¿Quieres ser rico?

Últimamente, el tema de la economía ha estado en las noticias. Todo el mundo está hablando de nuevas leyes fiscales, de nuevos gastos en infraestructura y del mercado de valores. Sin embargo, nadie habla de las ventajas de ser pobre. ¿Quién quiere ser pobre? ¡Nadie! La palabra ´pobre´ nunca suena bien, ¿verdad? De hecho, ¡Muchas personas trabajan arduamente ¡para evitar ser pobres!

Entonces, ¿Por qué Jesús dice: “Bienaventurados los pobres en espíritu”? ¡Bienvenido a la economía del reino de Dios! Ésta utiliza una “moneda” diferente, cuenta el éxito de manera diferente y tiene diferentes reglas del juego. En la economía de Dios, si alguien te pide tu abrigo, le das también tu capa. En esa economía, vendes todo lo que tienes y lo regalas. En esa economía, ganas perdiendo y pierdes ganando.

Los cristianos se encuentran jugando con un conjunto de reglas con sus propios objetivos, pero inmersos en una cultura con otro conjunto de reglas y otro conjunto de objetivos. Cuando piensan que están “ganando”, sabemos que están perdiendo, y cuando piensan que estamos locos, sabemos que somos sabios. Es como si nuestros vecinos estuvieran jugando al Monopolio mientras nosotros jugamos al Uno: diferentes juegos, diferentes reglas, diferentes ganadores.

De modo que cuando Jesús desafía a sus oyentes al afirmar que los pobres en espíritu son bienaventurados, los cristianos simplemente sonríen para sí mismos; esperábamos que dijera algo extraño como eso, y a la inversa. Ya sabíamos sobre la relación inversa entre lo que “el mundo” y los cristianos valoran y coleccionan.

Pero, ¡un momento! esto es diferente. Jesús no está hablando aquí acerca de nuestras finanzas. Él no está aplaudiendo a aquellos que han sabido cómo administrar correctamente sus bienes terrenales para fines eternos. Esto es algo diferente. ¡Él está hablando acerca de una pobreza espiritual! ¿Cómo puede ser eso bueno? ¿No deberíamos desear ser “ricos en espíritu”?

Bueno, ¡pero por supuesto que sí! Pero repito: la economía de Dios es diferente. En la economía de Dios, ninguna de las riquezas viene de  nosotros mismos. En Su economía, nosotros no somos la fuente de nuestra riqueza espiritual, todo proviene de Él. Nosotros simplemente le abrimos camino, dándole espacio a Él. Esta es una diferencia crítica. La riqueza no viene de nosotros, pero nosotros nos abrimos a ella.

Esta bienaventuranza es paralela a la parábola de Jesús sobre lo que sucede cuando un espíritu malo sale de una persona. Jesús dijo que debido al vacío de esa persona, el demonio puede regresar con otros siete y la condición final de la persona estaría peor que la primera. Tanto en la  parábola como en la bienaventuranza, el vacío de la persona crea el ambiente perfecto para la plenitud espiritual; uno demoníaco, el otro divino.

Las riquezas de Su espíritu están disponibles para nosotros, pero solo cuando confesemos nuestra propia pobreza es que podremos aceptar esas riquezas. Solo cuando reconocemos que los reinos de este mundo no son más que imágenes burdas del resplandor del reino de los cielos, entonces desearemos Su reino, no estos reinos. Y es solo por nuestra desesperación, que aceptamos el refrigerio de las verdaderas riquezas del Espíritu Santo.

El rico Espíritu de Dios no puede ser nuestro si estamos llenos de nuestro propio espíritu. Su Espíritu requiere que vaciemos nuestra propia suficiencia espiritual.

Una de las palabras de moda de la “espiritualidad secular” es la “plenitud mental”. La plenitud mental es como la oración, pero sin Dios en el otro extremo. La plenitud mental es exactamente de lo que Jesús nos está advirtiendo… estar lleno de nosotros mismos, tan lleno, que no hay lugar para Él. En la economía de Dios, esa autosatisfacción es una verdadera pobreza para la cual la única solución es vaciarnos. Y al vaciarnos, somos “pobres en espíritu”, lo cual nos abre paso a Su reino y a las riquezas de Su economía.

El Obispo David Roller sirvió durante 17 años como misionero Metodista Libre en México y luego durante 10 años como director del área de América Latina para Misiones Mundiales Metodistas Libres. Fue elegido obispo por primera vez en el 2007.

 

 

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