preservar la salud en tu iglesia?

Primero: Hay que mirar la firma de la presencia de Dios (el amor) y la señal de la salud (unidad). Si tu iglesia posee ambas, alégrate por la salud de la iglesia de la que eres parte. Hay una diferencia entre el amor verdadero y la unidad, y una ligera ausencia de conflicto. La unidad y el amor verdaderos se dejan ver en una congregación de personas que verda-deramente buscan el beneficio de los demás y no atraer la atención hacia ellos mismos.

Segundo: Si sientes que falta la salud, identifica la clase de problemas que existe — creencias y prácticas, cuestiones de poder y control, disonancia relacional o temas estructurales. Permite al Espíritu del Señor hacer que el grupo entero vea las cosas claras. Tú no estás tratando de culpar a la gente. Lo que estás haciendo es tratar de llegar a la raíz de los pro-blemas. La falta de salud per se, puede no ser, una cuestión de pecado. Puede que sea simplemente una cuestión de prácticas que tienden a dividir, o una iglesia que de origen ha sido organizada carente de salud.

Tercero: Hablando la verdad en amor, procuren resueltamente corregir los problemas como un cuerpo entero y con una resolución unificada. La salud de la iglesia no se mantiene o se preserva por una sola persona comprometida a resolverla. Ustedes se dará cuenta que los apóstoles apelaban al grupo de la iglesia completa cuando enfrentaban los problemas.

Cuarto: “Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz” (Efesios 4:3). No se trata de que haya ganadores y perdedores cuando se trata de la salud. La unidad nunca se va a producir con actitudes así. Si tratamos de identificar a los ganadores y deshacerse de los perdedores, la salud de la iglesia nunca se dará.

Quinto: Alégrate con cada evidencia de salud. No tomes la salud de la iglesia como algo natural cuando ésta aumenta o se restaura. La salud de la iglesia es atractiva y te hace sentir bien. Convertirá a la iglesia en un sitio seguro y deseable. La gente procura comunidades sanas con el mismo interés con el que busca la salud personal.

Una iglesia sana tenderá a crecer. Dios la hizo con ese propósito. Las iglesias sanas llevan la firma y sello de su presencia.

 

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