Los Muchos Idiomas de la Biblia

Descansando en mi cuarto en la India, puedo escuchar a los trabajadores afuera hablando en kannada. He terminado de hablar del griego bíblico, en inglés, con algunos jóvenes que ya hablan o comprenden de tres a siete idiomas diferentes. Este entorno se parece más al entorno del que surgieron nuestras Biblias que el de nuestras típicas iglesias monolingües estadounidenses. De modo que, ¿cómo sucedió que los respaldos de nuestras bancas o sillas de nuestros santuarios, altares y burós de nuestras camas tienen estas colecciones de 66 textos antiguos reunidos cuidadosamente y traducidos en un inglés fácil de leer?

Podemos rastrear esta historia a través de los cambiantes idiomas de los israelitas. Nehemías 8 los describe aproximadamente a mediados del siglo quinto a. de C., cuando regresaron a Jerusalén desde Babilonia y ya están leyendo los textos sagrados que serían la guía de su adoración en su templo reconstruido. Sin embargo, su idioma común había cambiado del hebreo al arameo, así que necesitaban explicaciones y traducciones (Nehemías 8:8). Algunas porciones del Antiguo Testamento, como la de Esdras 4:8-6:18, incluso habían sido escritas en arameo.

El tema del cambio de idiomas en el mundo Mediterráneo también condujo a la traducción de la Biblia hebrea al griego más o menos en el siglo tercero a. de C. Al circular las copias de esta traducción, conocida como Septuaginta en el mundo antiguo, con ella comenzó a circular otra literatura devocional escrita también en griego. Cuando los judíos y cristianos se separaron, las nacientes escuelas rabínicas eliminaron los libros “extras” de la Biblia hebrea. En contraste, Eusebio, un historiador eclesiástico del siglo cuarto, sintió que Dios había supervisado la creación de la Septuaginta para los cristianos.

Más o menos una generación después, los cambiantes idiomas del Oeste impulsaron a Jerónimo a traducir de nuevo las Escrituras, esta vez al latín. Él incluyó algunas de las demás porciones de la Septuaginta que a los seguidores de Cristo les eran útiles en su fe. Así, estos libros y secciones conocidos como Apócrifos permanecieron en todas las Biblias cristianas hasta la Reforma. Martín Lutero adoptó y tradujo al alemán solamente los libros que se usaban en la Biblia hebrea judía, dándonos el Antiguo Testamento como lo usamos en la actualidad.

Al reunir el Nuevo Testamento, cuatro preguntas llevaron a la elección de los textos. Primero: Se esperaba que los textos del Nuevo Testamento se conectaran con alguno de los apóstoles primitivos. Segundo: los primeros líderes eclesiásticos discutieron la ortodoxia de los textos del Nuevo Testamento. Santiago no fue inmediatamente incluido porque parece contradecir a Pablo en su enfoque sobre la conducta tan importante para la fe. En nuestros días, nosotros entendemos que Pablo invita al pueblo a la fe, independientemente de su conducta, pero ambos escritores sugieren que la fe será un resultado del cambio de conducta.

Tercero: Se incluían los libros en el Nuevo Testamento si parecían aplicarse a todo mundo. Finalmente, los escritos fueron vigorosamente considerados para ser incluidos si las personas ya estaban experimentándolos como Escrituras (Dos libros que eran discutidos finalmente fueron desechados: “Las Enseñanzas de los Doce” o “La Didaché”, y “El Pastor de Hermas”).

¿Pero por qué nuestras Biblias llegaron a estar en nuestro idioma en lugar de en hebreo, arameo y griego? Aquí es donde comienza el trabajo de nuestros eruditos del día de hoy.

Primero: Los antiguos manuescritos bíblicos—incluyendo las referencias de las Escrituras por los padres de la iglesia; la más antigua traducción de la Biblia al arameo, copto, latín y otros idiomas; y los primeros leccionarios de la iglesia que citan partes del texto bíblico—todos deben ser reunidos y evaluados. Un papirólogo, en una discusión sobre los beneficios de la luz natural sobre la artificial, habla sobre un antiguo texto en San Petesburgo cuya tinta “como el sol se levanta en el horizonte,. . . se desvaneció lentamente como si el escrito fuera un acto mágico”. Estoy personalmente agradecido por personas así de intrigadas con estos textos an tiguos, que dedicaron sus vidas ap análisis riguroso.

Sin embargo, el trabajo no está exento de polémica. En el tiempo de la Biblia del Rey Santiago, los Rollos del Mar Muerto aún no habían sido descubiertos. Para cada pasaje que tenía variaciones en los manuscritos, la redacción que ocurría con más frecuencia era elegida como la mejor. Al paso del tiempo, sin embargo, los especialistas se dieron cuenta que algunos rollos eran más dignos de confianza que otros. De igual manera, algunos de los manusvritos más confiables habían sido copiados más frecuentemente que los otros. Así, cuando los eruditos comenzaron a pesar las diferentes líneas de transmisión textual e incluyeron los Rollos del Mar Muerto en su trabajo, su mejor reconstrucción de un texto original cambió. Dichos cambios no impactan mayormente ninguna de las principales doctrinas cristianas., pero en la actualidad algunos sitios de internet exaltarán las virtudes de la Biblia del Rey Santiago (KJV, por sus siglas en inglés) o los males de la Nueva Versión Internacional (NIV) aunque no entienden las actualizaciones.

Una vez que los textos originales del Antiguo y Nuevo Testamentos han sido elegidos, comienza el trabajo de traducción. La primera traducción al inglés fue hecha en 1380 por Juan Wycliffe, pero la estaba traduciendo de la Vulgata Latina. En el siglo 16, William Tyndale fue martirizado por su traducción inglesa basada en el hebreo y griego. Irónicamente, la Biblia del Rey Santiago, que se publicó en 1611, se basó en su trabajo.

En la actualidad, nuestras muchas traducciones facilitaron olvidar las dificultades del proceso que las creó. En hebreo, tener “la nariz caliente” significa estar furioso, y “tener la nariz larga” significa ser paciente o longánimo (Génesis 30:2; Proverbios 16:32). Estas expresiones sin embargo, no son visibles en las traducciones inglesas, pues no tendrían sentido para nosotros. De igual manera, al cambiar el idioma, las nuevas traducciones se hacen necesarias. El texto de la Versión del Rey Santiago en 1 Pedro 3:1 sugería que las esposas podrían convertir a sus maridos por sus “conversaciones”, una palabra que en 1611 ¡significaba conducta!

Entonces:¿Qué traducción deberíamos usar en el día de hoy? Primero, utiliza la traducción que te gusta leer. Además de la que es tu favorita, puedes decidir elegir una segunda traducción para comparación. Las diferencias en las traducciones te mostrarán en donde los idiomas originales están abiertos a varias interpretaciones y te protegerán de vasar todo un sermón o enseñanza en una traducción incierta.

La historia de la creación de la Biblia es larga, con algunos cambios y giros en el camino. Pero los Metodistas Libres dependen en el enfoque de Juan Wesley para conocer a Dios: nuestra lectura de la Biblia recibe información de nuestra experiencia, razón y tradición. Estas son las guardas de nuestra fe.

La Rev. Laura J. Hunt enseña Biblia, hermenéutica, y experiencia Metodista Libre para la Universidad de Spring Arbor, el Seminario Teológico Ashland, y el Instituto de Entrenamiento del Este de Michigan. Además de su obra académica, es pastora asociada en la Iglesia de la Comunidad Nuevos Principios en Ann Arbor, Michigan, y está activa en la Red del Legado Africano de la Iglesia Metodista Libre. Visita LauraJHunt.com para más información sobre ella y leer más acerca de las traducciones de la Biblia.

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