OFRENDA-ADORACION

Con la Lengua en la Mejilla

En otros tiempos, al entrar al santuario siempre recibías un “boletín”. Aún no sé por qué lo llamaban “boletín”. Lo consulté y sólo me confundí más. Así que lo he agregado a mi lista de preguntas que puedo hacerle a Jesús, aunque probablemente sea en un día realmente lejano.

En otros tiempos, todos recibían un boletín, aunque realmente nadie lo necesitaba, por dos buenas razones. Primero, todos casi sabían qué era lo que iba a pasar durante el servicio, ya que el “orden del servicio” básicamente siempre era el mismo. Segundo, nadie realmente necesitaba leer los anuncios que aparecían en el boletín, ya que no variaban mucho, además, iban a ser leídos al menos una vez durante el servicio mismo, si no es que dos veces para que no los olvidáramos. Las iglesias más grandes podían además tener un “sketch” sobre los anuncios más importantes.

En otros tiempos, de nuevo en el boletín, normalmente como a la mitad del servicio, estaba marcado por la “ofrenda”. Los ujieres eran llamados al frente, uno de ellos oraba, y luego el piano señalaba el momento cuando debían comenzar a pasar las canastillas.

La mayor parte de esto ha cambiado en la actualidad, por lo menos con respecto a la ofrenda. En algunas iglesias, no hay ofrenda durante el servicio propiamente. Hay una canasta en el vestíbulo. En otras iglesias, la ofrenda toma lugar cerca del principio junto con otros “asuntos de mantenimiento” con el fin de no interrumpir una vez que comienza la adoración verdadera. Otras iglesias acostumbran colocar la ofrenda hasta el final del servicio así viene como respuesta a otros actos más centrales de la adoración—especialmente la predicación de la Palabra.

Con la lengua en donde pertenece

El pueblo de Dios en nuestras Escrituras ve a la “ofrenda” de una manera diferente en algunos aspectos. Para comenzar, la adoración es fundamentalmente todo acerca de “ofrendar”. Dios ofrece una invitación y provee una manera de congregarse ante la Santa Presencia. Quienes se reúnen ofrecen su lealtad y fidelidad al Dios que los llama a aproximarse, a reunirse ante la Divina Presencia. En el transcurso de cada evento-de-adoración, el pueblo y los que los dirigen en la adoración celebran todo lo que Dios les ha dado e invitan al pueblo a dar respuestas que sean apropiadas. Del fondo de sus corazones, ofrecen devoción, alabanza, confesión y afirmación. De sus manos ofrecen el fruto de su labor hecho posible por la bondad de Dios que ellos han experimentado. Entonces, de todo lo que ellos son, ofrecen palabras y buenas obras reflejando la presencia y el poder de Dios, mientras salen de un evento-de-adoración para entrar en una semana de vivir-la-adoración.

De hecho, el pueblo de Dios, informado por la historia de Dios con y a través de ellos, arraiga toda su vida en respuesta de adoración plena a Dios. El apóstol Pablo lo escribe de esta manera: por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes – les ruego que entreguen su cuerpo a Dios-. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo (Romanos 12:1). Así entonces se presentan a sí mismos en esta forma, aprenden a vivir como “desde el altar”, como ofrendas en, y expresiones del altar. Como resultado, sus mentes son renovadas y su forma de vida es cambiada y moldeada por nuevas y diferentes relaciones con Dios y unos para con otros (Ver Romanos 12:2, y continuar hasta el fin del capítulo 12).

Cuando el pueblo de Dios es moldeado por tal adoración, algunos de las más importantes y urgentes preguntas podrían incluir: ¿Cuándo nuestra adoración no es una ofrenda? ¿Qué, en principio, puede ser exentado de la ofrenda? ¿Cómo podemos vivir, y menos adorar, antes de o aparte de, o después de ofrendar? ¿Verdaderamente, que hacemos que no sea básicamente nuestra ofrenda a Dios? ¿Cómo podemos hacer planes, responder a circunstancias o crisis, servir a Dios o a otros, realizar nuestros “negocios”, formar nuestras familias, contribuir con nuestras comunidades, reaccionar ante los pobres del mundo, desarrollar un presupuesto familiar, comprar una casa o carro nuevo, decidir apoyar (o no) a un misionero, celebrar la Navidad-o hacer cualquier cosa aparte de la “ofrenda” que hacemos a Dios?

Si incluso el aire en nuestros pulmones es un regalo, si verdaderamente no tenemos nada que no hayamos recibido, entonces en un sentido crítico, el boletín debería venir tan sólo con un asunto único en el orden de nuestra adoración: “ofrenda”.

OBISPO DAVID KENDALL es presbítero ordenado en la Conferencia Great Plains y fue electo por primera vez como obispo Metodista Libre el año 2005. Es autor de “God’s Call to Be Like Jesus” (“Dios nos Llama a Ser Como Jesús”) (fmchr.ch/dkcall).

 

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