Rendición de Cuentas

Nos gusta retrasar algunas cosas lo más que sea posible. Eso incluye nuestros cumpleaños, el tiempo con la familia antes de ir al trabajo, vacaciones y buenas comidas con grandes amigos. Esperaríamos terminar otras cosas tan pronto como sea posible. Eso incluye los días demasiado atareados, las visitas al dentista, la espera de un reporte de biopsia, y esperar el tiempo necesario para saber si se nos ha concedido un empleo o no. El tiempo se siente distinto en cada situación, aunque no es tan flexible como parece.

Algo en lo que todos podemos estar de acuerdo es si estamos en el número de los que van perdiendo una proposición, o alguien se ha aprovechado, o abusado de nosotros, anhelamos una resolución buena y rápida que termine con nuestro sufrimiento. Pienso que alguien que haya sido impactado por la injusticia de otros quiere que el término de su sufrimiento llegue tarde o temprano. Los que son responsables de causar sufrimiento generalmente no desean que su tiranía termine. Los que hemos sido dañados por otros quisiéramos apresurar la resolución, ser salvos del abuso o del daño, y asegurarnos de que los perpetradores sufran las consecuencias de sus acciones.

Hay un término que salta en la Biblia, que describe esa misma esperanza. Es “el día del Señor”. Ese término emerge en toda la Biblia y generalmente conlleva algunos términos que son duros para todos los que necesitan su aparición. Términos como ira, terrible, nube, enojo y temible se usan con “el día del Señor”. Podemos encontrar estos términos en Isaías 13, Ezequiel 30 y otros lugares que describen un día cuando se arreglen las cuentas. El término fue usado en diferentes historias y escenarios para describir cómo será cuando Dios imponga la justicia en la historia humana.

Muchas personas consideran que el término es intimidante y por momentos atemorizador del juicio duro y severo asociado con el día del Señor. Yo me incluiría en esa multitud de hace muchos años. Algunas personas incluso se han esforzado por comprender cómo un Dios amante puede activar un día, o días de exterminio. Pero realmente no debemos rechazar ese día — el día del Señor — a no ser por la razón que es finalmente la esperanza de todos los justos. La gente puede clamar que Dios haga algo para reparar lo que ha sido roto. Queremos que la tiranía cese, que los gobiernos opresivos caigan, que los abusadores reciban lo que se les viene, y que los malos sean detenidos. El “día del Señor” se encuentra en verdad entre las mejores noticias y mejores respuestas imaginables a la oración.

Los que deben temer el día del Señor son aquellos que han sacado al Señor de sus vidas y han aterrorizado a otros alrededor de ellos. Las malas personas y los que han sacado a Dios de su mundo son los que deben esperar el día del Señor con sobriedad, y esperamos que se preparen con acciones correctivas. Para ellos, es un día para reconocer sus malas acciones.

Para los que han vivido por fe, pero han sufrido miserias a manos de malas personas, es el lado obscuro de las buenas nuevas que han esperado a través de sus vidas. Si existen las buenas nuevas, debe venir destrucción de las malas nuevas aparentemente interminables. Para los que han sido objeto de abusos, que los abusadores reconozcan que han hecho mal son buenas nuevas. Para las personas cuyas interminables pruebas y dolor han sido causadas por otros, la liberación de la opresión es ciertamente algo que ellos esperan.

Una nota adicional se debe añadir a la conversación sobre el día del Señor. Debe hacernos pausar, porque no deja pasar nada—bueno o malo, justo o injusto. En el Antiguo Testamento, el día del Señor que esperaban Jeremías y Habacuc era acompañado por la devastación que impactaba a toda la nación — justos e injustos. Sus propios amigos y familias estaban en ambos lados del libro mayor. Eso hace que todos tomemos una pausa. Todas las personas justas que tienen a alguien en su propia familia que haya causado daños a otros, naturalmente tendrán algún sentimiento de dolor cuando piensan sobre la liberación de la injusticia. Después de todo, su ser querido puede ser solo esa persona que cosecha todo el peso de la justicia correctiva, a fin de que otros sean liberados. También los malos tienen padres, también los abusadores tienen amigos y familia que ya llevan las marcas del sufrimiento.

Habacuc clamó a Dios procurando justicia (1:1-4) en su propio país donde reinaba el mal sin ningún freno. La decisión de Dios, de llevar a cabo acción correctiva (1:5-11) en la respuesta a su oración no se cumplieron las expectativas de Habacuc (1:12-17). Parecían ir más allá de lo que Habacuc había pedido. Sin embargo, Habacuc sabía que los caminos de Dios son rectos y que Él es digno de confianza (2:1). De modo que en su tercera ronda de oraciones cambió un poco reconociendo el derecho de Dios de hacer cambios sobre la marcha (3:1-2). Él pudo reiterar su confianza en Dios y afirmar el carácter de Dios y llevar un registro sobre un juicio recto (3:3-15). Al final del día, él sabía que podía confiar y creía que Dios haría lo correcto (3:16-19). Habacuc consideraba que el juicio era doloroso pero necesario. Nosotros haríamos bien en ver las cosas de una manera similar.

Todos aquellos que han clamado por ayuda—de que Dios haga algo—deben saber que Dios les dará Su ayuda. Él hará algo. Todo aquel que haya marchado, clamado, protestado o resistido al mal debe saber que Dios ha oído la oración y Él responderá. Toda aquella persona que camina con fe en Dios, creyendo que Dios es un Dios de amor, debe saber que las buenas nuevas de Su amor van acompañadas por la expulsión de todo lo que es contrario a Su amor. Deben conocer la palabra que con más frecuencia acompaña “al día del Señor”. Esa es la palabra “cercano”.

Los que piden que Dios corrija lo que está mal deben tener ánimo de que Dios haya utilizado días en el pasado cuando la justicia ha sido ejercitada, y por eso nosotros ahora estamos mejor. También debemos de saber que viene el día cuando Él confirmará Su soberanía y compromiso de arreglar todas las cuentas que necesitan ser arregladas. Él lo ha hecho antes. Él lo hará de nuevo. Él les parte de las buenas nuevas que deben calmarnos y despertar nuestra alabanza al mismo tiempo.

 

Matthew Thomas es el autor de “Completing Project Me” (Terminando el Proyecto Yo,  fmchr.ch/bmtcpm) y “Living and Telling the Good News” (Viviendo y Contando las Buenas Nuevas, fmchr.ch/bmtgoodnews). Él se retirará el 1 de octubre de su encargo como obispo principal de la Iglesia Metodista Libre—USA, de la que ha sido parte activa desde 1979. Sus roles de ministerio han incluido servir como pastor, plantador de iglesias, misionero y superintendente.

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