¿Quiénes son los Pobres en Espíritu?

“Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece”.

¿Por qué puso Jesús a “los pobres en espíritu” en primer lugar en las Bienaventuranzas (Mateo 5:3-12)?

“Jesús colocó esta bienaventuranza en primer lugar porque la humildad es el fundamento de todas las demás gracias, es un elemento básico en la conversión de un cristiano” según el  “El Comentario del Nuevo Testamento”, de MacArthur.

Las palabras “pobres” y “dichosos (bienaventurados)” no parece que puedan pertenecer a la misma oración; ¿verdad? ¿Cómo podemos ser dichosos y pobres al mismo tiempo? ¿Sabemos realmente lo que dijo Jesús?

Pobre se puede referir a una persona agazapada en alguna esquina mendigando, pero esta no es la misma definición a la que se refiere Jesús en este pasaje. La frase “pobres en espíritu” no siginifica pobreza económica.

Algunas personas han abandonado todas sus posesiones terrenales sin poseer el espíritu que Jesús está describiendo. Jesús está hablando acerca de la pobreza espiritual y no de la pobreza monetaria. Para experimentar realmente esta pobreza espiritual, debemos primero venir ante el Señor quebrantados, humillados, despojados de orgullo y conscientes de la deuda contraída a causa de nuestros pecados. “Pobres en espíritu” incluye una honesta confesión de que somos pecadores y totalmente sin las virtudes morales que necesitamos para entregarlas a Dios.

Esta forma profunda de arrepentimiento reconoce nuestra desesperada necesidad de Dios. Los que son pobres en espíritu se arrojan conalegría en la gracia de Dios. Ser pobre en espíritu es el reconocimiento personal de nuestra bancarrota espiritual ante Dios. Cuando reconocemos nuestra pobreza espiritual, no hay nada que proteger o preservar. Estamos vacíos, Jesús nos enseña que si queremos obtener integridad de vida, si queremos ser humanos plenamente realizados, si queremos ser dichosos de esta manera, si queremos experimentar gozo genuino, debemos aceptar el reino de Dios, reconocer nuestra completa dependencia en Él y poner completamente nuestra confianza en Él.

No sólo dependemos de Dios para vivir, sino que debemos confiar en Dios para dar significado a nuestra vida. No podemos esperar convertirnos en personas plenas e íntegras por nosotros mismos. Somos incapaces de salir adelante solos. Necesitamos reconocer nuestra debilidad inherente, orar a Dios y depender de Él. Necesitamos confiar lo suficiente en Dios para ser capaces de aceptar plenamente Su voluntad sin reservas.

Se nos exhorta a desarrollar casi cualquier otro tipo de espíritu excepto la pobreza de espíritu. Escuchamos mucha enseñanza en la iglesia acerca de cómo ser llenos con el espíritu. ¿Pero dónde podemos aprender lo que significa ser despojados espiritualmente de auto-suficiencia, auto-importancia, y auto-justificación? La triste verdad es que sabemos muy poco de la dicha que Cristo menciona (y la cual Él nos da) porque con frecuencia estamos demasiado llenos de nosotros mismos y de nuestros propios conceptos de bendición. La persona que es pobre en espíritu es la persona que ha sido silenciada por Dios y que sólo busca hablar lo que él o ella ha aprendido en humildad de parte de Él. La pobreza espiritual es simultáneamente mandamiento y encargo. Es la báse de nuestra experiencia cristiana — no es un evento que se realiza una sola vez mediante el cual una persona entra en el reino de los cielos. Debemos tener una mentalidad continua que nos lleve a un estilo de vida de sumisión y dependencia en Dios.

Aquí tenemos una gran historia dicha por Jesús acerca de lo que significa ser humilde y pobre en espíritu: “Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro, recaudador de impuestos. El fariseo se puso a orar consigo mismo: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres —ladrones, malhechores, adúlteros— ni mucho menos como ese recaudador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que recibo”. En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia, ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!´ Les digo que este, y no aquel, volvió a su casa justificado ante Dios. Pues todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.” (Lucas 18:10-14.

Me gusta esta afirmación de “The Applause of Heaven, (El Aplauso del Cielo)” de Max Lucado: “No vas a impresionar a los oficiales de la NASA con un avioncito de papel. No vas a presumir con tu dibujo de crayones ante la presencia de Picasso. No vas a alegar ser igual a Einstein porque sabes escribir “H2O,” Y no vas a presumir de tu bondad ante la presencia del Perfecto”

El quebrantamiento y la humildad nos permiten una verdadera experiencia de Dios y de todo lo que Él tiene para nosotros. No tenemos los recursos espirituales en nosotros mismos para poner en práctica las enseñanzas de Jesús. Tu y yo no podemos satisfacer los estándares de Dios por nosotros mismos. Todo lo que nos queda por hacer es presentarnos ante el Señor “pobres en espíritu” y con humildad. Quienes están cerca de Dios son pobres en espíritu, y quienes no son pobres en espíritu están lejos de Dios.

Jim Miller es pastor del ministerio de varones de la Iglesia Metodista Libre de Brooke Hills en Wellsburg, Virginia Occidental. Este artículo fue adaptado de un sermón que él predicó el año pasado como parte de la serie Bienaventuranzas de la iglesia. Visita bit.ly/jmillerllm para ver en línea el sermón completo en inglés.

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