Pidiendo el Fuego del Avivamiento

“Porque Él es como fuego de fundidor… ” (Malaquías 3:2)

El fuego es fascinante. Es intrigante sentarse alrededor de una fogata y ver el fuego ardiente. Hipnotiza a los espectadores mientras baila de arriba a abajo y de lado a lado. Se empiezan a hacer experimentos alrededor como lanzar objetos al fuego para ver qué pasa. El fuego puede ser muy útil o puede causar grandes daños. En las manos correctas, el fuego puede proveer luz, calor y moldear los metales más resistentes. Muy a menudo, la Biblia usa el fuego como metáfora de la purificación, el juicio y el acercamiento a Dios. Podríamos llamarlo ser más santo, o apartado para los propósitos de Dios.

El fuego se menciona mucho en la Biblia. Una antorcha de fuego pasaba por las piezas de sacrificio en la visión de Abraham. (Génesis 15). El fuego era Dios. Moisés vio una zarza ardiendo que no se consumía. (Éxodo 3) El fuego en la zarza representaba a Dios. Fuego cayó del cielo cuando el Espíritu Santo descendió en el Pentecostés (Hechos 2). Debemos ser bautizados con el Espíritu Santo y fuego (Mateo 3:11). El fuego es un símbolo de la presencia de Dios (Génesis 15:17; Éxodo 3:2 13:21-22), del poder de Dios (Éxodo 19:18 24:17; 1 Reyes 18:24, 38) y de la pureza de Dios (Isaías 6:1-6).

Un Avivamiento por Fuego

¿Qué tan desesperado estás para que Dios trabaje en el mundo? ¿Dónde está tu urgencia para que Dios se manifieste en tu iglesia? ¿Estás dispuesto a que Dios haga un impacto en tu vida y en tu familia? ¿Sabes dónde comienza? El punto inicial del fuego del avivamiento eres tú. ¿Quieres que haya avivamiento en nuestra tierra? Empieza contigo y conmigo.

El origen del avivamiento tiene sus raíces en el Antiguo Testamento. Uno de mis héroes favoritos de la fe es un hombre que se atrevió a hacer una oración a Dios, la cual puso todo en la línea. El oró frente a la nación de Israel y de los líderes malvados de aquellos días: “Si mi Dios no responde esta oración trayendo fuego visible, entonces Él no es real y pueden olvidarlo para siempre”. ¿Harías una oración tan audaz y desesperada? Este hombre estaba en frente de 450 falsos profetas enfurecidos, poniendo su vida en la línea con una oración. ¿Sabes su nombre?

Él puso todo su futuro y toda su confianza en esta sencilla oración de avivamiento que decidiría el destino de una nación. Elías apostó todo lo que tenía. ¿Harías tú lo mismo?

La historia se encuentra en 1 Reyes 18 donde Elías hace una pregunta, crea un concurso, e invita al compromiso.

La Pregunta

El rey Acab y su malvada esposa Jezabel, perseguían a Elías. Ellos lo querían muerto y querían que la adoración a Jehová se acabara en todo Israel. Su crueldad se puede comparar con lo que ISIS está haciendo en Siria y en todo el mundo en estos días. Jezabel se casó con el diablo mucho antes de casarse con Acab. Jezabel olía a maldad, todo el tiempo. El letrero en su carruaje debió decir: “Exterminadora de Profetas”. Elías pensó que él era el único seguidor fiel de Jehová en la nación de Israel (1 Reyes 19:10) pero con gran fe, él supo que nunca era demasiado tarde para que Dios volviera a avivar a su pueblo, Israel. Le dijo al rey Acab que trajera a los 450 profetas del falso dios Baal al Monte Carmelo. Imagínate a Elías rodeado por adoradores de Baal en el epicentro de la adoración falsa que invita a estos hombres, mujeres y niños malos a aparecer de una vez por todas para resolver el asunto. No es muy diferente en nuestros días. Vivimos en un mundo que se adora a sí mismo, al poder, la fama, las celebridades, los atletas e incluso a las cosas materiales. En muchos aspectos, estamos rodeados de una actividad maligna a diestra y siniestra. Como Elías, ¿estamos dispuestos a ponerlo todo en la línea para la gloria de Dios?

Elías hizo la pregunta: “¿Hasta cuándo vas a adorar a múltiples dioses?” Dios nos está haciendo la misma pregunta. ¿Adoraremos solamente al Único Dios Verdadero? Este es el comienzo del avivamiento. Empieza contigo y conmigo.

El Concurso

La gran multitud estaba de pie en el Monte Carmelo. Dios tenía la ventaja de estar en Su estadio, y Elías lo sabía. Elías le dice a los falsos adoradores que “invoquen el nombre de su dios y yo invocaré el nombre del Señor. El dios que responda con fuego, ese es Dios”. Y todos respondieron “bien dicho” (1 Reyes 18:24). Los profetas de Baal comenzaron e hicieron un desorden en el altar y en sus vidas. Se veían ridículos corriendo alrededor del altar. No pasó nada. Elías, sarcásticamente les decía “griten más fuerte, tal vez su dios está de vacaciones. De seguro es real” (1 Reyes 18:27 paráfrasis)

Elías se levantó y dijo que era su turno. Reparó el altar que los profetas de Baal habían destruido en su frenético baile y cantos. Elías estaba haciendo el trabajo de la preparación, la restauración y el avivamiento. Él estaba desesperado porque Dios apareciera, quería el avivamiento en Israel tanto como el aire para sus pulmones. Este era el momento. Elías dijo una oración simple pero con una profunda fe: “Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos” (1 Reyes 18:37). ¡BOOM!, antes de que dijera “amén” el fuego cayó del cielo, en ese preciso momento, en el lugar exacto y quemó el altar, consumiendo el sacrificio y el agua. Elías creyó que Dios traería el avivamiento. Él puso su vida, su reputación y su futuro en la línea. ¿Harías tú lo mismo?

El Compromiso

Elías no necesitó hacer nada extraordinario para llamar la atención de Dios. Él sólo creyó en Dios y oró. La respuesta de la gente a una bomba atómica de fuego, que salió frente a ellos fue de humildad absoluta. Ellos cayeron sobre sus rostros y gritaron: “¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!” (1 Reyes 18:39). El juicio caería sobre los falsos profetas, y el avivamiento comenzaría de nuevo en la tierra.

La historia de Elías nos sirve como ejemplo bíblico de una vida totalmente dependiente de Dios, donde la oración no es una llanta de repuesto, sino el volante. Somos absolutamente dependientes de la comunicación con Dios. Él demuestra su fe con denuedo, poniendo su vida en la línea para la gloria de Dios. El avivamiento comienza con nosotros.

Nuestras Raíces

Avanzamos rápido en la historia desde la época de Elías, pero de vuelta desde nuestros días a la historia. Recordemos nuestras raíces como Metodistas Libres. Dios levantaría a un líder con pasión hasta la médula por el avivamiento.

El Gran Despertamiento durante los años 1739-1791 es denominado frecuentemente como el Avivamiento Wesleyano. Dios usaría a Juan y a Carlos Wesley, a otros líderes, y decenas de predicadores laicos para encender las llamas de la santidad en todo el mundo. Juan Wesley, como un predicador itinerante, montando su caballo, viajaría más kilómetros, predicaría más mensajes de la gracia de Dios y en más lugares que otros en ese momento. Dios había escogido a Wesley para esta tarea de pedir que fuego cayera del cielo.

A los 17 años de edad, Juan Wesley fue elegido para entrar al Colegio de la Iglesia Cristo, en Oxford, Inglaterra, y así lo hizo, en 1720. En ese momento ni se imaginaba que por la gracia de Dios y Su mano soberana, sería utilizado en pocos años, para propagar el fuego de la santidad por toda la tierra. Wesley era un estudiante de la Biblia, y otros mentores tuvieron influencia en él a lo largo del camino.

En noviembre de 1729 en Oxford, Juan Wesley, su hermano Carlos y otros dos se reunían tres o cuatro veces por semana para orar, estudiar la Biblia y discutir la teología y sus vidas cristianas. Estas reuniones fueron conocidas como el “Club Santo”. Ellos ayunaban los miércoles y jueves y celebraban la Comunión una vez a la semana. Esta devoción personal y rendición de cuentas mutua entre el grupo, encendería la llama de lo que se convertiría en un gran fuego por el Señor.

El avivamiento se esparció por todas partes a donde iba Juan Wesley. Se reunían grandes multitudes, el evangelio era predicado, la gente se volvía a Dios y se formaban “sociedades de avivamiento”. Los que dieron su vida a Cristo se congregaron en pequeños grupos para adoración, estudio, oración y discipulado. De manera sorprendente, Wesley animó a estos nuevos convertidos a permanecer fieles a la Iglesia de Inglaterra. Él no tenía ningún deseo de organizar una nueva denominación. Su deseo era encender un fuego dentro de la iglesia local. A medida que estos grupos crecían, se necesitaba más organización. Wesley los animaría con el lema: “Santidad al Señor”. ¡Wesley debió haber leído la declaración de Elías! Todo lo que Wesley quería era ver una vida nueva y saludable derramándose dentro de la iglesia. Amó a la Iglesia Anglicana hasta el día de su muerte.

Por medio de los avivamientos de aquel Gran Despertamiento, Dios usó a Wesley para predicar el evangelio. Los corazones ardían de nuevo para Dios. Los líderes del Metodismo fueron guiados por el Espíritu Santo, hombres y mujeres santos de Dios. El historiador William Edward Hartpole Lecky declaró que este avivamiento evangélico en toda Inglaterra y lo que ahora es los Estados Unidos “cambió gradualmente todo el espíritu de la Iglesia inglesa” (fmchr.ch/burnsbl). A través del Metodismo, el cristianismo recuperó su lugar legítimo en la vida nacional, dio un gran impulso al trabajo entre los niños y los pobres, e inculcó una nueva visión misionera.

Mi oración es que lo mismo le suceda a la iglesia local en estos días. Tal como Wesley lo hubiera deseado, orado y trabajado para que la iglesia se revitalizara a fin de ser un organismo vivo sano, no hundido en el legalismo, sino en amor. Oró por un avivamiento entre nuestras iglesias. Que pudiéramos llevar juntos una vida viva y activa en Cristo. Que persiguiéramos la santidad y que esto hiciera que la iglesia local viviera como Dios quería, separada por Su gracia y para Su gloria.

Fuego y Avivamiento

El fuego refina. Elías oró, y fuego cayó del cielo hacia el altar y quemó el sacrificio. Siglos después, Wesley tendría el mismo fuego para el avivamiento. El fuego trabaja para sacar el exceso y purificar. Es muy importante que las palabras “purificar” y “purgar” provengan de la palabra griega para fuego. Por el gran amor de Dios, Él hace lo mismo por nosotros. Quiere que vivamos para Él de todo corazón. Quiere desesperadamente purificarnos en palabras y hechos. Él está trabajando todo el tiempo, hasta horas extras para hacernos crecer y madurar.

Todos tenemos una profunda necesidad y anhelo de que Dios se mueva en nuestros corazones, nuestras familias, nuestras iglesias, nuestras ciudades, nuestros estados, nuestro país y nuestro mundo. Empieza con una oración desesperada pidiendo fuego del cielo.

Que el avivamiento vuelva a nuestra tierra para la gloria de Dios. Que volvamos a humillarnos profundamente y seamos lanzados denodadamente con el fuego del evangelio. Aquí está lo que fue escrito el 20 de enero de 1905, en un artículo del Denver Post titulado “Una Ciudad Entera hizo una pausa para la Oración”:

“Durante dos horas, al mediodía, todo Denver estaba como bajo un hechizo. Los comercios estaban desiertos entre el mediodía y las dos de la tarde, todos los asuntos mundanos se olvidaron, y toda la ciudad se entregó a la meditación en las cosas de arriba. El Espíritu del Todopoderoso invadió todos los rincones. Al ir y venir de las grandes reuniones, los miles de hombres y mujeres irradiaron este Espíritu que los llenó, y el claro sol de Colorado se hizo aún más brillante por el resplandor de la luz de Dios brillando en las caras felices. Pocas veces se ha visto algo así: toda una gran ciudad, en medio de un agitado día entre semana, inclinándose ante el trono del cielo y pidiendo y recibiendo la bendición del Rey del Universo”.

Que Dios haga que el avivamiento vuelva a suceder en todas nuestras ciudades.

Jeff Baxter es el pastor principal de la Iglesia River en Lakewood, Colorado, y presbítero ordenado Metodista Libre. Recientemente, ha escrito “The Ultimate Guide to Being Christian in College” (Zondervan,  “La guía definitiva para ser cristiano en la universidad”) y actualmente está escribiendo un libro con Light + Life Communications (Comunicaciones Luz y Vida) para ayudar a la iglesia local a pasar del quebranto a la belleza.

 

 

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