¿Qué está en Juego? ¡Mucho!

¿Qué daño puede provenir de una conversación lateral descontenta en la iglesia? Después de todo, somos solo un par de nosotros que necesitamos desahogar nuestras frustraciones por algunos problemas en la iglesia. Nos entendemos y estamos de acuerdo.

Sorprende lo ciegos que podemos ser al tsunami que se crea con las más pequeñas semillas que causan división. Posiblemente esa es la razón por qué el Apóstol Pablo le dijo a Timoteo: “El que cause divisiones, amonéstalo dos veces y después evítalo, puedes estar seguro de que ese individuo se condena a sí mismo por ser un perverso pecador” (Tito 3:10-11).

¿Qué está en juego como resultado de la secrecía impura en la iglesia? ¡Mucho! El nombre de Cristo está sujeto al desdén, el testimonio de la iglesia en la comunidad es manchado, y el testimonio de la congregación local rompe la confianza con la comunidad en la que quiere ministrar. Las contiendas en la iglesia y las divisiones no suceden sin dejar daño.

Aquí tenemos cuatro peligrosas cosas destructivas y de larga duración que les suceden a individuos, y las iglesias locales a las que pertenecen, cuando nos involucramos en posiciones impuras y divisivas.

”Abrimos la puerta al “pecado que está al acecho”.

Dios le dijo a Caín cuando su corazón se llenó de ira en contra de Abel por sus ofrendas: “Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte. No obstante, tú puedes dominarlo” (Génesis 4:7).

Al pecado le gusta acechar en tu puerta, y quiere apoderarse de ti. Mantente en alerta antes de que consientas en conversaciones impías.  Lleva tus quejas delante del Señor y pídele en oración: “Señor. ¿Es esto digno de conversación con otras personas, o es el pecado que está acechando a mi puerta?”

Nosotros hacemos alianzas divisivas.

Absalón, el hijo del Rey David, consintió en conspirar en contra de su propio padre. En 2 Samuel 14 y 15, las Escrituras registran toda una historia que incluye la expulsión de Absalón, de Jerusalén, sólo para regresar y eventualmente reunirse con su padre. ¿Cómo corresponde Absalón al beso que su padre le da? Con un complot para destruirlo. Todos los días Absalón se ponía a las puertas de la ciudad e interceptaba las personas que iban en busca de justicia de parte del rey. Así es como terminaba: “Esto hacía Absalón con todos los israelitas que iban a ver al rey para que les resolviera algún asunto, y así fue ganándose el cariño del pueblo” (2 Samuel 15:6).

Cuando nos involucremos en conversaciones impías, dividimos la lealtad y formamos “campos” – alianzas divisivas. Antes de hacer cosas así, deberíamos de orar: “Señor, ¿estoy unificando a las personas en torno a la lealtad hacia ti, o hacia mí?”

Nosotros desobedecemos la Escritura.

Jesús nos hace el siguiente encargo: “Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Pero si no. Lleva contigo a uno o dos más, para que ´todo asunto se resuelva con el testimonio de dos o tres testigos”. Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia, y, si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo o un renegado. (Mateo 18:15-17).

Con mucha, mucha frecuencia, les he preguntado a personas que han venido y me han presentado sus quejas en contra de alguien: “¿Ya fuiste con esa persona y le has hablado acerca del asunto?” Usualmente la respuesta es: “No, nadie se le puede acercar”, o “No podría. No lo entendería”, o “Quería escuchar tu opinión”. Jesús no contesta con ninguna de estas razones como “salidas” para no obedecer a Su mandato. Antes de hablar sobre alguien con una tercera persona, ora: “Señor, no me atrevo a hablar con esta persona, pero quiero obedecerte. ¡Ayúdame!”.

Inevitablemente infectaremos a otros.

Hemos sido creados para ser comunidad.  Lo que haces tiene implicaciones de gran alcance que afectan a todas las comunidades en las que tienes influencia. Cuando participamos en un secreto profano o en un discurso divisivo, nos alineamos con las obras y los caminos del diablo en lugar de las obras y los caminos de Dios. ¿Qué está en juego? ¡Mucho! ¿Quién se puede desilusionar por nuestra mentalidad cambiante? ¿Quién puede unirse a ti, y caer en el mismo hoyo al que tú estás destinado? ¿Quién se desconecta silenciosamente y se va porque quiere evitar el conflicto que se avecina? Si no estás seguro si tus acciones son contagiosas en sentido negativo o no, ora, “Señor, ¿estoy infectando a otros a través del acuerdo con tu enemigo, o estoy actuando de acuerdo contigo, ayudando a formar lazos de unidad?”

“¡Cuan Bueno y cuan agradable es que los hermanos convivan en armonía! Es como el buen aceite que, desde la cabeza, va descendiendo por la barba, por la barba de Aarón, hasta el borde de sus vestiduras. Es como el rocío de Hermón que va descendiendo sobre los montes de Sión. Donde se da esta armonía, el Señor concede bendición y vida eterna” (Salmos 133:1-3).

Y ese es el punto de vista de Dios de la bendición que viene de vivir Sobre la Mesa.

Brett Heintzman es el editor de Luz y Vida por medio de su rol como director de comunicaciones de la Iglesia Metodista Libre—USA, a la que sirve también como subdirector del Ministerio Nacional de Oración Visita freemethodistbooks.com para ordenar sus libros “Llegando a ser una Persona de Oración”, “Pueblo Santo” (Volumen 1 de la serie “Vital”), “Jericó: Tu Peregrinaje a la Liberación y la Libertad” y “La Encrucijad: Preguntando por las Sendas Antiguas”.

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