Llamados a Amar

Ama a Dios. Ese es el mandamiento más grande. Es uno de los dos mandamientos que forman el pacto entero (el otro es amar a otros). Verdaderamente, pienso, el mandamiento es un poco abstracto. ¿Cómo amamos a alguien que es completamente diferente a nosotros, incluso en formas jamás vistas que no podemos comprender?

Juan nos da una muy sencilla y básica declaración de lo que significa amar a Dios: “En esto consiste el amor: en que pongamos en práctica sus mandamientos. Y este es el mandamiento: que vivan en este amor, tal como ustedes lo han escuchado desde el principio” (2 Juan 6).

Vivir en amor es vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios. En otras palabras, aquellos que verdaderamente aman a Dios le obedecerán. Aquellos que buscan amarle más plena y completamente buscarán obedecerle más plena y completamente en sus vidas.

Los mandamientos de Dios envuelven todo en nuestras vidas. Él nos dice cómo deberíamos actuar y reaccionar. Él nos dice como deberíamos tratar a otros a nuestro derredor. El mejor resumen de los mandamientos dado a los seguidores de Cristo se encuentra en el “Sermón del Monte” (Mateo 5-7).

Asimismo, no olvidemos que Jesús nos dio el mandamiento de evangelizar. Sé de personas que dicen ser completamente santificadas y que se rehúsan a compartir las buenas nuevas con otras personas. Ellos piensan que aman perfectamente a Dios y a otros, pero ni siquiera invitan a otras personas a la iglesia. Si ellos van a quebrantar este mandamiento fundamental de Cristo, entonces su amor no es perfecto.

Dios no demanda perfección de nosotros. Él espera crecimiento. Cuando pecamos y caemos, confesamos esos pecados y buscamos Su ayuda en arrepentimiento verdadero por ellos así no pecamos de nuevo de esa manera. Mientras crecemos en nuestra fe, obedecemos a Cristo más plenamente. Sistemáticamente vencemos el pecado en nuestra vida y le obedecemos. El Espíritu Santo que mora en nosotros, nos ayuda a hacerlo. La iglesia, la comunidad del pacto que Cristo estableció en la tierra, fue fundada para ayudarnos a hacer esto. Al crecer, comenzamos a amar más profunda y plenamente. Esto nos lleva a obedecer más a los mandamientos de Cristo. Es una bella imagen de un efecto en espiral tomando forma desde nosotros hacia Cristo.

Ama a Dios mediante la obediencia a lo que Él pone delante de ti. Realmente es muy sencillo, y Él nos ayudará a hacer precisamente eso.

Los “Artículos de Religión” de la Iglesia Metodista Libre establecen: “La ley de Dios para la vida humana, personal y social, está expresada en dos mandamientos divinos: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo.” Estos mandamientos nos revelan lo que es mejor para la persona en su relación con Dios, con las demás personas y con la sociedad. Ellos establecen los principios del deber humano, tanto en la acción individual como en la social. Reconocen a Dios como el único soberano. Todas las personas, tal como fueron creadas por él y a Su imagen, tienen los mismos derechos inherentes sin importar el género, raza o color. Por tanto, todos  deben obediencia absoluta a Dios en sus acciones individuales, sociales y políticas. Deben luchar por lograr el respeto para todos, en su persona, sus derechos y su más grande felicidad en la posesión y ejercicio del derecho, dentro de los límites de la ley moral.”

El artículo de “La Ley de la Vida y del Amor” está basado en Mateo 22:35-39; Juan 15:17; Gálatas 3:28 y 1 Juan 4:19-21. Este artículo describe cómo los Metodistas Libres deben ver a todos en la creación y cómo debemos tratarlos. Además nos recuerda cómo hacer para cumplir nuestros deberes cívicos en los países en los cuales residimos. Este artículo nos recuerda que Cristo nos requiere hacer que nuestras decisiones sean inspiradas por el amor – amor para Dios y amor para los demás.

Es importante recordar que somos llamados a amar. Es muy fácil olvidar que Dios nos llama a una vida de amor, no a una vida para ser rectos. Es más fácil ser rectos en ciertos asuntos que ofrecer amor a los demás, especialmente a aquellos que pensamos están completamente equivocados en ciertos temas. Imaginemos cómo se sintieron los primeros apóstoles. Mateo era un recaudador de impuestos, un colaborador de Roma, y Simón era un Zelote, un terrorista comprometido a destruir a Roma y a todo aquel que estuviera al lado de ella. Estos dos fueron unidos en Cristo. Simón, Andrés, Jacobo y Juan eran pescadores importantes (de cuello azul), y Felipe y Natanael eran estudiantes de la Torah, los comerciantes importantes de cuello blanco de aquel tiempo. Ellos fueron unidos en Cristo.

Si no estamos viviendo en amor para Dios y amor por los demás, no estamos viviendo en Cristo. No importa lo que profesemos creer. Si no tenemos amor, no tenemos nada.

Steven Bruns, Doctor en Filosofía, es presidente del departamento de ministerio y teología en el Colegio Christian Central de Kansas y es autor de  “Subtle Lies: How A Bad Understanding of Pride, Humility, and Love Can Undermine Your Life in Christ, (Mentiras sutiles: Cómo una mala comprensión del orgullo, la humildad y el amor puede socavar su vida en Cristo)” (fmchr.ch/brunssl). Visita la página freemethodistpreacher.com para leer más de sus escritos.

PARA DISCUSION

1. ¿Tiene tu iglesia local reputación de amar a Dios y a las personas?

2. ¿Cómo podemos mostrar amor a las personas con las que diferimos en temas importantes?

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