Necesario y Posible/Imposible

Cada iglesia quiere alcanzar a su comunidad. Cada iglesia quiere ayudar. Cada iglesia desea ver a Dios trabajando — transformando personas milagro imposible tras milagro imposible. Pero ¿cómo hacemos lo imposible? ¿Dónde comenzamos?

Hay un dicho que en ocasiones es atribuido a San Francisco de Asís: “Comienza por hacer lo que es necesario; luego haz lo que es posible; y cuando menos lo esperes estarás haciendo lo imposible.”

Lo Necesario

Mi iglesia quería ayudar a los servicios contra la violencia doméstica y asalto sexual en la Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes (YWCA por sus siglas en inglés) del Condado de Genesee, Michigan. La YWCA había servido a nuestra comunidad por décadas y estaba ubicada en un edificio viejo y ruinoso — el cual había sido condenado a la demolición. Recientemente la YWCA cambió su enfoque de sus servicios tradicionales a dedicar su trabajo en su albergue contra la violencia doméstica. Los líderes de la YWCA decidieron colocar a estas mujeres en un entorno seguro que fuese funcional y que les sirviera para empoderarse. Ellos dijeron que necesitaban alejarse del mobiliario desvencijado, calefacción y aire acondicionado poco confiables, y un ruinoso edificio. Necesitaban reubicarse, así que rentaron un edificio nuevo.

Nuestra iglesia se dio cuenta que la YWCA ya tenía consejeros capaces y experimentados quienes no necesitaban nuestro apoyo en su programa contra la violencia doméstica. Sin embargo, la YWCA necesitaba nuestra ayuda para prepararse para la abrumadora tarea de la reubicación. De modo que decidimos hacer lo que era necesario — no lo que queríamos.

Lo Posible

Recorrí el edificio de la YWCA una calurosa tarde del mes de abril. Las necesidades eran muchas. Décadas de acumulación dejaron al edificio colmado de artículos de diverso valor: mesas y sillas antiguas, mobiliario de apartamentos del refugio, un servicio de plata para banquetes, casilleros de vestidor, equipo de oficina, un armario lleno de prendas de vestir antiguas, equipo comercial de cocina y un sauna independiente. Este edificio de ocho niveles estaba por estallar con lo que parecían miles de artículos. La YWCA quería trasladar los artículos útiles a las nuevas instalaciones, vender los artículos que tenían algún valor y enviar el resto al basurero.

Después de horas de estar ordenando por categorías, me sentí abrumada. ¿Qué podía hacer nuestra iglesia? No había forma de poder terminar esta tarea, pero tampoco de dejarla a medias.

Sumamos este proyecto a nuestro domingo de servicio comunitario “Servir a Nuestra Ciudad 2016”, Un equipo de más de 40 voluntarios llegaron al lugar — Sacrificando la experiencia normal de un domingo de adoración por servir en la YWCA—. Movimos muebles pesados. Ordenamos por categorías algunos artículos para una subasta en línea (idea de uno de nuestros miembros). Uno de los miembros más antiguos de la iglesia manejó un pizarrón y envió cada artículo al lugar que le correspondía. Otros prometieron regresar el siguiente fin de semana para terminar el trabajo pendiente.

Poco a poco, terminamos el trabajo que parecía imposible. Mientras trabajábamos tras bambalinas, nunca nos encontramos con una víctima de abuso doméstico (nuestra meta original de alcance). Pero desafiamos al grupo, sacrificamos nuestro tiempo y recursos y preparamos a la YWCA para un ingreso de $10,000 dlls. por medio de la subasta en línea. Acometimos lo que era posible para nuestros voluntarios, y Dios nos preparó para que fuésemos testigos de algo milagroso.

Lo Imposible

Mi historia favorita del proyecto YWCA fue conocer a Brenda (no es su verdadero nombre). Brenda estaba ansiosa por ayudarnos en el día de la mudanza. Ella y yo estábamos transportando un escritorio de oficina en el viejo elevador. Estuvimos apiñadas en ese pequeño espacio por unos minutos mientras bajábamos al subterráneo. Le pregunté a Brenda, “¿Por qué trabajas en la Y?”

Me platicó sobre su nueva posición como consejera de un par de jovencitas en el refugio. Sonrió por su propósito recién encontrado de guiar y ayudar a estas jovencitas. “Por eso es que trabajo aquí”. Dijo Brenda: “Deseaba que hubiese un lugar como este cuando era joven. Fui víctima de la violencia doméstica, y aunque no voy a la iglesia, el deseo de ustedes por ayudar aquí me ha dado esperanza. Esa es la clase de iglesia a la que me gustaría asistir”.

Cuando la puerta del elevador se abrió y regresamos a la tarea urgente de mover aquel pesado escritorio recordé nuestro deseo original de ayudar a víctimas de violencia doméstica. Nunca vimos el refugio de la YWCA en acción, pero mientras atendíamos a las palabras de San Francisco, Dios produjo una oportunidad milagrosa para que nuestra iglesia desafiara y empoderase a alguien — una mujer que se está dando a las mujeres a las que inicialmente nosotros queríamos servir. Ayudamos donde fuimos necesarios, y cuando terminamos lo que era posible para nosotros, Dios hizo lo imposible.

Shane Bengry es pastora de conexión y alcance comunitario de la Iglesia Metodista Libre de Davison en Davison, Michigan.

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