Liberada Para Una Obediencia Gozosa

El inesperado camino hacia la ordenación me llevó hacia la Iglesia Metodista Libre. Cualquier denominación que llevara la palabra “Libre” en su nombre con seguridad liberaría a una mujer para una obediencia gozosa. ¿O me equivoco? Sin duda la integridad tanto de palabra como de hecho ha provisto el coraje y la capacidad de seguir el llamado de Dios por encima de todo.

Mientras reflexiono en algunas de las experiencias de la vida, me doy cuenta que la ordenación no debió llegarme por sorpresa. Mis experiencias han incluido la concepción bajo condiciones que pueden ser consideradas como “milagrosas” por profesionales médicos, la comprensión y el recibimiento de la fe salvadora a una edad temprana, atracción durante la adolescencia a la hermosura del sacerdocio y la vida santa tal como se describe en Levítico, un poder recibido de parte del Espíritu para romper los lazos del pecado generacional, y el estimulo hacia el ministerio aún por cristianos que se oponen a ver a las mujeres en esa arena. Vienen a mi mente las palabras de Dios al profeta Jeremías: “Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones”
(Jeremías 1:5).

Sin embargo, años de estudio y de experiencia me han enseñado que la libertad de ministerio que ya experimento no me hubiera pertenecido si hubiera nacido una generación antes. Solo dos años después de la Conferencia General de 1974 (cuando por unanimidad se aprobó darle a las mujeres status igual que a los varones) Dios me dio el ser.

Abogado Incansable
No es poca cosa ser parte de la primera generación de mujeres pastoras que no han conocido ninguna restricción para la ordenación. Me siento agradecida no solamente con aquellos fieles delegados de 1974, pero también estoy en deuda con aquellos imposibles de contar que lucharon con ese fin en las generaciones posteriores a B. T. Roberts, uno de los fundadores de la Iglesia Metodista Libre, fue un proponente que alzó su voz más de un siglo antes de aquel histórico voto de 1974. La declaración de la Iglesia “Sobre la Mujer y el Ministerio (disponible en línea en fmchr.ch/wministry) claramente declara esta verdad:

Ya en 1861, cuando la iglesia solo tenía un año de existencia, las minutas de la Convención de Genesí dan cuenta de la predicación de las mujeres. … B. T. Roberts estaba fuertemente convencido de la igualdad de hombres y mujeres. El decía que las mujeres debían de estar trabajando hombro con hombro con los varones edificando el reino de Dios. Él quiso llevar la denominación hacia la ordenación de las mujeres.

Roberts abogó hasta el día de su muerte por la ordenación de las mujeres. Él hizo esta pregunta “Sobre la Ordenación de las Mujeres” (1891):

“Si los que están encumbrados como intérpretes de la Razón y la Revelación, y que expresaron el sentimiento que prevalece actualmente, estaban muy equivocados en un tema que ahora a nosotros nos parece tan claro y no admite discusión, de que todos los hombres tienen derecho a la libertad, ¿Será posible que el actual sentimiento como la posición de que se les debe permitir a las mujeres ocuparse en la Iglesia de Cristo, también esté equivocado?

Es una pregunta adecuada. Si los líderes de la iglesia estaban equivocados en lo relativo a la esclavitud, ¿No pueden estar equivocados en lo que se relaciona con las mujeres y la iglesia?

Roberts era lo suficientemente decidido como para reconocer la fragilidad humana, y tenía el deseo de hacer esta pregunta y exploraba sus implicaciones, evidenciando que la nuestra es una historia fundada en una convicción de igualdad, y la defendía de manera incansable.

Sin embargo, Roberts no fue el único en desafiar este stato quo social de las mujeres. Los evangelios ilustran cómo el ministerio y la vida de Jesús hicieron lo mismo:

l el embrión de Cristo en el vientre de María que la convirtió en la única fuente humana del ADN de Jesús.
l el ministerio de la integridad y la salud sin ninguna reserva (Marcos 5:21-42; Lucas 13:10-13).
l parábolas que presentan a las mujeres como dignas de ser imitadas (Lucas 15:8-10; 18:1-8).
l la inclusión de mujeres en las filas de los discípulos (Lucas 8:1-3, 10:38-42).
l capacidad de las mujeres en discusiones teologicas, la comprensión y el evangelismo (Mateo 15:21-28; Juan 4:4-42: 11:21-44).
l una mujer haciendo preparativos para un funeral (Mateo 26:6-13; Juan 12:1-8).
l fueron mujeres las primeras que dieron testimonio y proclamaron la resurrección (Mateo 28:1-10; Juan 20:11-18).

Y la lista sigue, pero el punto es bien claro. Jesús, con toda intención y cuidado empoderó a las mujeres. En el libro “Mas Allá de los Roles Sexuales”, el profesor emérito Gilbert Bilezikian describe la obra de Cristo con relación a las mujeres como “la plenitud de la redención” inaugurada en gran parte por medio de “la comunidad de la reconciliación, la familia de Dios: la iglesia”.

Dentro de esta comunidad del pacto, el efecto de la caída es totalmente revertido, como se ejemplifica a través de hombres y mujeres (Hechos 1:13-14) presentes para el cumplimiento de la profecía de Joel el Día de Pentecostés (Hechos 2:1-21). Esta unción común pavimentó el camino para Lidia (Hechos 16:11-15); Priscila (Hechos 18; Romanos 16:3-4; 1 Corintios16:19; 2 Timoteo 4:19); Febe, María, Junias, Trifena y Trifosa (Romanos 16); Ninfa (Colosenses 4:15); “la escogida por Dios” (2 Juan); y otros sin número llamados a ser ejemplos de Gálatas 3:28).

Joy M.O. Ireland, es presbítero ordenado de la Iglesia Metodista Libre en la Conferencia New South, es capellán asistente en la Universidad de Asbury.

En el Principio
¿Por qué fue Jesús tan radical en relación con las mujeres? Él estaba completamente comprometido a seguir la dirección de Su Padre como se ilustra en la historia de la creación. En Génesis 2:18 leemos: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada”.

Comprender la palabra hebrea ezer (traducida como ayuda en el texto citado) es esencial. Aunque algunos la entienden como subordinación de ayudantes, el término actualmente denota alianza o compañerismo. Los ayudantes proporcionan asistencia a las personas en necesidad tan evidente cuando la palabra ezer se usa para describir la acción de Dios (Salmo 30:10: 54:4, 72:12), o para mencionar aquellos que llegaron a ser líderes de Israel (2 Crónicas 12:9; 25:4, 31; Nehemías 3:19; Salmo 89:19; Ezequiel 11:1). En el Antiguo Testamento, es la presencia de una ezer es algo bueno (1 Reyes 20:16; Daniel 11:34), mientras que la falta de ella es malo (2 Reyes 14:26; Salmo 107:12; Isaías 31:3, 63:5; Jeremías 47:4). La intención original de Dios de un gobierno de dos, y de unidad (Génesis 1:26-30 se nota hermosa y poderosa a través de esta sencilla palabra hebrea.

Un Receptor Agradecido
Gracias a la clara intención de nuestro Creador, la misión redentora de nuestro Creador y Señor, y la firme convicción de Roberts, había un lugar sagrado para mí — como alumna de nuevo ingreso en la Universidad de Seattle Pacific — a fin de explorar el impulso divino mientras evaluaba la inconformidad por mi diploma inicial. A medida que seguía discerniendo el llamado, me llegaron oportunidades que dieron como resultado la elección de posiciones de liderazgo espiritual. Pude tener un lugar a donde ir cuando Dios transformó mis aspiraciones de estudio profesional — de la escuela de leyes al seminario.

Los profesores deseaban confirmar en mi interior la presencia de dones y virtudes pastorales ocultas por voces en contra. Un hombre estuvo dispuesto a amarme y a empoderar mi ministerio hasta el compañerismo matrimonial. Un pastor y una denominación me guiaron decididamente hacia el inesperado camino de la ordenación.

El bendito resultado de estas personas y lugares que influyeron en mí es esta mujer agradecida para la obediencia gozosa.

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