Respiración Espiritual

A través de los años, sigo regresando a lo que es mi sermón wesleyano favorito: “El Gran Privilegio de los que Son Nacidos de Dios”. Por medio del mismo, captamos un atisbo de la vibrante y dinámica neumatología (i. e. doctrina del Espíritu Santo). Muchas personas relacionan a Wesley con la santidad; lo que muchos pueden no reconocer es que el enfoque en la santidad se basa mucho en la persona y obra del Espíritu Santo. Este sermón puede servirnos mucho para ver las conexiones más claramente.

Wesley comienza haciendo resaltar las diferencias entre la justificación y el nuevo nacimiento. Muchas personas simplemente utilizan estos términos indistintamente. No así Wesley. Él recalca: “Con mucha frecuencia se ha supuesto que ser nacido de Dios era todo uno con el ser justificado. … Pero aunque se puede permitir que la justificación y el nuevo nacimiento son, en un punto en el tiempo, inseparables uno con el otro, todavía se distinguen fácilmente como no siendo lo mismo, pero las cosas son de una naturaleza ampliamente diferente”.

Mientras que algunos querrán pensar de manera expansiva en la justificación como que es una “categoría maestra” para abarcar todo lo que Cristo ha hecho por nosotros, Wesley decide delimitarla a fin de proveer espacio para metáforas igualmente válidas, mismas que, en este caso, serían el nuevo nacimiento. El tema de la justificación ciertamente aparece en los escritos de Pablo, pero el tema del nuevo nacimiento viene a ser la “regla dentro de la regla” de Wesley. En pocas palabras, el nuevo nacimiento es una noción importante para hacerla resaltar en sus propios términos.

¿Qué es lo que establece la diferencia? En la mente de Wesley: La justificación implica solo lo relativo, el nuevo nacimiento, un cambio real. Al justificarnos, Dios hace algo por nosotros: al engendrarnos de nuevo Él hace la obra en nosotros. El lenguaje de “lo relativo” aquí significa un cambio en status y relación—ya no estamos distanciados de Dios una vez que hemos sido justificados. Pero el punto de Wesley aquí es resaltar un “verdadero” cambio con el nuevo nacimiento — “verdadero” en el sentido de que se da dentro de nuestros corazones; es definitivo; implica transformación. Con cambio “verdadero”, los pecadores se vuelven santos.

¿Cómo se hace este cambio, y qué es lo que implica? En una hermosa sección del sermón, Wesley elabora cómo este cambio “se forja en el alma por la operación del Espíritu Santo, [es] un cambio en la manera completa de nuestra existencia; porque desde el momento en que somos ´nacidos de Dios´ vivimos de una manera muy diferente de lo que lo hicimos antes; estamos, se puede decir, en otro mundo”.

Podemos sacar un par de conclusiones de esta observación. Primero: el verdadero cambio en nosotros — la clase que nos marca de nuevo fundamentalmente como si fuéramos “nacidos de nuevo” — es la obra del Espíritu Santo. Sí, podemos afirmar con Pablo que “nadie puede decir: ´Jesús es el Señor´ sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12:3), pero aquí estamos hablando de algo aún más profundo y más incisivo. La confesión es una cosa; ser totalmente transformados es otra, y la obra de transformación es propiamente la obra del Espíritu Santo. El cambio es tan profundo que Wesley enfatiza un segundo punto, que crea un estilo de vida que es de otro orden, Es como si estuviéramos en otro mundo. ¿Qué podría significar eso?

Wesley responde esa pregunta promoviendo un tema que ha aparecido en varias tradiciones místicas y espirituales de la Cristiandad: los sentidos espirituales. Esencialmente, Wesley sugiere que estar en otro mundo significa sentirnos en ese mundo de una manera diferente, y lo más importante, sentir a Dios de manera diferente, y lo más importante: sentir a Dios de manera diferente. Existen los sentidos físicos como los “grandes cinco”, pero en la teología de Wesley, existen también sentidos espirituales — sentidos que son despertados por el Espíritu Santo. Wesley habla acerca de personas que antes de nacer de nuevo pueden no ser sensibles a Dios—la presencia de Dios no es fácilmente discernible para ellas, o la voz de Dios no será fácil de escuchar; sus “ojos espirituales” están cerrados.

Pero, Wesley hace un contraste, cuando una persona es de Dios, es “nacida del Espíritu, ¡Cómo ha cambiado el modo de su existencia! Su alma toda es ahora sensible a Dios. … El Espíritu o aliento de Dios es inspirado inmediatamente, aspirado por el alma nacida de nuevo, de modo que es continuamente entregado por el amor, la oración, y la alabanza, y la acción de gracias — el amor y la alabanza y la oración están siendo aspirados por cada alma que es realmente nacida de Dios. Y esta es una nueva clase de respiración espiritual, la vida espiritual no es solo sustentada sino incrementada día con día, junto con la fuerza, moción y sensación espiritual; todos los sentidos del alma han sido ahora despertados, y pueden ´discernir´ el ´bien y el mal espiritual´”.

Respiración espiritual; ¡Qué hermosa imagen! En mi opinión, es una idea sugestiva de pensar en la santidad de aquellos que están en Cristo. Es la manera que me parece que tiene sentido el llamado de Pablo de que “viven conforme al Espíritu fijan la mente en las cosas del Espíritu” (Romanos 8:5).

El Espíritu Santo nos da vida con amor santo, bondad y gracia. Estas son más operativas cuando el Espíritu Santo nos cambia desde adentro en una manera poderosa y maravillosa que de ninguna manera de hablar servirá para ilustrarla de otra manera que hablando de un “nuevo nacimiento”. Como resultado, somos despertados para ser más dados a conformarnos, responsabilizarnos y sensibilizarnos a Dios. Hay una unión, o acción de reunirse aquí que recalca la conformidad, la responsabilidad y la semejanza. Como resultado, nosotros re-aspiramos ese Espíritu nuevamente a Dios con ese mismo amor santo, bondad y gracia que están registrados de modo significativo en nuestras vidas por ese mismo Espíritu. Es una imagen de “regreso a casa”, por así decirlo — creación re creada para así vivir como uno con su Fuente y Destino. Esto verdaderamente es la entrega de la adoración a Jehová en santo esplendor (véase Salmos 96:9). ¿Te puedes imaginar esta visión? ¿La puedes sentir?

 

Daniel Castelo, Ph.D., es un presbítero Metodista Libre y profesor de Dogmática y teología constructiva en la Universidad de Seattle Pacific. Ha escrito gran cantidad de libros, y su invesiigación incluye como enfoque sobre la doctrina del Espíritu Santo.

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