Santidad en el Lugar de Trabajo

La jornada de trabajo incluye la tentación de cruzar la línea de lo que es santo a lo que es cómodo. El profundo deseo de aceptación puede llevarnos a comprometer nuestros valores y moral.

¿Cómo podemos vivir la santidad con las presiones de todos los días que nos son lanzadas en nuestro lugar de trabajo? Una respuesta sería quedarnos en el sendero del propósito y plan de Dios para nosotros. Cuando yo me veo abrumada y siento un mar de emociones inundando mi ser, puedo tener qué escapar y pasar tiempo sola en mi cuarto de baño, clamando a Dios para que me llene con el fruto de su Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio (Gálatas 5:22-23).

Todos los días traen un desafío de vivir por Cristo. A menudo el trabajo más grande del Espíritu Santo conmigo es enseñarme a persistir, a continuar haciendo lo correcto aún que ya no me parezca interesante o emocionante.

No se trata sólo acerca de hacer lo correcto cuando algo obviamente está mal. Necesitamos concentrarnos en hacer lo correcto cuando nuestros deberes se vuelven rutinarios. Esta ha sido una lección constante para mí desde que entre en mi décimo año como empleada de mi actual jefe. Es fácil llegar a ser complaciente y cómoda, y, por tanto, ser descuidada en mi toma de decisiones que no sean emocionantes y que hayan perdido su novedad. He cometido algunos errores a consecuencia de sentirme cómoda — sin demostrar santidad y tener qué volver a pisar el suelo como resultado de mi complacencia.

Dios está en su lugar de trabajo 24/7 restaurándome, salvándome, redimiéndome y ungiéndome para que pueda volver a descubrir Su llamado en mi vida. La unción para el ministerio nunca estuvo limitada solo para las reuniones en la iglesia. Juan 2:27 dice que la unción que recibimos de Dios permanece en nosotros. A todas partes a las que voy, la unción de Su Espíritu está disponible poderosamente para que yo demuestre el evangelio. Mi plataforma de ministerio puede que no sea un púlpito o un pequeño grupo, sino más bien mi negocio o mi vocación.

Sirviendo Estratégicamente
Dios está llamando a hombre y mujeres de influencia y poder en el lugar de trabajo para servir en forma estratégica para Su propósito. No podemos servir de forma estratégica sin adquirir un estilo de vida santo — ya sea en el hogar o en el trabajo. Llevamos nuestro estilo de vida sin importar donde estemos.

Comencé a hacerme las preguntas a mí misma siguientes: ¿Qué sucede si aprovecho mi camino hacia el trabajo como una oportunidad para orar por el día — por las decisiones que voy a tomar, por mis actitudes y por aquellos con quienes trabajo?

¿Qué pasaría si yo hago una oración como esta: “Señor, permite que mi vida y mi trabajo sean vistos de modo que provoquemos que la gente haga preguntas”? ¿Qué sucedería si yo viera de hecho a mi trabajo como un llamado — una oportunidad de reflejar a Cristo no solo de palabra sino con mis acciones?

Vivir la santidad no es solo evangelizar. No es solo repetir la jerga cristiana con las gargantas de aquellos con los que hago contacto. La santidad tiene qué ver con relaciones. Tiene qué ver con vivir la vida como Cristo la vivió.

Las relaciones vienen con el riesgo de ser rechazados o lastimados, pero sin riesgo, no puedo llegar a ser el agente de cambio que Dios me ha llamado a ser. Yo sé que todos los días tengo una oportunidad de llegar a ser parte de la historia de alguien. Cada día mi historia interacciona con otras personas.

Una de mis oraciones cotidianas es: “Señor, dame ojos para ver y oídos para oír lo que tú necesitas que yo vea y oiga el día de hoy.” Tengo qué poner atención en los que se cruzan en mi vida. Tal como mi vida se ha cruzado con Dios, mi vida todos los días se cruza con otros para influir en ellos. Mi historia se convierte en parte de su historia. Mi manera de actuar, y la estela que voy dejando en mi camino pueden hacer una diferencia eterna.

Sal y Luz
De acuerdo a lo que dice Mateo 5:13-14, “Ustedes son la sal de la tierra … Ustedes son la luz del mundo.” Tanto la sal como la luz son agentes de influencia — no agentes de poder o de control. Este es un gran recordatorio cuando yo trato de ejercer el liderazgo de siervo. No se trata de poder o de control sino de una amplificación — de agregar valor a una situación o circunstancia.

No importa la manera cómo comenzó mi historia, es responsabilidad mía escribir el final, lo mismo se aplica a las personas con las que me cruzo diariamente. Dios busca personas para revelar Su historia, él me quiere usar para ayudar a otros a hacer exactamente eso. Soy colaboradora de Dios (edificando juntos Su reino en colaboración). “Él crea a cada uno de nosotros por medio de Jesús para unirnos a la obra que Él realiza, “las buenas obras, las cuales él dispuso de antemano a fin de que las pongamos por obra” (Efesios 2:10).

Carol Duberowski
Carol Duberowski, una ejecutiva de negocios de Los Ángeles, ha trabajado en equipos ejecutivos de administración en el mundo de los negocios por más de 20 años. Su cúmulo de experiencias como voluntaria incluye un viaje misionero a Etiopía y servicio en juntas y comisiones de su iglesia local, Confraternidad Cristiana Luz y Vida Norte, en Long Beach, California; su conferencia, la Iglesia Metodista Libre del Sur de California; y la Iglesia Metodista Libre – USA.

Todos tenemos influencia en nuestro lugar de trabajo, no importa que seamos el director general o que manejemos un montacargas. Nuestro ejemplo es la mejor manera de presentar las buenas nuevas.

En el lugar en el que yo trabajo, uno de los trabajadores del almacén se sienta en su automóvil a leer su Biblia todos los días a la hora del lonche. Él ha tenido muchas oportunidades de compartir las buenas nuevas pero antes que nada construyó una buena reputación y demostró sus valores, la gente comenzó a hacerle preguntas. Ha comenzado a regalar Biblias, ahora lleva a cabo un estudio bíblico con algunos de los trabajadores del almacén.

Atraer personas al reino de Dios es trabajo de Él. Mi responsabilidad es ser una herramienta dispuesta para que Dios la use, permitirle usarme a mí y a mi historia para cambiar la manera en que terminen las historias de los demás.

¿Cómo es entonces la santidad? Es procurar que el Espíritu de Dios te guíe; dándote la sabiduría del lugar al que quiere que vayas y el lugar al que no quiere que vayas. Es mantener tus normas en alto, actuar sabiamente y hacer el bien siempre que puedas, y que los frutos se hagan evidentes en tu vida día con día. Ya sea en el trabajo, en el hogar o con tus amigos, debemos estar “aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos. Por tanto, no sean insensatos, sino entiendan cuál es la voluntad del Señor” (Efesios 5:16-17).

Somos llamados a emular Su santidad en nuestra manera de conducir nuestra vida en nuestro lugar de trabajo. Sigamos el consejo de Pedro: “Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia. Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; pues está escrito: ´sean santos, porque yo soy santo´” (1 Pedro 1:14b-16).

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