¿Quiéres ser mi Prójimo?

 

 

Cuando nuestras hijas eran pequeñas, les gustaba ver el programa de Mr. Rogers. Melissa, nuestra hija menor, decía que el Sr. Rogers era una de sus personas favoritas en el mundo. De hecho, cuando retiraron ese programa, ella le dio un beso al aparato de TV por lo tanto que amaba al protagonista. El amor del Sr.Rogers y su respeto por los niños era evidente para todos los que veían el programa.

“Un Hermoso Día en el Barrio” es la poderosa película, estrenada en noviembre y basada en la relación de Fred Rogers con un preocupado reportero quien había recibido la tarea de escribir un artículo acerca del Sr. Rogers para una revista. El personaje del reportero en la película se inspira en el periodista de la vida real, Tom Junod. Junod dice que él era un escéptico sobre la tarea, pero experimentó el amor incondicional que le demostró Fred Rogers. En la edición de diciembre, de The Atlantic, Junod hace esta observación sobre su relación con Fred Rogers:

“Hace mucho tiempo, un hombre de abundante e inagotable gentileza vio en mí algo  que yo mismo no podia ver. Él confió en mí aunque yo pensaba que no lo merecía, y tomó en mí un interés que fue más allá de mi propio interés inicial en él. … [La película] parece ser la culminación de los dones que Fred Rogers compartió conmigo y con todos nosotros, dones que se acomodan a la definición de la gracia porque se siente, por lo menos en mi caso, que son inmerecidos. Aun no sé qué es lo que él vio en mí, por qué decidió confiar en mí, o qué es lo que, hasta este día, él quería de mí, si es que algo quería” (fmchr.ch/atlantic).

El Sr. Rogers comenzaba todos los programas de la misma manera. Se ponía sus tenis y su suéter cardigan mientras cantaba el tema de su programa: ¿Quiéres ser mi vecino?”

“¿Quiéres ser mi vecino?” es otra manera de pensar sobre la segunda parte de la misión tripartite de la Iglesia Metodista Libre: amar a Dios, amar al prójimo, y hacer

discípulos.

 

Amar al prójimo nos impulsa a hacer a un lado nuestras preferencias.

 

Todos nosotros tenemos preferencias. Preferimos distintos tipos de música, nos gustan ciertas comidas, y disfrutamos de diferentes maneras de divertirnos. Es algo Bueno que no pensemos todos igual. ¿No sería la vida demasiado tediosa si a todos nos gustaran las mismas cosas?

Infortunadamente, algunas personas confunden las preferencias con la verdad fundacional. Las verdaderes fundacionales son los pilares de nuestra fe que nunca deben cambiar. Por ejemplo: muchas personas confunden las preferencias con la verdad fundacional cuando creen que la música en una experiencia de alabanza debe ser solo de un estilo específico, y que todas las demás formas de alabanza no son válidas. La cuestión no está en lo que nosotros preferimos, sino en lo que agrada a Dios, y qué es lo que impulsa a las personas a considerer una relación con Jesús.

Jesús era muy bueno para crear un ambiente agradable para las personas. Jesús se encuentra con una mujer samaritana en un pozo (Juan 4) y se engarza con ella en una conversación que cambia vidas. Jesús demuestra perfectamente la verdad y la gracia mientras platica con ella. Él nunca suaviza la verdad, pero la hace sentir tan confortable que ella se abre y comparte los secretos más recónditos de su vida.

La reacción de esta mujer—transformada por conocer a Jesús—es poderosa. Ella revive lo que significa hablar a otros sobre las buenas nuevas de Jesús: “Vengan a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho ¿No será este el Cristo? Salieron del pueblo y fueron a ver a Jesús” (Juan 4:29-30).

Cada iglesia local debe luchar con esta cuestión de preferencias. Es un asunto tan complejo. Los líderes de la iglesia necesitan preguntar: ¿Cómo podemos servir a las personas que ya son parte de la familia de la iglesia, y a la vez, creamos un ambiente agradable para los que aún no son parte de nosotros?

Nuestros fundadores estaban comprometidos a la sencillez y la modestia para que los pobres se sintieran bienvenidos entre nosotros. En nuestra cultura, no es fácil darnos cuenta si alguien es una persona rica por la manera en que se viste, pero el principio es el mismo. Deseamos que nuestras Iglesias sean lugares agradables para las personas, y eliminar las barreras que les impiden sentirse en casa.

Una pregunta sugestiva que yo creo que es muy útil cuando pensamos en esta cuestión, es: ¿A quién se le sirve primero? Por supuesto, las Iglesias locales deben crear un ambiente en el que las personas que ya están allí puedan crecer y madurar, pero los miembros de la iglesia también deben pensar y orar para asegurarse de que su iglesia está lista para otros, y que desea remover cualquier obstáculo que impida a personas nuevas ser aceptadas, y que sientan que son bienvenidas.

En mi antiguo rol como superintendente por más de 20 años, trabajé con pastores y líderes de Iglesias locales que luchaban con estas cuestiones. En la mayoría de los casos, las Iglesias locales quieren ser lugares agradables, pero el proceso de llegar allí puede ser doloroso. Esto requiere una estrategia de oración por parte de los pastores de inspirar una vision para esta clase de iglesia local y de líderes, de abrazar el cambio que debe tener lugar.

 

Amar al prójimo (vecino) demanda un compromiso radical para escuchar.

 

Escuchar realmente a las personas es algo muy difícil de hacer—especialmente escuchar a personas que pueden disentir de nosotros. Pero la habilidad de hablar con gracia con alguien con quien podamos no estar de acuerdo es una señal de madurez espiritual y santificación. Mientras más nos acerquemos a Jesús, más vamos a desear involucrarnos con la gente y escuchar sus historias, e incluso al sufrimiento que ellos hayan experimentado.

Nuestra sociedad está tan dividida y tan partidizada. Parece que ya no es possible estar de acuerdo en que no estamos de acuerdo. Cuando solo hablamos con personas que coinciden con nosotros políticamente, y vemos los mismos programas de noticias en la TV, nos perdemos la oportunidad escuchar la perspectiva de otras personas y aceptar una invitación a escuchar.

Como seguidores de Cristo somos invitados a pararnos en la brecha y vivir de acuerdo al consejo de Santiago: “Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse” (Santiago 1:19). Eso es bien difícil de hacer; ¿qué no? Algunos de nosotros somos muy buenos para hablar pero no muy buenos para escuchar. Como dijo el Dr. Phil McGraw: “Necesitamos tener orejas largas, pero la lengua corta”.

Mientras departía con un amigo recientemente en un restaurante, conversábamos sobre el increíble impacto de la vida de Fred Rogers y el interés recién renovado en él. Mientras hablábamos, ambos admitimos que realmente no entendimos al Sr. Rogers en aquel tiempo. Su estilo sencillo de comunicar y los sencillos escenarios y marionetas nos parecían raros a nosotros los adultos. Nos perdimos totalmente su profundo respeto por los niños y el poderoso mensaje que él proclamaba.

El compromiso radical de escuchar es uno de los lugares en los que pienso que  perdemos hoy el punto. Equivocadamente podemos creer que escuchar a alguien diferente de nosotros compromete lo que nosotros somos. Nada más alejado de la verdad. Escuchar comunica una aceptación de maneras que la mayoría de nosotros no entendemos completamente.

 

Amar a las personas nos motiva a llevar el evangelio a las calles y alrededor del mundo.

Antes de que la Iglesia Metodista Libre cumpliera diez años de fundada, comenzamos a plantar Iglesias en diferentes partes de la nación, y cuando cumplimos los 20, estábamos enviando misioneros alrededor del mundo. Esta motivación de compartir las buenas nuevas de Jesús provino del mandato bíblico de Hechos 1:8: “Pero, cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra”.

Una interpretación inapropiada de este texto lleva a la falsa conclusion de que, una vez que tenemos todas las bases cubiertas en Jerusalén podemos seguir luego a Judea, y así sucesivamente. Más bien, el consejo escritural en Hechos 1:8 es que estas cosas deben estar sucediendo a la vez, y no una después de la otra.

Nuestro movimiento mundial de misiones ahora empequeñece a la Iglesia Metodista Libre en los Estados Unidos. La Iglesia Metodista Libre ahora ministra en más de 80 naciones alrededor del mundo. Este crecimiento explosivo fuera de los Estados Unidos es algo que debe enorgullecernos como familia ministerial.

Pero también anhelamos el día cuando esa clase de impacto se experimente aquí en los Estados Unidos. Vemos en el horizonte la cosecha de las semillas del reino. Sabemos que es posible esta clase de una rápida expansion del evangelio.

 

Amar al prójimo nos proyecta a llenar las necesidades de la gente y a hacernos al lado de la justicia y la reconciliación.

 

La familia de nuestro ministerio traza sus raíces hasta las personas que se sintieron profundamente comprometidas a proclamar el evangelio y llenar las necesidades de la gente. Esta simbiosis de una santidad personal y social es el ADN de quiénes somos como Metodistas Libres.

Nuestro maravilloso Dios no hace acepción de personas. Dios ama profundamente a todas las personas de la familia humana. No hay nada que nosotros podamos hacer para hacer que Dios nos ame más, y nada podemos hacer para que Dios nos ame menos.

La justicia y la reconciliación son parte de lo que son, pero en ocasiones hemos permanecido callados cuando debíamos haber hablado. En ocasiones debíamos estar callados y escuchar al dolor de las personas que han experimentado racismo y sexismo en nuestra familia de ministerio.

Es maravilloso ver en torno a la Iglesia Metodista Libre de hoy y ver las necesidades que se están llenando de tantas maneras. Vivimos esta parte de nuestro ADN mejor de lo que lo hemos hecho antes.

Recordemos las palabras del profeta Miqueas:

Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno,                                                           y qué pide Jehová de ti;                                                                                   solamente hacer justicia,                                                                                              amar misericordia,                                                                                                            humillarte ante tu Dios (Miqueas 6:8, RVR,1960).

La iglesia que yo pastoreé en Seattle desarrolló un ministerio para mujeres sin hogar. Recibimos a mujeres en la instalación de nuestra iglesia para pasar las noches. Este ministerio se convirtió en parte vital de lo que nosotros éramos como congregación. Ya que nuestra familia vivía en una casa pastoral a la siguiente puerta, estas mujeres llegaron a ser nuestras amigas y vecinas.

A la vez que este ministerio nos sirvió para llenar las necesidades de las mujeres sin hogar en Seattle, el impacto sobre nuestra congregación y nuestra familia fue profundo. Nos dimos cuenta que estas mujeres tenían tanto qué enseñarnos. Aprendimos sobre lo que significaba ser pobre y sin hogar. El ministerio era desordenado y lleno de complicaciones, pero, en retrospectiva, pienso que el cambio más duradero estaba en nosotros.

Sabemos que muchas de las mujeres en el albergue huían de la violencia doméstica, y sospechábamos que algunas de las otras podían haber estado luchando contra sus propias adicciones a las drogas y al alcohol, o estaban al borde de la enfermedad mental: Pedí a mis hijas que recordaran cómo se sentía estar rodeadas de esta clase de ministerio, y una de mis hijas recordó que ella nunca tuvo temor de las mujeres, más bien tenía temor por las mujeres.

Nuestras hijas pudieron experimentar una versión descarnada pero real del ministerio. Ambas han crecido para ser mujeres de Dios con grandes corazones compasivos por los marginados. Todos seguimos ese rastro hasta vivir en seguida del albergue, y una frecuente interacción con amigos indigentes que viven a la siguiente puerta.

Jesús define lo que significa llenar las necesidades de la gente en la parábola del Buen Samaritano en el Evangelio de Lucas (Lucas 10:25-37). Jesús responde a la pregunta de un maestro de la ley que provoca que Jesús cuente esta poderosa historia. El texto nos dice que este líder religioso le hizo esta pregunta a Jesús para probarlo. Él no se podia imaginar de qué manera le respondería el Señor.

Jesús trastorna las mesas y hace que las personas religiosas sean las que pierdan el punto en esta historia, y la respuesta más compasiva y piadosa viene del grupo de personas más marginadas del tiempo de Jesús.

 

La gente que ama requiere que nosotros compartamos las buenas nuevas de Jesús

 

Tenemos una pasión por las personas que llegan a recibir a Jesús. Creemos que una relación con Jesús es la mejor decisión que una persona puede tomar. La justicia social está en nuestro ADN como familia ministerial, pero también debemos saber que siempre estaba asociada con una fuerte proclamación del evangelio. No se puede separar una de la otra. La Gran Comisión y el Más Grande Mandamiento son el fundamento de quiénes somos.

Satisfacer las necesidades sin compartir el mensaje de Jesús es algo inadecuado, y la proclamación del evangelio sin el compromiso de dar un vaso de agua fría en el nombre de Jesús es irresponsible.

Jesús establece esta prioridad del reino, justo antes de volver al cielo: “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20).

Tanto el evangelismo como el discipulado son esenciales para seguir el mandato de Dios para nosotros, y ambos son parte de lo que significa amar al prójimo. La proclamación del evangelio y hacer discípulos son inseparables. Tú no puedes realmente tener al uno sin el otro. Las Iglesias locales deben con toda intención proporcionar oportunidades para que la gente reciba la presentación de las buenas nuevas de la vida nueva en Cristo, y luego ofrecer un camino apropiado para que la gente responda. Las Iglesias locales que honran a Dios también proveerán avenidas claras para que la gente crezca en su fe y llegue a ser arraigada en el cuerpo de Cristo.

Hay personas a nuestro derredor que buscan desesperadamente a personas e Iglesias locales que las amen y les ayuden a descubrir lo que significa encontrar una relación dadora de vida con Jesús.

Ama a Dios. Ama al prójimo. Haz discípulos. ¿Quiéres ser mi prójimo?

 

El Obispo Matt Whitehead supervisa los ministerios Metodistas Libres en el Oeste de los Estados Unidos y en África. Fue elegido como Obispo principal de la Iglesia Metodista Libre—USA en la Conferencia General de 2019. Anteriormente sirvió más de 20 años como superintendente de la Conferencia Pacífico Noroeste después de servir por 17 años como pastor local de Iglesias.

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