Perdiéndose los Milagros

¿Crees en los Milagros? Si así es, ¿has orado por un milagro? ¿Has experimentado un milagro?

Es posible que la última pregunta pueda ser la más difícil de responder. Algunos milagros, de momento pueden no parecer milagros, pero puede ser que más tarde reconozcamos la intervención sobrenatural de Dios. En otras instancias, podemos nunca darnos cuenta de las maneras en que Dios intervino milagrosamente en nuestro beneficio. Después de todo, “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (Romanos 8:28).

Por supuesto, la obra de Dios no siempre se reconoce cuando estamos sufriendo. Si nos vemos “atribulados en todo, pero no abatidos” (2 Corintios 4:8), un milagro puede ser necesario para evitar ser abatidos. Después de mucha presión, sin embargo, podemos no sentir que hemos experimentado un milagro, aunque se haya efectuado.

Mi esposa y yo tenemos diez años de casados sin poder tener un hijo. Oramos fervientemente por un milagro médico, fuimos ungidos con aceite, visitamos gran cantidad de doctores. Una amiga de la iglesia nos dio esperanza adicional cuando nos dijo que Dios le había revelado que tendríamos un bebé. Esa profecía parecía convertirse en realidad cuando finalmente un médico nos confirmó un embarazo, pero un ultrasonido subsecuente reveló un aborto que nos devastó.

Eventualmente buscamos adoptar. Después de dos años de investigar, muchos formularios e inversión financiera, nuestro milagro parecía haber llegado cuando recibimos una llamada de que los padres biológicos de un bebé nos habían escogidos para ser su familia permanente. Fuimos al hospital y conocimos al pequeño niño que creíamos era nuestro milagro. Al siguiente día, una llamada telefónica nos hizo saber que las circunstancias habían cambiado y que el pequeño ya no estaría disponible para adopción.

Cuando más tarde recibimos una llamada de una diferente agencia de adopciones sobre un bebé a algunos estados de distancia, yo estaba escéptico. Problemas de espacio no nos permitían los detalles, pero ahora veo la mano milagrosa de Dios en eventos que permitieron que nuestro hijo se uniera a nuestra familia.

Nuestras experiencias no niegan las maneras milagrosas en las que Dios sana físicamente de infertilidad a otras personas. Como nos lo explica Chuck White en esta edición de LUZ Y VIDA, el Nuevo Testamento incluye ejemplos en los que una persona recibió milagrosamente la sanidad o protección física, mientras que otro cristiano que igualmente lo merecía, no la recibió.

Los caminos de Dios no son nuestros caminos (Isaías 55:8-9). Sus milagros son reales, aunque no siempre vienen de la manera que nosotros esperamos. Como escribe Carolyn Moore en “Sobrenatural”, de Seedbed Publishing: El cristianismo no es una fe con unos pocos milagros aquí y allá para hacer un efecto. El cristianismo es un milagro con algunas buenas historias. Los milagros son la piedra angular de la fe cristiana. Extraerlos del evangelio de Jesucristo sería extraerlos del corazón de Dios para el pueblo que Él creó”.

Algunos cristianos insisten en que los milagros cesaron después de la iglesia primitiva, pero los creyentes alrededor del mundo testifican otra cosa. Otros afirman que Jesús era un gran maestro, pero concluyen que una persona tiene que ser un ignorante para creer en milagros. C. S. Lewis – no un holgazán intelectual – argumentó: “La creencia en los milagros, lejos de depender de una ignorancia de las leyes de la naturaleza, sólo es posible en cuanto esas leyes sean conocidas”.

Según 1 Corintios 12, el Espíritu de Dios les da a algunas personas “poderes milagrosos”, mientras que otras tienen el don de “discernir espíritus” (v. 10) El último don también es importante porque las cosas pueden parecer milagros sin venir de Dios. El “hombre de maldad” según se describe en 2 Tesalonicenses 2, vendrá “con toda clase de milagros, señales y prodigios falsos” (v. 9). Mateo 24:24 y Marcos 13:22 también nos advierten de “falsos cristos y falsos profetas” que harán “grandes señales y milagros para engañar”.

No caigamos por los falsos milagros. Tampoco nos perdamos los verdaderos milagros.

Jeff Finley es editor ejecutivo de esta publicación. Se unió al equipo de LUZ Y VIDA en 2011 después de una docena de años trabajando como reportero y editor para Sun-Times Media. Él es miembro de la Iglesia Metodista Libre Juan Wesley, donde su esposa Jen funge como pastora principal.

Written By
More from Jeff Finley

La Influencia Divina de Dios

Nuestra visión es “llevar integridad al mundo a través de comunidades bíblicas...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *