Reflexiones de una Pionera del Ministerio Urbano

Las raíces de Donna Saylor en un pequeño pueblo pueden hacerla parecer como una persona poco probable de convertirse en una de las principales practicantes del ministerio urbano y multicultural de la Iglesia Metodista Libre.
“Nací en Pekín, Illinois, cerca de Peoría”, dijo Saylor, quien recientemente se jubiló después de décadas como misionera urbana, en una entrevista con LUZ Y VIDA. “Crecí en escuelas para puros blancos en un pueblo muy racista”.
Asistió al Colegio Greenville (ahora Universidad) con el propósito de ser una maestra en Illinois, pero la trayectoria de esa carrera cambió gracias a un avivamiento en 1970, que se inició en un colegio de Kentucky y pronto se extendió a Illinois y otros estados.

“Yo estaba en Geenville durante el avivamiento de Asbury, y salpicó a todos los campus de Greenville, impactando las vidas de todos nosotros”, dijo Saylor. “El Señor me había llamado poderosa y claramente para ser una misionera en el interior de las ciudades durante ese tiempo, y yo no sabía lo que eso significaba”.

Su llamado llegó, aunque la frase “ministerio urbano” no era muy común a principios de los 70. Cuando escribía para el periódico estudiantil de Greenville, entrevistó a un pastor visitante negro, quien la motivó a seguir el llamado de Dios para servir a través de las líneas raciales. Ella trabajó en el Este de St. Louis durante el verano para adquirir experiencia urbana.

“Yo sabía que tenía que realizar cambios en mi propia vida”, dijo: “Sabía que tenía que arrepentirme de mis prejuicios. Dije: ´Señor, yo sé que tengo prejuicios. Crecí en un pueblo en el poniente, de puros blancos. He escuchado toda clase de comentarios racistas durante toda mi niñez´”.

Saylor se sintió especialmente cómoda entre blancos e hispanos, quienes parecían ser atraídos también por ella.
“Salí de Greenville [después de graduarme en 1972] y entré directamente al trabajo, a enseñar y ministrar en Newark, Nueva Jersey. Estaba en una escuela para puros alumnos negros y participé con Dwight Gregory en una plantación de la Iglesia Metodista Libre en ese lugar al mismo tiempo en Passaic”, dijo Saylor.

Luego asistió a la escuela superior en Ohio, en la Universidad de Akron, y recibió un título en educación con enfoque en el trabajo como especialista en lectura.

Las Conexiones CUE

Siendo una graduada universitaria, asistió al primer Intercambio Continental Urbano en 1974 en la Casa Internacional de la Amistad en Winona Lake, Indiana, donde la denominación tenía sus oficinas generales en aquel tiempo.

“Básicamente el primer CUE (Encuentro Continental Urbano, por sus siglas en inglés) era solo un abigarrado conjunto de personas que realmente se interesaban en la ciudad, o estaban en la ciudad y tenían experiencia”, dijo: “El Obispo [Robert] Andrews me había invitado a asistir porque le había propuesto a la Junta Misionera que yo estaba pensando en la ciudad de Nueva York como un campo misionero”.

Saylor dijo que la Junta de Obispos tuvo una “muy intensa” reunión con participantes de CUE quienes entregaron el mensaje: “La gente de los Estados Unidos estaba en las ciudades, y nosotros como iglesia debíamos estar en las ciudades para ministrar a las personas que vivían en ellas, y necesitábamos ser más diversos. Necesitábamos tener un liderazgo multicultural”.

La primera reunión condujo a la década de involucramiento de Saylor con CUE, que eventualmente dio como resultado la formación de la Confraternidad Urbana Metodista Libre. CUE y FMUF desafiaron el período del tiempo de la preferencia evangélica del ministerio homogéneo en el que se creía que las personas debían ser atraídas a iglesias en que los miembros fueran similares a ellas.

“Muchos de nosotros sentíamos apasionada y claramente que esta [diversidad] era lo que Dios quería y que debíamos permanecer juntos – toda la parentela, cada tribu, cada nación que alababa y adoraba a Dios en conjunto”, dijo Saylor, quien añadió que CUE atrajo a mujeres en el ministerio junto con minorías raciales y étnicas que no estaban recibiendo autoridad ni reconocimiento en ninguna otra parte. “Teníamos qué orar intensamente unos por otros”.
Aunque CUE y FMUF ya no están activos, su trabajo condujo al lanzamiento de una fuerza de tarea afroamericana, que luego se convirtió en la Red del Legado Africano, y la Red Latina.

Brooklyn, Nueva York

Después de terminar la escuela superior, Saylor se mudó al barrio de Brooklyn, de la ciudad de Nueva York en 1976, el mismo año en que CUE se llevó a cabo en esa ciudad. Ella trabajó en Brooklyn en áreas tan diversas como la educación cristiana, ministerios de discipulado y oración. Trabajó con algunos equipos de pastores mientras que a la vez alcanzaba a personas de diferentes edades mediante un ministerio de mujeres, y dirigiendo un día de campo con niños, y realizando clínicas. Se volvió muy activa en el movimiento de Conciertos Internacionales de Oración y supervisó toda la participación de las iglesias de Brooklyn.

“Yo sufría por mi amor por la ciudad. Era algo increíble”, dijo Saylor: “Brooklyn realmente era mi tierra prometida”.

Se relacionó con los pastores de Brooklyn, como el autor Jim Cymbala, el pastor principal del Tabernáculo de Brooklyn, quien compartió acerca de Jeremías 29, e hizo énfasis en cubrir la ciudad y orar por su bienestar y prosperidad.

Su trabajo con niños le sirvió para llegar a personas que de otra manera no hubieran hecho contacto con los Metodistas Libres.

“Un programa de mentoría y de restauración siempre es necesario, y es algo que abre puertas. Yo pude entrar en hogares en los que nadie podía entrar simplemente porque yo era maestra y me preocupaba por los niños”, dijo.
Saylor comenzó a estudiar español en el séptimo grado, y también tomó clases de español en la universidad. Ella recibió instrucción adicional en un instituto en Costa Rica que entrena misioneros con vistas a trabajar en naciones de habla española. En lugar de ir a un campo misionero extranjero, Saylor regresó a Brooklyn donde su conocimiento del español le ha servido mucho.

Una de las beneficiarias de su ministerio multicultural en Brooklyn fue Maritza Leonhard. “La primera vez que vi a Donna fue cuando yo era muy pequeña. Yo asistía a la Iglesia Metodista Libre en la Calle 16, en Brooklyn”, Leonhard le dijo a LUZ Y VIDA. “Algunas personas dicen que a fin de que alguien realmente se abra paso en este mundo todo lo que se necesita es que alguien te ´vea´. Yo creo que Donna fue esa persona para muchos de los niños y sus familias en nuestra comunidad. Ella me vio a mí, vio a mi familia, y nos amó a pesar de nuestras muchas fallas. Fue por amor por los demás que eventualmente llegué a conocer a Jesús”.

Leonhard dijo que Saylor se aseguró que ella y su familia pudieran asistir a los eventos de la iglesia.

“Ella también se aseguró de que nosotros tuviéramos acceso a programas que pudieran tener un impacto positivo en nuestras vidas – programas como el que eventualmente nos conectaría con mi ´familia adoptiva´, la familia que más tarde sería mi mayor sistema de apoyo en esta vida”, dijo Leonhard. “Ella abrió las puertas para mí y mi familia, y luego procedió a guiarnos mientras atravesábamos el umbral de esas puertas”.

Saylor se aseguró que Leonhard y muchos otros niños asistieran a un campamento cristiano de verano en Pennsylvania, y Saylor sirvió como la consejera de Leonhard por un año.

“Yo era muy joven cuando tuve que tomar un papel parental para mis hermanos más chicos. Tuve qué ser un adulto cuando debía seguir siendo una niña. Fue en el campamento cuando yo me sentí de lo más libre como una niña”, dijo Leonhard, quien recordó que tenía que cumplir con una tarea por ignorar la orden de Saylor, de dejar de hablar después de ir a la cama. “No sólo sufrí las consecuencias, sino que se quedó haciéndome compañía mientras hacía aquella tarea. Recuerdo cómo amorosamente me dijo por qué era necesario terminar la tarea. Recuerdo que pensé siendo una niña, que, aunque estaba siendo castigada, ella seguía amándome, igual como Cristo nos amó a pesar de nuestros pecados”.

Leonhard dijo que ella y los miembros de su familia algunas veces al levantarse encontraban una bolsa llena de ropa y alimentos en su puerta, y ellos sabían que aquella bolsa provenía de Saylor y otros líderes de la iglesia.

“Nuestra comunidad tenía muchos de los bien conocidos problemas que trae consigo vivir en la pobreza, pero en mi mente infantil, yo no tenía temor de mi comunidad. Mi comunidad se sentía segura, y se debía porque a menudo veía a los líderes de la iglesia y Donna en el exterior del edificio de la iglesia”, dijo Leonhard: “Creo que los veía más afuera del edificio de la iglesia que dentro de ella”.

Leonhard más tarde asistió al Colegio Greenville y llegó a ser una trabajadora social a la vez que mantenía en su mente y en su corazón “la gentil y amorosa manera de hacer las cosas. Proteger la dignidad de los demás a pesar de cualquier situación llegó a ser una prioridad para mí. Eso lo aprendí de la Pastora Donna, y aprendí eso en la pequeña iglesia de la Calle 16”, dijo Leonhard: “Estoy tan agradecida por ella. Cada aspecto de mi vida adulta fue impactado positivamente por su amor”.

Problemas de Salud

Saylor experimentó problemas de salud que le atrajeron dificultades para continuar sus esfuerzos de ministerio en Brooklyn. Un tumor cerebral la obligó a ausentarse del ministerio en Greenville.

“Quedé paralizada y débil por la cirugía cerebral, como tuve aprender a volver a caminar. Tuve que aprender mis movimientos básicos de nuevo”, dijo Saylor. “Había perdido mi español, así que tuve que volver a aprenderlo, y algo del vocabulario en inglés”.

Ella regresó a Brooklyn recordando Mateo 10:38-39: “Y el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. El que se aferre a su propia vida, la perderá, y el que renuncie a su propia vida por mi causa, la encontrará” (Mateo 10:38-39).

Eventualmente ella llegó a ser la pastora principal en funciones de la congregación Metodista Libre en Brooklyn, pero no pudo atenderse eficazmente de sus problemas de salud y se regresó al Medio Oeste en 1995.

“Hice demasiadas cosas por demasiado tiempo”, dijo: “Realmente fui un fracaso en el cuidado de la salud”.

Ministerio en el Medio Oeste

Saylor, quien fue ordenada como diácono de la Iglesia Metodista Libre en 1993, y ordenada presbítero en 1996, no abandonó el ministerio urbano, sino que se trasladó a Indianápolis donde trabajó por 10 años en la Primera Iglesia Metodista Libre, y otros 10 años en la Iglesia Comunidad Cristiana de Indianápolis, una congregación Metodista Libre de habla hispana que se reúne en el edificio de la IML West Morris.

Después de una década de ministerio en el idioma español en Comunidad Cristiana, comenzó a servir el 1 de junio de 2016 en la IML John Wesley en Indianápolis, donde sus amigos de mucho tiempo en CUE, Kenny y Estelle Martin fueron pastores desde 2015 hasta este verano.

Saylor recientemente se mudó de Indianápolis a Greenville, Illinois, donde experimentó el llamado de Dios al ministerio urbano hace 50 años. Aunque ella está jubilada del ministerio de tiempo completo, sigue procurando oportunidades ministeriales de medio tiempo en el área cercana a St. Louis.

Viviendo una Vida Digna

Desde 1976 hasta su retiro recientemente, Saylor levantó su propio apoyo financiero. Ella expresó su gratitud por “mis maravillosos patrocinadores, por su apoyo fiel, como Gilbert y Esther James y la IML de Gowanda [Nueva York].
Saylor dijo que un par de pasajes bíblicos la han guiado especialmente a través de sus décadas de ministerio urbano:

“Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2).

“Por eso yo, que estoy preso por causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido” (Efesios 4:1).

Saylor dijo que ella quiere “darle a Dios la Gloria por todo lo que Él ha hecho. Los eventos importantes en mi vida son lo que Dios ha hecho”.

Jeff Finley es editor ejecutivo de esta publicación. Él asistió al Intercambio Continental Urbano (CUE) en St. Louis, siendo un niño. Conoció a Donna Saylor en CUE de 2014 en Lansing, Michigan, y luego sirvió con ella en la IML John Wesley en Indianápolis.

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