Reconciliación en Riverside – Alcanzando a las Personas y Reflejando la Diversidad

Kimchichanga. Se nos hace agua la boca incluso mientras escribimos. Es el nombre de uno de los más deliciosos restaurantes en nuestra amada ciudad de Riverside, California. Kimchi es el nombre de la singular sopa de repollo famosa entre los coreanos que la preparan y la consumen con todas sus demás comidas. Changa se deriva de una palabra que proviene de chimichanga, un burrito frito sonorense mexicano relleno de carne y frijoles y cubierto de salsa, crema ácida o guacamole.

Hace cuatro años visitamos Riverside para conocer la ciudad y orar por si Dios nos estaba guiando para nuestra siguiente asignación como co-pastores de una iglesia. Cuando llegamos en nuestro automóvil a Kimchichanga la primera vez, sentimos que llegábamos a casa. Sentimos en nuestros corazones un extraño calor cuando comíamos en aquel restaurant que había tomado lo mejor de lo mejor de las comidas de nuestras dos culturas y las había unido para crear un burrito coreano gigante frito. Fue como un ingrediente mágico que ni siquiera habíamos notado que faltaba en nuestras vidas, y que nos había sido introducido por primera vez en la combinación más especial para producir un nuevo sabor. Riverside se encuentra a una hora de Los Ángeles, y a través de los años, las influencias de la cocina y cultura asiática y mexicana le han dado sazón a la ciudad con sus muchos sabores y condimentos. Cuando sentimos antojo por tacos, tenemos que decidir entre los tacos coreanos, los tacos japoneses, los tacos de pescado, los tacos callejeros mexicanos, o sólo tacos sencillos rápidos. La variedad de comidas en nuestra ciudad es asombrosa y señala solamente a un ejemplo de la diversidad de la gente y las culturas de Riverside.

Cuando recorrimos la ciudad, Joe estaba emocionado de ver los autos arreglados en los garajes y las barberías retro. Soo Ji estaba enamorada del clima soleado y templado, y los muchos cafés de té de boba. Nos enamoramos con la comunidad en la que se localiza nuestra iglesia y de saber que Dios plantó nuestra iglesia en una comunidad llena de personas de todos colores, trasfondos, culturas, etnicidades y clases socioeconómicas con un propósito: hacer discípulos de todas las personas y naciones por medio del ministerio de la reconciliación. Creemos en reconciliar a las personas con Dios, y los unos con los otros.

Nosotros creemos que las iglesias locales deben reflejar la diversidad y la etnicidad de sus comunidades a fin de alcanzar a todas las personas con todo el evangelio. En un mundo dividido, desgarrado y sangrante debido a sus retóricas de odio, conceptos políticos hostiles y el incremento de los crímenes de odio, creemos que la mejor manera de demostrar el corazón de Dios para todo el pueblo es que las iglesias se conviertan en lugares que involucren la adoración, el discipulado y la transformación para todas las personas. Deben ser derribadas todas las barreras entre grupos de población para que el pueblo de Dios se reconcilie entre sí, y finalmente con Dios. El cristianismo nunca ha sido definido como sólo una relación de “Dios y yo”. La salvación nunca ha sido así de egocéntrica, narcisista, o una doctrina que monopoliza la opinión como la predicamos hoy. Siempre se ha tratado sobre morir al yo y alcanzar a otros que son muy diferentes a nosotros.

“Porque Cristo es nuestra paz: de los dos pueblos ha hecho un solo, derribando mediante su sacrificio el muro de enemistad que nos separaba, pues anuló la ley con sus mandamientos y requisitos. Esto lo hizo para crear en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad al hacer la paz. Para reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la cruz, por la que dio muerte a la enemistad. Él vino y proclamó la paz a ustedes que estaban lejos y la paz a los que estaban cerca. Pues por medio de él tenemos al Padre por un mismo Espíritu” (Efesios 2:14-18).

Un Mosaico Pintoresco

El Apóstol Pablo nos recuerda en Efesios que Jesús reconcilió a judíos y a gentiles y los hizo un cuerpo por medio de la obra de la cruz. ¿Cuánto más está muriendo Jesús para hacer esto por diferentes grupos de población en nuestro mundo el día de hoy? Debemos continuar derribando las barreras que nos estorban para que no seamos la humanidad que Dios quiere que seamos en Jesucristo. El pecado no discrimina, pero por alguna razón, como seguidores de Cristo nosotros lo hacemos. Continuamos discriminando en contra de otros sobre la base del color de piel, etnicidad, género, discapacidades o clase social. Menospreciamos a las personas y nos inconformamos por algún rasgo de su lenguaje, cultura o tradiciones que nosotros no comprendemos. Si nuestras iglesias están llenas de preferencias y faltas de unidad en cuestiones de raza, ¿cómo podemos ofrecer la esperanza del evangelio a un mundo que está tratando de respetar y celebrar el trasfondo cultural de los demás y que cree que las personas pueden hacerlo sin la centralidad del evangelio de Jesucristo? Como seguidores de Cristo, debemos vivir conforme al evangelio de paz, no sólo predicar acerca de ella o leyendo sobre ella en un artículo de revista.

En la Biblia, los olivos fueron usados como símbolos del pueblo de Dios que se dividió en dos reinos, Israel y Judá (Jeremías 11:16) ¿Los que son de una raza diferente pueden igualmente ser parte del pueblo de Dios? Pablo escribe a los gentiles para que sepan que en el momento en que ellos acuden a la fe en Jesús, se convierten en parte del árbol de olivo de los judíos. Los gentiles son injertados en el árbol y asumen el linaje de Jesucristo cuando se adhieren a la fe en Cristo (Romanos 11:24). No importa cuál sea tu trasfondo, somos verdaderamente uno en Cristo, un grupo de población, una raza, juntos todos para representar plenamente al Dios quien murió por todas las naciones.

¿Podría ser que Adán y Eva – como la primera pareja en ser hecha a la imagen de Dios – fueran la pareja de piel clara y pelo castaño que crecimos viendo en nuestras Biblias infantiles? ¿Podría ser que uno de ellos era de piel normal con pelo medio rubio, y el otro de piel oscura con pelo negro ensortijado? ¿Podría ser que la familia de Dios y Su espíritu de calidad de hijo y adopción son mejor representados en la familia que decide adoptar hijos que no son de la misma herencia que los padres?

¿Será que la pareja es blanca y los hijos de color, o la pareja es bi racial, y los hijos mestizos, podría ser que la naturaleza misma de nuestro Dios diverso es representada más plenamente cuando la iglesia de Dios es un mosaico pintoresco formado de todas las naciones, tribus y lenguas? Pero a fin de buscar la unidad racial, debemos aprender a hacer a un lado nuestro viejo yo y abrazar nuestro nuevo yo en Cristo Jesús. Debemos ser motivados por el llamado a cumplir juntos la misión, y luchar en contra del enemigo común porque todos estamos en el mismo equipo. Hacemos a un lado nuestras preferencias culturales, preferencias de lenguaje, diferencias teológicas, de clase o condición social y tomar una posición de humildad, amabilidad, paciencia, comprensión y hospitalidad a fin de trabajar a favor de la unidad por medio del Espíritu Santo. Tenemos la oportunidad de hacer esto en nuestra iglesia y nuestro mundo decidiendo servir a aquellos que son diferentes a nosotros.

1 Pedro 4:10 nos amonesta: “Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas”. La palabra diversas: poikilos en griego, significa actualmente multicolor. Se traduce diversas o varias, pero es una palabra que se usa para describir prendas de vestir, un vestido pintoresco con gran cantidad de colores que van juntos. Pedro está escribiendo a un grupo de etnicidades todas diferentes, y él ¿llama a la gracia de Dios multicolor.¿Podría haber una metáfora mejor que pudiéramos usar para personas de diferentes culturas y razas reuniéndose para un fin?

1 Pedro está escrita a un conjunto de grupos muy diferentes. No está escrita para un grupo de judíos, todos iguales en raza y religión que todos creían que Jesús era el Cristo. Estas personas no estaban hechas de la misma clase o grupo étnico. Está escrita a personas que se juntan porque aman a Jesús, aunque tienen muy poco en común. No son de la misma familia. Tienen diferentes empleos. Tienen tradiciones diferentes. Tienen diferentes idiomas, y Pedro describe esta iglesia como surgiendo de muchas naciones, pero ahora tienen una nueva nación; se han unido como uno en Cristo Jesús. Él dice que todos somos un nuevo sacerdocio santo, que surge de cualquier trasfondo que hayamos tenido, pero ahora con acceso directo a Dios por medio de Jesucristo.

Unidos por el Reino
Siempre que Dios va a usar a Su pueblo de una manera poderosa, Satán va a tratar de crear caos y división dividiéndonos en lo físico. Pero cuando nos unimos, podemos luchar contra un enemigo común y podemos luchar en lo espiritual. El enemigo nos quiere dividir en cuestiones de raza para que vivamos ocupados peleándonos unos con otros y que no podamos luchar contra nuestro enemigo común a fin de hacer avanzar Su reino, no nuestras agendas políticas.

La Guerra de Vietnam tuvo lugar en los 60, cuando las tensiones raciales estaban en su punto más alto de todos los tiempos en nuestro país. Había disturbios entre blancos y negros en los Estados Unidos, pero se esperaba que esas mismas personas pelearan juntas en contra de su enemigo común que era Vietnam. No era fácil, pero aquellas tropas aprendieron que, si tú permites que la raza te divida, luego tu verdadero enemigo te aniquilará. Así comenzaron a trabajar juntos para verse unos a otros como hermanos y hermanas en armas y cuidarse las espaldas porque sabían que era la única manera de salir con vida. Las mismas tácticas que su enemigo usó entonces son las tácticas que el enemigo sigue usando ahora. Si podemos unirnos bajo la sangre de Cristo, podremos luchar en el campo de batalla y ver la victoria que Dios ya ha puesto a nuestra disposición, porque en Cristo somos uno y somos llamados a vivir vidas dignas del llamado.

Pablo escribe en Efesios 4:1-6: “Por eso yo, que estoy preso por la causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido, siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola esperanza; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos”

La unidad racial no es una frase cómoda como para irla lanzando alrededor. La unidad racial tiene que ser impulsada por un fundamento en Jesucristo y el evangelio, pero si todos queremos la unidad racial, luego nos perdemos completamente el evangelio de Jesucristo. Usamos palabras como justicia social, reconciliación racial y diversidad en nuestra declaración de misión si estas palabras solas pudieran crear paz y unidad. Podemos solo experimentar verdadera unidad cuando nos unimos juntos alrededor de la cruz para llevar reconciliación a todas las gentes, estar en contra de nuestro enemigo común y unirnos como un cuerpo – resuelto, bello, diferente y diverso.

Como una pareja méxico-estadounidense y coreana-canadiense, sabemos que nuestra relación no comenzó por falta de interés en nuestras propias etnicidades o el deseo de ser una pareja diversa. Sabemos que Dios es el único que nos unió, y nos unió porque simplemente éramos guiados por Dios para trabajar juntos en el mismo propósito. Estamos unidos como seguidores de Cristo que proceden de dos diferentes culturas con un profundo aprecio por nuestro lugar de origen, del lugar de donde vinieron nuestros padres, y para donde vamos ahora como familia “mexicoreana”. Para nosotros, Kimchichanga es un buen ejemplo de unidad racial que encontramos en el seno de nuestra comunidad. ¿De modo que cuál es tu Kimchichanga? ¿Cuál es el ingrediente que falta en tu comunidad que tomará lo que es bueno y lo engrandecerá? ¿Cuáles son los grupos que faltan en tu iglesia y en tu círculo que necesitan con desesperación completar el cuadro y demostrar plenamente al mundo cómo es el reino del cielo?

Nuestra oración para ti es que encuentres este ingrediente mágico que posiblemente no te diste cuenta que te has estado perdiendo en tu vida.

Soo Ji y Joe Alvarez son una pareja singular usados por Dios para llegar a personas en las márgenes, a llevar reconciliación a la comunidad y levantar seguidores apasionados de Jesucristo. Soo Ji es Coreana-canadiense y Jo es mexicoamericano, y ellos son bendecidos con dos niños “mexicoreanos”, Juaquín, su hijo de 12 años y Nayara, su niña de 10 años. Ellos toman un tiempo salvaje pastoreando su iglesia: Comfraternidad Cristiana de la Avenida California en Riverside, California, lugar donde aman a Dios y a los demás a fin de impactar a los locales y de alcanzar a los globales.

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