Por qué Perdí la Razón

Aquí está algo sumamente fácil: La religión y la política no se mezclan. He escuchado eso toda mi vida de toda clase de personas.

Quizás haya perdido la razón, porque yo rechazo ese axioma. Yo sostengo firmemente que sí se mezclan, al menos para la mente renovada por el Espíritu de Jesús.

Primero, porque Jesús es Señor, quién es Él, qué hace Él y cómo lo hace se relaciona a cada faceta de la realidad. El señorío universal de Jesús tiene que ver con todo lo concerniente a cómo gobierna la gente y cómo es gobernada.

Segundo, el señorío de Jesús y Su reino son centrales en el Evangelio. Las mejores noticias de todos los tiempos es que Jesús reina — en los Estados Unidos, Irán y en todas partes. Aquellos que entienden quién está verdaderamente a cargo tienen responsabilidades especiales para con Él y para con todos los que aún no lo saben. Este es el elemento subversivo al llamar San Pablo “embajadores de Cristo” a los seguidores de Jesús (2 Corintios 5:20). Ellos representan su nación como lo hacen los embajadores, pero su nación y su Rey reclaman el mundo entero.

Tercero, la historia de Dios posiciona consistentemente a la gente de Dios en lugares de influencia y poder. Piensa en José, Esther y los seguidores de Cristo a través del tiempo (algunos de ellos mártires). Su testimonio fue muy revelador porque incluyó los poderes que controlaban la vida pública.

Cuarto, los mandamientos del amor y la Gran Comisión requieren el testimonio político y la acción. El amor que no enfrenta la injusticia no es amor, y la injusticia no puede ser enfrentada en un vacío político. Las buenas nuevas — que el Señor nos salva del peor mal para el mejor bien — retan profundamente los sistemas sociales y componendas de poder que gobiernan nuestras vidas. Esos sistemas frecuentemente se oponen a lo que el evangelio realizaría. Por consiguiente, el hablar y vivir el evangelio necesariamente resultará en acción política.

Quinto, tenemos mandamientos específicos que también nos llevan a la acción política. Si somos la luz, brillaremos en lugares oscuros — no accidentalmente pero a propósito. El disipar la oscuridad no sucede sin consecuencias políticas.

Tenemos el mandamiento de someternos a las autoridades gobernantes y a participar de otras formas en las arenas políticas y sociales. Aún el aislamiento y la no participación intencionalmente son formas de acción política, lo cual en ocasiones los seguidores de Cristo han usado poderosamente.

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