¿Qué Crees que Dije?

¿Te has sentido frustrado alguna vez porque alguien malinterpretó lo que dijiste?

El conejo Bugs (Bugs Bunny), en el clásico de dibujos animados “Forward March Hare” (La Marcha de los Pollos), es un ejemplo estelar. “Quiero a todos los pollos limpios y arreglados para la cena-baile de los oficiales esta noche”, dice el sargento, a lo que Bugs responde con un saludo: “¡Sí, sí Señor Señor!” Corte para la siguiente escena en la que Bugs entra a la oficina del sargento y con orgullo proclama: “Los pollos están listos, su excelencia. Todos limpios y arreglados para la cena, señor” Ahora espera. El cuadro se ensancha para revelar todo un campo lleno de pollos elegantemente vestidos, ataviados con tuxedos y sombreros negros altos.

El sargento dijo que los arreglaran para la cena, ¿correcto?

Jesús dijo: “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones!” (Mateo 28:19a), sin embargo hemos puesto tuxedos y sombreros altos en los muchos pollos en nuestra respuesta. Pensamos que sabemos lo que Jesús quiso decir, pero realmente hay solo un ejemplo a seguir, y es la manera en que Jesús discipuló a los doce. Lo que Jesús hizo con doce hombres ordinarios fue algo milagroso. De hecho, era usual en las normas del discipulado. Pensemos en eso, cuando los doce escucharon a Jesús decirles que fueran a hacer discípulos, ellos sólo tendrían un método por el cual basar su obediencia: su propio discipulado.

Pongámonos en el plan de tres años de discipulada de los doce originales y consideremos cómo sería el ministerio como resultado para ellos. Ellos fueron atraídos a lo milagroso. Casi de inmediato comenzaron a presenciar milagros y luego fueron enviados a realizarlos. Amigos, si lo milagroso era el hilo que corría a través del plan de discipulado de tres años para los doce, ¿cómo habrían visto el discipulado a diferencia de los que ellos discipularon?

En algún momento nos desviamos del camino de la milagrosa restauración de personas quebrantadas, sanando a los enfermos, dándoles vista a los ciegos, y abriendo los oídos de los sordos para las experiencias educativas y de comunión que giran en torno a una cultura de reuniones de iglesia. De alguna manera comenzamos a ver milagros como beneficio de la membresía de los de la iglesia en lugar de un chispazo del cielo en el campo de un planeta quebrantado.

Donde hay mucho quebranto, hay mucha oportunidad. Los discípulos consideran esto y el hambre de restauración y reconciliación para remplazar la decadencia y la división. Los discípulos hacen a un lado su propia comodidad por la paz de otros, llevan las cadenas de la prisión por la libertad de otros, y soportan el escarnio para la gloria de Cristo Jesús. Consideremos tres cosas—cosas que probablemente son barreras para nuestra propia participación como discípulos de Jesús, que reflejan las vidas y acciones de los doce – y tres cosas que recoger – definiciones de lo que Jesús quería que fuera el discipulado.

Entrega tu vida. Sé dispuesto y abierto. Recuerda que eres un sacrificio vivo. Confiesa que tu vida no es tuya, que tú fuiste comprado por precio (1 Corintios 6:20). Preséntate a Dios como instrumento para ser usado en las maneras en que Dios decida.

Entrega tus necesidades. Buscar soluciones milagrosas para nuestras propias necesidades es a menudo la cadena que nos impide ministrar a otros. Ora que el Señor te use para sanar a otros incluso si tu sanidad nunca llega. Ora para que tus milagros fluyan a través de ti, aunque los tuyos propios no se manifiesten.

Entrega tu status de iglesia. Las posiciones no significan nada comparadas con ser un siervo. Retira tus trofeos y títulos a cambio de un corazón de siervo. Pide al Señor que te haga un siervo de todos como Él fue un siervo de todos.

Asume el rol de un hacedor de Milagros. Sé un seguidor de Jesús. Lee los evangelios y toma el lugar en las historias. Camina con los discípulos a los espacios donde sucedieron los milagros y pídele a Dios ser el discípulo que Él esperaba.

Toma la cruz de lo milagroso. Los milagros le trajeron a Jesús más desdenes que elogios y lo mismo sucedió con los doce. Existe una cruz de muerte oculta en la resurrección de lo milagroso. Dile al Señor que estás listo para tomarla y llevarla.

Asume la “pérdida” de la ganancia celestial. Él debe crecer; yo debo menguar (Juan 3:30). Dile al Señor que estás listo para experimentar pérdida por el bien de la ganancia del cielo.

Imagina la voz del Señor enseñándote a orar: “Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10). Ahora mírate a ti mismo en la casa de un desconocido, haciendo lo que Jesús te pidiera mientras sanas una persona con el poder y autoridad de Cristo, explicando que el reino de Dios ha venido a esa casa. Los puntos se conectan. “¡Esto es lo que significa que el cielo venga a la tierra! ¡A eso se debe que oremos de esa manera! Eso es lo que significa que seamos pescadores de hombres – sal y luz—una ciudad en una colina”, tú lo ponderas con gran y misterioso deleite.

¿Qué piensas que dijo Jesús acerca de los Milagros? ¿sobre el discipulado? ¿sobre lo que realmente Él pide de ti y de mi como Sus representantes en la tierra?

Su punto de vista es todo lo que necesitamos

Brett Heintzman es el editor de LUZ Y VIDA a través de su rol como director de comunicaciones de la Iglesia Metodista Libre – USA, misma a la que también sirve como sub-director del Ministerio Nacional de Oración. Visita freemethodistbooks.com para ordenar sus libros “Llegando a ser una Persona de Oración”, “Pueblo Santo” (Volumen 1 de la serie “Vital”) “Jericó: Tu Peregrinaje a la Liberación y Libertad”, y “El Crucero: Preguntando por las Sendas Antiguas”.
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