Rendición de Sexo Seguro

“¡Seif!” (seguro), resuena el grito del ampáyer mientras el pie del corredor pisa la primera base tan sólo en una milésima de segundo antes de que la bola se introduzca en el guante del primera base con un sonoro “¡whap!”. El corredor está seguro sólo por su posición en un punto preciso. Si su pie se desvía de la base, no estaría seguro.

Se habla mucho en nuestros días sobre la seguridad. Cuando yo era niño, dejábamos caer las tapas de nuestros botes de soda mientras nos la tomábamos. Nos subíamos a la parte trasera de las camionetas pickup y jugábamos en el bosque todo el día sin que nadie nos supervisara. Actualmente, especialmente en este momento definido como de coronavirus, hablar de seguridad es un tópico de todos los días. Ahora llevo una mascarilla a la tienda de abarrotes para estar seguro. ¿Para qué una mascarilla? ¿En serio? Sí, en serio, porque mis acciones juegan un papel en el bienestar general de la humanidad.

Tus acciones juegan un rol en el bienestar general de la humanidad. Estamos aprendiendo de nuevo todo esto. Los días de “haz lo que quieras, siempre y cuando no perjudiques a nadie más” (aunque no era verdad) ha demostrado no ser verdad en todo un nuevo nivel. Se ha necesitado un virus para reiniciar nuestra manera de pensar y ver cómo nosotros, como miembros de la comunidad humana, nos sentimos cómodos, aunque otros se consideren a un nivel superior a nosotros. ¿Pero cuáles son los límites? Como esta edición de REVISTA LUZ Y VIDA se titula Sexualidad Santificada, y la palabra “santificada” significa “apartada”, es correcto si enmarcamos nuestra sexualidad en sumisión a Jesucristo.

La sola idea de seguir a Jesús significa que estamos cargando una cruz, sirviendo, dando, siendo imitadores de Cristo. ¿Qué significa eso para nosotros? Significa que todo lo que tiene que ver con nosotros está en sujeción a la voluntad de Dios. Yo no he descubierto una sola área de mi propia vida que Jesús la vea como externa, o que sea libre de sujeción a Su control. Sí, tengo luchas para estar seguro, pero nunca me sentiré absuelto de ningún pecado que necesite ser rendido.

Nuestra sexualidad no está exenta. La gran tripleta de la modernidad es dinero, sexo y poder. A la vez que es aceptable hablar de los males del amor al dinero, y las opiniones sobre quién detenta el poder, abusa del poder y lo ejerce son parte de toda conversación racial, y relacionada con el gobierno, de alguna manera se vuelve tabú decir que nuestra sexualidad es importante para Dios y debe ser sujeta a Su voluntad, igual que nuestro dinero y poder.

Todos somos conscientes de las maneras aparentemente incontables en que ha sido pervertida la sexualidad. El sexo seguro es el sexo que se rinde. Dios claramente ha revelado que la expresión sexual está reservada para la unión marital de un pacto entre un hombre y una mujer. Toda expresión fuera de esos límites no sólo es insegura, es pecado. El pecado sigue dañando a este mundo y a los demás dentro del mundo. El pecado es lo que llevó a Jesús a morir, y morir en Jesús es lo que nos lleva a la vida. La muerte al yo – santificación – por necesidad demanda la inclusión de todo nuestro ser, incluido el sexo. Sabemos cómo daña a las personas el abuso del poder, y sabemos cómo el abuso del dinero daña a las personas, pero hemos sido engañados para que creamos que el abuso del sexo (al menos selectivamente) ya no daña a las personas. Todo el sexo fuera del diseño marital del pacto de Dios es dañino para toda la familia humana.

El Obispo Emérito David Kendall, con el respaldo de la Junta de Obispos, formuló el documento de posición de la IMLUSA publicado en esta revista. Él no solo señala los problemas de la actividad sexual, pero también la de la vergüenza de la sociedad sobre la inactividad sexual. Yo te animo a que vayas y leas los puntos cruciales en contexto que se encuentran en la página 4 del documento.

Ríndelo. “Todo a Cristo yo me rindo, todo rindo en libertad. Los placeres he dejado, Y agradarle sólo a él. Todas las personas que encuentran la vida en Cristo deben atravesar la puerta de la rendición (entrega). Todos hemos pecado, todos tenemos un pecado que nos ataca muy fácilmente, y todos debemos caer de rodillas ante el Señor de señores con las manos extendidas.

Desde Jeremías 7:8-10 hasta las cartas a las Iglesias en el Apocalipsis, encontramos advertencias al pueblo de Dios que se siente inseguro.
El punto de vista de Dios sobre la sexualidad no es lo que el mundo conoce como “sexo seguro”, sino más bien es la seguridad en la entrega.

Brett Heintzman es el editor de LUZ Y VIDA, por medio de su rol como director de comunicaciones de la Iglesia Metodista Libre – USA, donde también sirve como sub director del Ministerio Nacional de Oración. Visita freemethodistbooks.com para ordenar sus libros “Convirtiéndote en una Persona de Oración”, “Pueblo Santo” (Volumen 1 de la serie “Vital”), Jericó: Tu Peregrinaje a la Liberación y a la Libertad” y “La Encrucijada: Preguntando por las Sendas Antiguas”.

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