Libertad de Pecado

El pecado siempre es dañino. Es un contaminante por naturaleza y sus efectos son devastadores. Al final, acarrea la muerte (Santiago 1:15).

Toda alma convencida anhela la liberación de su dominio. Nadie puede ser rescatado de su poder y culpa sin sentir un fuerte deseo de albergar todo temperamento pecaminoso que lo ha hecho cautivo. La oración de su corazón es, como lo escribió Charles Wesley: “Romper el yugo del pecado interior, y liberar mi espíritu por completo”.

De primera intención, algunos pasajes parecen implicar que la continuidad del pecado en el corazón es inevitable. El primero al que llamamos la atención se encuentra en 1 Reyes 8:46: “Ya que no hay ser humano que no peque—si tu pueblo peca contra ti”. En el original hebreo, la palabra pecado aparece en tiempo futuro. “Este tiempo gramatical”, dice el erudito Moses Stuart: “designa todas las gamas de significado, mismas que expresamos en nuestro idioma con los verbos auxiliares, puede, debe, podría, debería, sería”, etc. Así, en Génesis 3:2: “—Podemos comer del fruto de todos los árboles—“. El término:

“Podemos comer”, en el original, se encuentra en tiempo futuro.

Esto nos enseña que no todos los humanos actual ni necesariamente pecan, pero que todos están propensos a pecar. Existe la posibilidad, pero no la necesidad de que la gente peque. Puede, o puede no pecar. Expresa una contingencia que podría no existir si el pecado fuera inevitable. Que podrían pecar o no pecar está claramente implícito en la declaración de que si lo hicieran, Dios se enojaría con ellos y los dejaría a merced de sus enemigos y podrían ser llevados cautivos.

La mayor parte de lo anterior se aplica en Eclesiastés 7:20: “No hay en la tierra nadie tan justo que haga el bien y nunca peque”. La palabra “peque”, en el original se encuentra en tiempo futuro, y también podría traducirse como: “pueda pecar”. Este pasaje enseña la doctrina que encontramos por toda la Biblia, de que nunca estamos exentos del peligro de caer. En nuestra mejor condición, cuando la gracia ha hecho la mayor parte en nosotros, tenemos la gran necesidad de “estar alerta y orar para no caer en tentación” (Mateo 26:41).

Proverbios 20:9 declara: “¿Quién puede afirmar: ´tengo puro el corazón; estoy limpio de pecado?” Con este pasaje se pretende desaprobar la vanagloria de un justo en su propia opinión, de un fariseo declarado, que no solamente se jacta de una bondad que no tiene, sino que se acredita esa pureza a él mismo. Si como David, nos ofrecemos en un deseo ferviente, y una fe que no será negada: “Crea en mí, oh Dios, un corazón puro” (Salmo 51:10), ¿quién se atreve a decir que una oración así no puede ser contestada? Dios es el único que puede purificar el alma. Sólo acudiendo a Él en oración persistente podemos obedecer la orden del Apóstol: “Pecadores, ¡límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón” (Santiago 4:8).

Job 9:20 dice: “Aun siendo inocente, me condenará mi boca; aun siendo íntegro, resultaré culpable”. En este capítulo, Job considera la majestad y santidad de Dios. En el v. 15, dice: “Aunque sea yo inocente, no puedo defenderme; de mi juez solo puedo pedir misericordia”. Ante la infinita pureza de Dios, para él, su justicia no contaba para nada, sin embargo, podía alzar su cabeza en la presencia de su compañero: “¿Te has puesto a pensar en mi siervo Job?—volvió a preguntarle el Señor—no hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal” (Job 1:8).

“¿Quién de la inmundicia puede sacar pureza? ¡No hay nadie que pueda hacerlo!” (Job 14:4). Este texto se refiere a la depravación natural que pertenece a todos los nacidos en este mundo—a lo que se conoce como pecado original. Nos enseña que por naturaleza todos somos depravados, no que esta depravación no pueda ser removida por la gracia.

Como creyente en Cristo “por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2).

¿Has sido tú salvo del pecado? Posiblemente antes lo fuiste. Eso ahora a ti no te sirve de nada. Lo único que hace es hacer que tu condición sea más deplorable si ahora tú estás bajo el dominio del pecado. Inmediatamente procura tu salvación. No pierdas tiempo. Haz que muera todo pecado. Sólo la salvación del pecado puede asegurar la salvación en el cielo.

B. T. ROBERTS es uno de los fundadores de la Iglesia Metodista Libre. Este artículo es extracto de uno de los artículos que Roberts escribió para la edición de mayo de 1860 de “The Earnest Christian” (El Cristiano Ferviente). Algunas porciones han sido parafraseadas para hacerlas más comprensibles. Visita fmchr.ch/sinbtr para leer el artículo original.

PARA DISCUSIÓN Y ESTUDIO

1. Enseña la Biblia que los cristianos siguen pecando regularmente?

2. Qué significa ser “salvo de pecado”?

TÚ PUEDES SER LIBRE DE LA LEY DEL PECADO Y DE LA MUERTE.

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