Nuestro Evangelio Racional y Relacional

Somos personas racionales, y tenemos un evangelio racional.

Como estadunidenses, en su mayoría, tenemos gran amor por el conocimiento. Como evangélicos, ya nos identificamos con los versículos que nos invitan al conocimiento. Pasamos mucho tiempo de nuestro “tiempo de fe”, aprendiendo más en estudios bíblicos, y nos da gusto cuando una nueva perspectiva llama nuestra atención. Incluso si solo añade información de un pasaje con el que estamos muy familiarizados. También tenemos justificación para estudios bíblicos perpetuos: 2 Timoteo 2:15: “Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra de verdad”, 1 Pedro 3:15: “Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes”.

El evangelio explica el camino de salvación por medio del conocimiento de la verdad. Nuestra tendencia como el cuerpo de Cristo a través de las generaciones ha sido la de explicar la verdad formando declaraciones doctrinales de fe por las que comparamos nuestras creencias con otras denominaciones. El alma humana se identifica con una doctrina elegida acompañada del orgullo, y podemos deiscutir y defender nuestro punto de vista como la mejor interpretación de la teología. Esta práctica, infortunadamente, puede desviarnos del amor de los unos por los otros, a la práctica de criticarnos los unos a los otros.

Cuando ponemos nuestros ojos en la perspectiva y la doctrina teológica, corremos el riesgo de ser seducidos por un espíritu religioso—el mismo espíritu religioso que cegó a los fariseos de que vieran a Jesús por lo que Él realmente era, el Mesías. Juan 5:39-40 dice: “Ustedes estudian las Escrituras a fondo porque piensan que ellas les dan vida eterna. ¡Pero las Escrituras me señalan a mí. Si embargo, ustedes se niegan a venir a mí para recibir esa vida” (NTV).

De manera que debemos ser cuidadosos de que guardamos nuestros corazones de esta tentación para que influencias mundanas y pecaminosas no nos impidan conocer la verdad. Aquí es donde nos desviamos del evangelio racional al evangelio relacional. Por favor no creas que estamos escogiendo uno sobre el otro. Más bien, nos estamos cambiando a un engrane más alto de fe al conocer al Padre y entender quiénes somos en Él.

Para ilustrar este punto, compartiré acerca de Pamela (nombre ficticio). Ella estaba activa en la fe, participaba en el ministerio, dirigía estudios bíblicos, y ayudaba a las mujeres a recibir a Cristo. Sin embargo, su vida de oración estaba atrofiada, y sus emociones no reflejaban el gozo del que ella hablaba. En su corazón, ella sentía que Dios la estaba ignorando o quizá la había abandonado. Pamela se esforzaba más esperando que su servicio le agradaría a Dios lo suficiente para que se diera cuenta de su anhelo más profundo. Ella leía pasajes que hablan del amor de Dios, pero ella no lo sentía.

Alzando la Carga de la Vergüenza

Cuando Pamela acudió conmigo para recibir ayuda en oración. Para mí no fue ninguna sorpresa enterarme que ella había crecido en un ambiente de abuso infantil en su familia. Su caso resultó ser un caso extremo, e infortunadamente, no muy fuera de lo común. Su padre alcohólico maltrataba a su madre físicamente y a sus dos hijas. Pamela, quien era la mayor, con frecuencia recibía los peores maltratos y abusos sexuales. Para proteger a su pequeña hermana, ella le reclamaba a su padre. A la edad de 10 años, las cosas se pusieron tan mal que llegó a ocultarse debajo de las escaleras con una pistola en su poder para asegurarse de que el abuso no continuara.

No es de extrañar que ella luchara por sentir el amor de su Padre celestial. Le pregunté si podría perdonar a su papá, pero no pudo. La ira, el rechazo y la injusticia se habían arraigado profundamente en su alma. Le pregunté si las experiencias de su niñez habían conducido a la rebelión y a la promiscuidad. Ella reconoció que sí, y cargó con ellas hasta sus primeros años de adultez y a un primer matrimonio de abusos. Cuando ella aceptó a Cristo, las cosas comenzaron a cambiar, pero luego su fe se secó y perdió la eficacia de un camino victorioso. Su segundo matrimonio fue una mejoría por el hecho de que era al lado de un hombre que también servía a Dios.

Ayudé a Pamela a cortar las ataduras de su vida anterior de inmoralidad sexual. Aunque se había arrepentido funcionalmente por serle fiel a su esposo y no interesarse en ninguno de sus antiguos amantes, el Acusador seguía usando el pecado sexual pasado para hundirla en la vergüenza y el sentido de culpa. Una vez que confesó el pecado y lo puso a los pies de Jesús, se dio cuenta que le había arrebatado el poder al Enemigo, y sintió que quedó libre de la carga de la vergüenza. Luego ya pudo con honestidad perdonar a su padre por su mal comportamiento y desvío emocional.

Después de esta experiencia de la demolición de las fortalezas, Pamela sintió un nuevo vigor y conexión espirituales con Dios como nunca los había sentido. Llegó a conocer la verdad poniendo su confianza en la enseñanza bíblica de la santificación, para deshacer las trampas del enredo del pecado y poner sus ojos en Cristo (Hebreos 12:1-2). Ahora podía participar en la adoración personal y sentir la presencia del Señor y escuchar Su voz. La Escritura llegó a ser un tesoro de esperanza en lugar de un proceso de aprendizaje. Su conocimiento de Dios se convirtió en un conocimiento personal cuando creyó y experimentó la libertad en Cristo.

Liberado de la Lujuria

Estar bloqueado por sentimientos o pensamientos de culpa o vergüenza son indicadores de estar de acuerdo con la mentira. Martín (no es su verdadero nombre), fielmente asistía a la iglesia con su familia y participaba en varias capacidades. Según todas las apariencias externas, él era un buen cristiano. Cuando vino conmigo, le pregunté sobre su vida de oración. Dijo que estaba muy ocupado, pero que pensaba en Dios y escuchaba música cristiana durante el día. A Martín no le gustaba orar en público, y en casa dejaba que su esposa se encargara de la tarea de hacer las oraciones. Cuando yo insistí, finalmente confesó que se sentía avergonzado e indigno de hablar con Dios. Las raíces de su vergüenza comenzaron cuando fue introducido a la pornografía y la autocomplacencia en reuniones de sexo. Esto siguió hasta renovar su fe en Cristo y se casó. Él no podía dejar por completo sus hábitos pornográficos y decidió vivir una vida “religiosa” para ocultar sus secretos.

Mientras Martín confesaba sus cadenas y declaraba su arrepentimiento, de repente se quedó en silencio. Comenzó a respirar agitadamente y a mirar fijamente con sus ojos enrojecidos y entrecerrados, dejaba ver un odio profundo. Luego, con su voz, pero no con sus propias palabras, dijo: “Él no va a permitirme ser liberado. Él quiere que yo siga aquí”.

Este demonio de la lujuria había tenido suficientes cadenas de dominio para manifestarse en el cuerpo y la voluntad de Martín. Cuando yo ordené al demonio callarse y le pregunté a Martín si estaba consciente de lo que había sucedido, él dijo que sí. También se sentía enojado y con el deseo de arrepentirse y renunciar a su devoción a la idolatría y la lujuria. Yo desafié al demonio, quien luego pareció como un anciano decrépito. Martín dio otro paso al cortar las ataduras del alma y pedir perdón por el primer día en que él cedió a los sentimientos que le produjo la pornografía. El demonio fue arrojado y Martín se sintió liberado por primera vez en su vida. Durante los siguientes dos años, las luchas de la lujuria volvían, pero él había aprendido a resistir al diablo y pelear la buena batalla de la renovación de su mente en Cristo. Formar nuevos patrones de pensamiento es esencial para una vida victoriosa.

Fortalezas vs. el Espíritu

Un aspecto importante para entender las fortalezas o entramados es que son un obstáculo para el impacto del Espíritu Santo en nuestra alma, mente, voluntad, emociones e identidad. El Espíritu está activo por medio de la inspiración, convicción y dirección para formar el fruto en nuestras almas. Las fortalezas impiden el proceso haciéndonos dudar, temer, o ser atrapados por falsas creencias y una negatividad perpetua.

Hay cuatro maneras primarias en las que se pueden originar las fortalezas: el pecado no confesado, la falta de perdón, pecados o maldiciones generacionales, y la invitación. Regresando al caso de Pamela, vemos que ella albergó la falta de perdón hacia su padre. Ella creía y se identificaba con mentiras que impedían que ella tuviera comunicación con Dios. La relación disfuncional y abusiva con su padre se repitió en su primer matrimonio (generacional). Ella aceptó más fortalezas y ataduras por medio del pecado sexual y fuera del matrimonio. Finalmente, no recibió la suficiente enseñanza sobre la importancia de la confesión y arrepentimiento que la hizo ser cautiva del pecado, aunque ella había puesto su fe en Cristo. Ella aprendió a caminar en libertad y confiar verdaderamente en su Padre.

Otro principio básico del crecimiento cristiano y una confianza más profunda es la renovación de nuestros patrones de pensamiento. Ponernos de acuerdo y actuar sobre los pensamientos negativos o actitudes autoderrotistas nos atrapan en el agravamiento de los ciclos de desilusión y culpa. Nuestro bien conocido texto es Romanos 12:2, y yo utilizo la Versión Ampliada para un mejor énfasis: “Y no se conformen a este mundo [ya no con sus valores y costumbres], sino sean transformados en sus mentes [enfocados en los valores piadosos y actitudes éticas], para que puedan aprobar [por ustedes mismos] de cuál es la voluntad de Dios, la que es buena y aceptable y perfecta [en Su plan y propósito para ustedes”].

La renovación de nuestra mente requiere del poder de la verdad. Debemos involucrarnos en la revelación bíblica para el proceso de más impacto en el cambio de los patrones de pensamiento a los de bondad. En Efesios 1:17-18, encontramos la dirección que necesitamos: “Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos”. El estudio bíblico debe incluir tiempo para escuchar, no solo para leer otro comentario.

Para recibir sabiduría y revelación se requiere la cooperación con el Espíritu Santo, quien la convertirá en pensamientos, actitudes, conducta y empoderamiento renovados. La verdadera transformación se identifica por el amor, gozo, paz, dominio propio, una fe creciente, y dones. Así es como exploramos continuamente el corazón de Dios y descubrimos nuestra verdadera identidad y efectivamente amar a otros. (Léase Salmos 51:1-13, y Efesios 3:16-19).

Rob Reimer, en su libro “Cuidado del Alma”, ofrece una sólida descripción: “Tu identidad en Cristo es el fundamento de un alma saludable. Lo que tú eres determina cómo te conduces. Lo que tú crees sobre ti mismo, influye en tu nivel de madurez, paz, y salud del alma”

Nuestro testimonio y camino de fe sólo reflejará el amor de Dios cuando lo conocemos cada vez más como Padre. Cuando transitamos de nuestra esclavitud a las tinieblas, estamos creciendo hacia nuestra herencia del reino como hijos e hijas. Cada paso hacia una libertad más grande por medio de la sanidad de emociones lastimadas, reconociendo y desarraigando las fuentes de temor y duda, o declarando un compromiso fresco, hace surgir nuestra semejanza a Cristo. La santa transición es efectiva solamente cuando nuestras creencias nos conducen a un descubrimiento más y más profundo del abrazo del Padre.

En su libro: “Sabiduría Profética”, Graham Cooke escribe: “Si nuestro estudio no nos lleva a un encuentro práctico, luego nuestra cabeza siempre dominará a nuestro corazón en cuestiones de fe”, y continúa explicando que “la teología sin la experiencia nunca puede ser la Verdad. Puede ser correcta. Puede ser adecuada, sin embargo. Es simplemente verdad. La Verdad nos hará libres. … La Escritura es verdad porque Jesús es la Verdad”.

En nuestra tradición wesleyana, experimentar la santificación y la transformación tiene gran valor. La experiencia de la adoración pública debe ser un tiempo de encuentro con el Espíritu Santo, no solo para escuchar acerca de Él. Nuestra adoración personal debe llenarnos cada día con Su presencia y amor que se comparte con los demás.

En la Versión Ampliada, 2 Pedro 1:2-3 ilustra este punto: “Gracia y paz [ese sentido especial de bienestar espiritual] sean multiplicadas en ustedes en el conocimiento [verdadero, íntimo] de Dios y de Jesús nuestro Señor. Por Su divino poder nos ha otorgado [absolutamente] todo lo necesario para una vida y bondad [dinámica espiritual], a través del conocimiento verdadero y personal de Él, quien nos llamó para Su propia gloria y excelencia”.

La nuestra es una fe basada en la Verdad. Vivamos el evangelio racional de verdad que siempre nos guía al conocimiento relacional del Padre.

Mike Henry, D,Min, es el pastor de Ministerios de Libertad en la Iglesia Sage Hills, en Wenatchee, Washington. Él ha sido misionero y pastor por más de 30 años y ahora ha guiado a más de 2,000 personas en sus pasos a la sanidad y liberación interior.

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