No Más una Mujer sin Nombre

Existen tantos roles fuertes de varones en la Biblia que posiblemente las mujeres parecen haber sido pasadas por alto, sin embargo la Biblia habla de muchas mujeres: Rut, Ester, María, Eva, Débora, Hagar, Marta, Sara, Dalila, Raquel, Lea, Jezabel, Ana, Dorcas, Noemí, Jocabed, Abigail, Betsabé, Elizabet, Rebeca, Miriam, Junias, Séfora, Loida, Eunice, Mical, y muchas más.

Buenas y malas, estas mujeres son ejemplo de cómo el Señor usa sus fortalezas y flaquezas para Su gloria. A través de grandes fortalezas o a través del pesares y dolores, se han convertido en heroínas históricas a quienes vemos como ejemplos para el día de hoy que nos sirvan de ayuda en nuestro caminar en la fe.

Todas estas mujeres tienen un propósito y un valor claros, y todas tienen un nombre. Si eres mujer, puede que no creas que es fácil relacionarte con estas mujeres porque no sientes que eres especial, o llamada para ser usada por Dios como ellas lo fueron.

Algunas veces me siento indigna de crear o participar en un movimiento por Cristo en el mundo de hoy, y me encuentro pensando:

Sólo soy una mujer

Sólo soy una estudiante de la Universidad.

Sólo soy una amiga, hija, hermana.

Sólo soy yo — nada especial en particular o útil sobre mí.

Sea que te sientas así o no, hay esperanza porque Jesús también usa a los débiles, a los que sufren y los “nada especiales” para escribir Su historia.

Hay muchas otras mujeres en la Biblia que experimentaron su pena, cambiándola en gozo, el dolor en alivio, y las pruebas se tornaron en triunfo, Sus historias nos fortalecen y nos traen paz, sin embargo, de algunas de estas mujeres no se mencionan sus nombres.

Las conocemos por sus sufrimientos, sus pruebas, sus rasgos, y su pasado. Ellas no son vistas como las más glamorosas o atractivas personas; fueron marginadas. Eran rechazadas, no amadas, solitarias, dañadas emocional, física y espiritualmente, sin embargo, Dios les dio algunas de las más poderosas historias, pero para el mundo no tenían valor ni eran importantes.

Hoy las llamamos “la prostituta”, “la pobre”, “la viuda”, y “la coja”. Todas ellas eran quebrantadas, pero tiene un propósito, aun para los que no tienen un nombre. Sus vidas e historias están llenas de una verdadera belleza.

Posiblemente nosotras como mujeres cristianas, sentimos que no damos la estatura, o no podemos ofrecerle a Dios nada de lo que Él espera de nosotros. Es posible que pensamos que hay alguien que es mejor para el amor y la gracia de Dios. Estas son mentiras que Satanás ha puesto en nuestras mentes, porque Dios no nos rehúye ni nos descarta.

Jesús escoge a alguien de entre la multitud—no a la de más hermosa apariencia o de una vida perfecta, pero la que sufre y llora—y escoge a esa persona. Vio toda la vergüenza y las dudas, y dice: “A ella, la escojo a ella”. Escoge a esa persona para derramar sobre ella su gracia, misericordia y paz, y para amarla incondicionalmente. La escoge a ella para que reciba una nueva identidad.

Esa persona que Él escogió de entre la multitud somos tú y yo.

Tú ya no eres quebrantada, indefensa e indigna. Cada día, Jesús te ve, te escucha, te busca y te escoge. Tú le perteneces, y ya no eres de las que no tienen nombre. Has sido liberada, sanada y amada.

Reflexión

Detente un momento y pide a Dios que te abra el corazón para que le permitas entrar en las palabras que tú necesitas escuchar. Luego lee el Salmo 19, 96 y 119. Tómate el tiempo para realmente reflexionar en Su Palabra, ora con todo el corazón, y reflexiona en las dificultades de las que te ha sacado, y qué tan fiel realmente Él es.

Así que te animo a que tomes una hoja de papel. En el centro de la misma, dibuja un círculo y escribe: “Porque Él es… “Sanador”: “Protector”, “Soberano”, etc. Sin embargo, No importa cuán pocas o muchas de ustedes pueden confiadamente decir que Dios está en sus propias vidas. Estas palabras y frases que escribas en ese papel significan la manera en que tú ves a Dios, y Dios es y siempre será esas cosas para protegerte y amarte.

Ora sobre eso. Toma realmente tiempo para meditar en la manera en que ves a Dios, y ten confianza en ello. Piensa sobre a dónde Dios te ha llevado para hacerte llegar a donde estás ahora. Piensa en la manera cómo Él ha sido fiel, amoroso y que te ha nutrido.

Oración

Dios, te doy muchas gracias por darme una segunda oportunidad. Una y otra vez, yo te fallo, y me siento quebrantada y avergonzada. Trato por mí misma de darme a mí misma un nombre. Creo que lo merezco, pero siempre termino en la pocilga. Sólo tu misericordia y tu amor pueden sanar mi corazón y mis heridas. Sólo tu paz y sabiduría pueden guiarme para ser la mujer que tú me has llamado a ser.

Te doy gracias por elegirme a mí. Ya no tengo que seguir enredada y etiquetada, porque sólo por tu gracia he recibido un nombre. Ya no soy una mujer sin nombre, ya no me siento sin esperanza. Ya no soy una marginada. Soy aceptada y completamente amada. Cada día te agradeceré por la gracia que me has dado. Oro en el nombre de Jesús. Amén.

 

Victoria Fisher es una estudiante de la Universidad de Greenville con especialidad en comunicaciones con un título en estudios teatrales y relaciones públicas. Ella sirve como la gerente esudiantil de la radio WGRN (wgrn.net) y editora de El Papiro (papyrus.greenville.edu).

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