¿Quién Acude a la Iglesia Comedor?

“Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece de alimento diario, y uno de ustedes le dice: “Que le vaya bien; abríguese y coma hasta saciarse, pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta” (Santiago 2:15-17).

Se hacen las invitaciones, se invita a los amigos, se colocan anuncios, se prepara el salón, se abre la puerta – y entonces es cuando sabemos quién aparecerá.

La Iglesia Comedor de Detroit es diferente a las Iglesias de ladrillo y cemento en que nunca invitamos a la gente a “nuestro” edificio; vamos al de ellos. Hacemos el sacrificio de aceptar la potencial incomodidad a fin de ir al mundo de alguien más. La encarnación nunca pretendió ser nada especial. Más bien se debe duplicar en cualquiera que sigue a Jesús. Este es el poder de la encarnación.

Esperamos que aparezcan personas que están literalmente hambrientas. Toni viene todas las semanas. Ella es mamá soltera y trae consigo a todos sus siete hijos y a dos amiguitos. Luego se aglomeran en torno a una mesa que solo tiene capacidad para seis, y actualmente multiplica las sonrisas y el gozo—diez tazones vacíos del pudín de postre al fin de la noche, diez estómagos satisfechos, risas y esperanzas. Toni se alegra porque provee de una noche de fiesta a su familia y amigos. Nuestro Dios es un Dios generoso, y esta familia lo siente cada lunes por la noche.

Aunque desearíamos poder proporcionar bebidas azucaradas y sabrosas, típicamente sólo servimos agua—termos helados de agua, la más básica de las bebidas. Y todas las semanas, al menos una persona dice: “¡Esta agua es tan buena! ¡Cómo la disfruto!”

Es interesante. No le añadimos nada. No gastamos nada por ella. Abrimos el grifo y llenamos la cubeta.

Como te has de imaginar, la mayoría de las bebidas son diseñadas para que te dé más sed. Tomamos y tomamos estas sustancias coloridas, gaseosas y azucaradas pensando al principio que resolveremos nuestra sed. Estas bebidas pretenden ser algo que no son. Nos llenamos, pero no nos satisfacemos. Necesitamos lo que es real; de eso ni duda cabe.

En la Iglesia Comedor, los programas y el profesionalismo rápidamente le dan paso a la narración de historias sobre Jesús. Conocerlo es nuestra prioridad principal. Es sencillo, pero lo sencillo satisface. Gwen vive sola. Ella asiste a la misa católica los domingos, pero no puede oír ni entender al sacerdote, y se sienta sola entre desconocidos. Pero en la Iglesia Comedor, se escucha su voz. Hace preguntas (usualmente interrumpiendo). Expresa su gratitud a Dios. Hace comentarios nimios que nos hacen reír (aunque generalmente no es lo que ella quiere). A Gwen todos la saludan y es bien conocida. En otras comidas, usualmente Gwen come sola. Nadie la invita a comer. Gracias a Comidas sobre Ruedas, esta mujer de 83 años consigue una comida al día. Pero en este viejo sótano lleno de alegría, Gwen es parte del cuerpo de Cristo.

Ocho niños se arremolinan en torno a la mesa, movíendose y empújándose hasta que el mantel casi se cae de la mesa. Diez segundos después de llegar, lo controlan todo en el cuarto. Algunos traen camisetas idénticas. Yo digo: “Bonitas camisetas; ¿a qué equipo pertenecen ustedes?” Ellos responden: “A ningún equipo, las encontramos en el ropero del ´centro de ropa´ y pensamos que nos veríamos bien si las usáramos”.

No son Armani, ni Versace, ni Old Navy, salieron gratis.

No nos arreglamos para ir a la Iglesia Comedor. La ropa de todos los días es la reina. Nadie se cohíbe por lo que tiene o lo que no tiene. Todos somos iguales en la mesa (Santiago 2:1-9).

Lo mismo ricos que pobres encuentran algo de ensalada entre sus dientes. Somos vestidos por Cristo, que es todo lo que importa.

Avion tiene 11 años. La semana pasada llegó sin su mamá (quien se quedó en casa, enferma) con su hermano y hermana más pequeños. Comió su comida y escuchó atentamente la historia de Jesús. En esta historia, Jesús dijo: “Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa y por el evangelio la salvará” (Marcos 8:35).

Hace escasamente dos meses, el padrastro de Avion murió repentinamente. Hay temor en su casa. Las historias de Jesús sobre la vida y la muerte no son ficticias; tienen significado y son verdaderas. Los pecados de otros acechan la vida de Avion.

Pero ese lunes, Avion fue el héroe. Preparamos su comida “para llevar” en cajas bien llenas, y esa noche, él fue el proveedor para su familia.

Por supuesto, todas las semanas hay personas atrapadas en la imposible maraña de la adicción de ´drogas y alcohol´. No pueden escapar, sus adicciones contaminan sus mentes y cuerpos al punto de que la mayor parte de las personas los ven y los evitan. Aunque son prisioneros de sus adicciones, no sometemos a juicio a nadie aquí. Por fuera, se les saca la vuelta. Pero en torno a la mesa, solo hay amor.

De modo que ¿Quién acude a la Iglesia Comedor? Los hambrientos, los sedientos, los solitarios, los que tienen necesidad, los enfermos y los cautivos (Santiago 1:2-12, 5:13-19).

¿Quién acude a la Iglesia Comedor? “Todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí” (Mateo 25:40).

En otras palabras: Jesús.

Mark Cryderman es un presbítero Metodista Libre, es el pastor de la Iglesia Comedor, de Detroit, y es parte del Equipo de Entrenamiento del Colectivo de Iglesias Comedor. Visita theharborfamily.com para saber más acerca de la Iglesia Comedor de Detroit y

dinnerchurch.com para más información acerca del movimiento de la iglesia comedor.

 

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