Rompiendo el Ciclo de la Adicción a la Pornografía

Más de 17 años, ese es el tiempo en el que he sido libre—libre de un pecado y un lazo del que la iglesia raras veces habla. Mientras nos enfocamos en los “grandes pecados”, a menudo evadimos los pecados y luchas que asuelan a la iglesia. Es posible que se deba a que golpea de cerca a nuestra familia, es posible que sea porque no queremos perjudicar nuestra lista de asistencia, es posible que se deba a que no estamos seguros de dirigir a alguien a través de la adicción. Debemos ponerle nombre, debemos sacarla de las tinieblas a la luz. Hablamos de la adicción a la pornografía.

Un estudio del Grupo Barna y Ojos del Pacto muestra que 68% de los varones que asisten a la iglesia ven pornografía de manera regular y 87% de las mujeres cristianas admiten haber visto pornografía. Y lo más asombroso es el hecho de que 50% de los pastores luchan en secreto con este lazo de adicción (Visita fmchr.ch/conquer para acceder a más estadísticas sobre la manera en que la pornografía afecta a la sociedad y a la iglesia).

He descubierto que, en mi propia vida, la transparencia es la única manera de realmente encontrar el poder para liberarnos. Mientras el pecado viva en las tinieblas, seguirá creciendo y ganando fuerza. Es cuando lo sacamos a la luz y confesamos nuestras debilidades, pecados y luchas que el poder de Cristo nos libera en nuestras vidas. La Escritura nos dice en 1 Pedro 2:9: “Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”. Dios nos ha llamado a salir de las tinieblas de pecado, a la luz de Su glorioso amor, perdón, gracia y misericordia.
¿Qué si la iglesia tomara en serio el llamado de Santiago 5:16, de “confesar unos a otros sus pecados”? ¿Qué si hubiera una vulnerabilidad que cada creyente aceptara? ¿Qué si oráramos por, nos animáramos unos a otros aún en medio de nuestras debilidades?

Un Lugar de Máscaras
He asistido a la iglesia en diferentes denominaciones a través de mi vida. Fui bautizado como niño en una iglesia del Nazareno y pasé mi primera infancia en una Iglesia de Cristo. Como adolescentes, anduve entre las Asambleas de Dios y la Iglesia de Dios. Como estudiante universitario, asistí a la iglesia Católica. Finalmente, como adultos, mi esposa y yo fuimos guiados a la Iglesia Metodista Libre. En cada una de mis experiencias con la iglesia, encontré que tienen una cosa en común. La iglesia ha sido un lugar de máscaras con personas que se detienen antes de entrar en la iglesia para acomodar su imagen externa mientras ponen una máscara a sus luchas internas.
A todos nos ha dado la bienvenida algún ujier: “¿Cómo estás?” Nuestras respuestas ya están programadas: “Muy bien, gracias”, o, “Bien, y tú, ¿cómo estás? O algo así, pero a menudo nuestra respuesta no es verdadera. Es posible que llevemos puesta nuestra máscara, o hemos llegado a sentirnos cómodos en las tinieblas y tenemos temor de lo que la luz pueda revelar.

Honestidad Brutal
Por cinco años y medio, mi esposa y yo servimos como directores de jóvenes en la Iglesia Metodista Libre Robinson. Durante ese tiempo, experimentamos una brutal honestidad tomando forma en el grupo de jóvenes –nada de pecado de orgullo, nada de alardes de nada, o defectos, pero sí una brutal honestidad que acepta la verdad de dónde estamos y con qué estamos luchando. Los jóvenes se reunían unos con otros y en el altar, imponían manos y oraban por una verdadera libertad. Nadie juzgaba a nadie, no había chismorreos, nada ridículo. Nadie te veía para abajo, nadie denigraba a nadie. ¿No es esa la iglesia que Cristo desea?
Si la iglesia realmente quiere que la gente sea liberada, luego tenemos que hacer de nuestros lugares de adoración, lugares de una genuina transparencia, con una envoltura de amor incondicional, con gracia y misericordia llenas del Espíritu. Hemos escuchado decir: “Ama al pecador y odia al pecado”. No estoy seguro de que esta afirmación sea lo que Cristo tenía en mente para Su iglesia. Yo creo que debemos amar al pecador, enseñar al pecador, ser pacientes y perdonadores con el pecador. En lugar de odiar el pecado de las personas, debemos enseñarlas a odiar su pecado, y debemos aprender a detestar los nuestros.

Cómo Seguir Siendo Libres
Una vez que somos liberados de nuestra adicción, ¿cómo seguimos siendo libres? Me he dado cuenta en mi vida, que vivir bajo el sistema de “vallas de contención” me ha producido el mayor de los éxitos. Las “vallas de contención” existen para impedir que alguien se salga de curso en zonas peligrosa, y algunas veces mortales. Esas vallas nos ayudan a llegar a nuestro destino. Cuando yo me vi libre de la adicción de la pornografía, ya no quería volver atrás, de modo que levanté vallas doblemente resistentes. Mi esposa y yo cancelamos todos los accesos a la internet (ya sé, ahora realmente debes de pensar que me la perdí). Me hice responsable ante mi esposa por cada minuto de cada día, y cerramos el acceso parental a nuestra TV. Estas vallas explican la razón de que estemos felizmente casados ya por más de 18 años. Hasta el presente, seguimos sin tener internet. No tenemos Facebook. No tenemos Twitter. Seguimos manteniendo cerrado acceso parental a la TV, y seguimos usando teléfonos normales.

No estoy diciendo que todos hagan lo que yo hice, pero sí te desafío a no darle al diablo un apoyo en ninguna área de tu vida, no importa el costo. La libertad es digna de cualquier sacrificio que podamos hacer.

¿Qué podemos hacer como iglesia? Como iglesia, necesitamos comenzar a enfocarnos en ser la luz en las tinieblas en lugar de ser apabullados por las tinieblas. Debemos enfocarnos en mostrar el verdadero amor de Jesucristo y no tratar de ser como jueces y jurados del pecado. Los que luchan con la adicción no necesitan a ninguna persona o grupo que los vea hacia abajo. Ellos necesitan a alguien que los ame, los enseñe, y esté con ellos. La verdad es que la transparencia trae transformación, y Jesús trabaja en el negocio de la transformación. Seamos transparentes.

Eric Harmon es el pastor principal del Centro de Adoración New Hope (Nueva Esperanza), una iglesia Metodista Libre en Charleston, Illinois. Él y su esposa, Jami, plantaron el Centro de Adoración New Hope en la primavera de 2016. Antes de ser el pastor principal, Eric y Jami eran directores de jóvenes de la Iglesia Metodista Libre Robinson, de Robinson, Illinois.

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