Preocupación Activa

En el verano de 2016, experimentamos algunos incidentes que esparcieron un estado de malestar racial en nuestro país, a diferencia de todo lo que hayamos visto en un buen tiempo. La idea de que el racismo y la discordia racial eran cosa del pasado resultó ser falsa. De alguna manera como la reciente furia por la balacera de Ahmaud Arbery en el Condado Glynn, Georgia, los eventos de julio de 2016 arrancaron la vendita de las heridas aún abiertas que llevamos todavía el día de hoy en nuestro condado. ¿Cómo va a responder la iglesia? Como cristianos, ¿Cómo vamos a reaccionar a las noticias, las fotos, el inacabable chismorreo, y las constantes culpas?

El sábado 9 de julio de 2016, mi esposa, Andrea, y yo visitamos al que era entonces pastor, Keith Cowart, y su esposa Pamela, para orar y pedir al Señor que nos diera respuestas a las preguntas apuntada arriba.

¿Cómo vamos a guiar la Iglesia de la Comunidad de Cristo como respuesta? ¡Debemos, como líderes de la iglesia siquiera mencionar esto un domingo en la mañana? ¿Cómo lo haremos de una manera desafiante pero honrosa a las familias de Alton Sterling y Philando Castile? ¿Cómo reconocemos las muertes horribles de los cinco policías que fueron baleados y asesinados en Dallas, Texas, en supuesta represalia?
Quiero compartir con ustedes el mensaje que Dios nos dio en aquel día porque yo creo que sigue siendo aplicable el día de hoy. También les quiero compartir algo que solamente yo vi aquel domingo por la mañana y el resultado que yo creo es vital a nuestro camino que tenemos por delante.

Después de algunas horas de oración, clamando y escuchándonos unos a otros, teníamos un plan para ese domingo en la mañana. Los cuatro compartiríamos la plataforma para dirigir a nuestra iglesia en un tiempo de oración por las familias de los fallecidos, en la lectura de la Palabra (Santiago 1:19-20; Miqueas 6:8, 1 Corintios 13; 1 Juan 4:7-12) y en oración corporativa. Terminaríamos con un tiempo de pasar la paz. Antes de seguir, debo decir que yo creo que este es un paso crucial. Estaríamos guiando a nuestro pueblo en enfrentar los problemas que van aparejados con la unidad racial.

Dirigir de esta manera es especialmente cierto a la luz de nuestro legado de ser Metodistas Libres. Nuestro Libro de Disciplina declara: “Por tanto (a causa de nuestro compromiso a la dignidad y valor de todos los seres humanos), estamos comprometidos a cuidar activamente siempre que los seres humanos sean menospreciados, abusados, despersonalizados, esclavizados o sujetos a fuerzas demoníacas en el mundo, sea por individuos o instituciones (Gálatas 3:28; Marcos 2:27; 1 Timoteo 1;8-10)”.

En mi opinión, a menos que tomemos en serio las palabras “cuidar activamente”, esta declaración en nuestro Libro de Disciplina y el documento de posición resultante no tendrían ningún significado.

El domingo 10 de julio de 2016, alteramos nuestro servicio planeado, y por 23 minutos después de iniciada la apertura de la adoración, ministramos en la manera ya descrita arriba. Si tienes interés, puedes verlo aquí: https://vimeo.com/174359702. En algún punto, me di cuenta que un buen amigo mío salía del santuario con su familia. Después del servicio pregunté a los demás que habían estado presentes si habían visto que alguien había salido, y nadie más lo vio. Yo esperaba que habría surgido alguna emergencia, pero sospechaba otra cosa.
Lo llamé e hicimos un compromiso para reunirnos en su casa. Él confirmó que había salido con ira y frustración por lo que parecía que estábamos levantando una “cuestión racial” y poniéndola de una manera tal que la aplicábamos en él y en las personas que se parecían a él como villanos. Estaba hastiado de ello, nos sentamos en su recibidor y eventualmente a su mesa (con una buena comida). Compartí con él que yo también me sentía cansado – cansado de ver incidentes de violencia contra personas de color y que no se atendían. Me sentía cansado de ver la opresión y trato injusto de personas que tenían la misma apariencia que yo. Estaba cansado del mudo silencio de la iglesia. No salimos aquel día como si nada hubiera pasado, pero creo que por habernos sentado a su mesa y hablado cara a cara, seguimos siendo amigos hasta el presente. Las vidas de ambos han cambiado como resultado de la gracia de Dios. (Él me permitió compartir nuestra historia con los lectores el día de hoy). Seguimos siendo amigos, y él ha seguido siendo un miembro comprometido.

Cuando tengamos una preocupación activa, tomaremos tiempo para hablar con, no a reclamar, unos con otros. Nuestra comunicación no es solo por los canales de las redes sociales, no solo en textos y correos electrónicos, no en nuestra opinión personal que compartimos sólo con personas que tienen la misma apariencia, piensan, y actúan como nosotros. Más bien, buscamos oportunidades de poner nuestros pies debajo de la mesa de otra persona y escuchar y hablar (la buena comida es ganancia) Aunque quizá no podamos tener una reunión en persona debido al COVID-19, podemos comenzar con reuniones virtuales.

¿Cuándo fue la última vez que tuviste a algún invitado a tu casa para comer juntos, que no tenía la misma apariencia que tú? ¿Cuándo fue la última vez que le pediste a alguien ir a la casa de alguien que no tenía la misma apariencia, que no vota o que no piensa como ustedes? Es mi oración que lo intentes. Dios desea derramar Su gracia, pero debemos reconocer nuestra identidad en Él, de humillarnos, buscar Su rostro, y volvernos de nuestros malos caminos. Luego Él oirá desde los cielos y sanará nuestra tierra (2 Crónicas 7:14).

Derrick Shields es el pastor principal de la Iglesia de Cristo de la Comunidad. Él recibió un título de Master de Artes en liderazgo del Seminario Teológico de Asbury, y llegó al ministerio después de jubilarse del Ejército (Army) de los Estados Unidos en 1995.

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