Lecciones de un “Pobre en Espíritu”

La porción sudoccidental de Wisconsin se encuentra dentro de un área del país conocida como Driftless (sin movimiento). Grandes acantilados, profundos valles, siemprevivas y arces (maples), llenan la región escasamente poblada (la población consiste principalmente de ganado y sus dueños). En medio de esta región se encuentra un pueblo de nombre Gillingham, comunidad aislada que si alguien la tuviera que describir, podría definirla como “pobre en espíritu” (Mateo 5:3). En este pueblo “pobre en espíritu” reside una persona “pobre en espíritu” a quien tuve el privilegio de pastorear por un par de años. Cuando Luz y Vida me dio el encargo de entrevistar a alguien “pobre en espíritu”, y escribir sobre esa persona, inmediatamente el nombre de Santiago me vino a la mente.

Llamé a Santiago y le pregunté: “¿Cómo defines a alguien “pobre en espíritu”?

“Bueno”, me dijo: “Alguien que sea sensible al Espíritu Santo y que se humille delante de Dios para obedecerle”.

Le pregunté a Santiago sobre su experiencia en este sentido, y replicó: “Me parece que esto se remonta a antes de que yo fuera salvo. Puedes pensar que ser pobre en espíritu significa que el Espíritu Santo puede captar tu atención. Es como si te dijera: “Antes que tú yo ya estaba aquí”.

Santiago siguió hablando de su época ene el servicio militar, mientras se sentía rodeado de los demás jóvenes soldados. Bebiendo y yendo a fiestas, se sentía vacío y solo. Comenzó a clamar a un Dios del que casi no sabía nada.

Salía a caminar y oraba. Oraba a Dios pero no en el nombre de Jesús, todavía no sabía nada acerca de Él.

Habló acerca de sus sentimientos de soledad y deseos no cumplidos. Después de salir del servicio militar buscó a un pastor y quiso ser discipulado. Santiago fue bautizado y comenzó a vivir su nueva vida.

“Después de ser salvo. Yo pienso que realmente fueron las cosas pequeñas. Ya sabes, la fe tiene que ver con aprender a responder y ser obediente con las pequeñas cosas que Dios te dice que hagas. Tiene que ver con ser lo suficientemente humilde para obedecer al Espíritu. Todo tiene que ver con la obediencia”. Y siguió diciendo: “Recuerdo cuando la Iglesia [Metodista Libre de Richland] se dividió más o menos en 1983, mi esposa y yo comenzamos a asistir a otra iglesia por un tiempo, y nos integramos a ella, pero yo no sentía paz”.

Dice Santiago que una vez pasó frente a la Iglesia Metodista Libre Central, de Richland, y “Dios me dijo: ´Ahí es donde tú necesitas asistir´. Estuvo tan claro como si lo hubiera visto escrito en el parabrisas. Necesitaba servir allí, y hasta que yo muera o sus puertas se cierren, ahí serviré”.

Santiago ha servido como diácono por muchos años, y ha sido delegado por varios años alternados durante la última década. Él cumple con las cosas “pequeñas”.

Como pastor que fui de la Iglesia Metodista Libre Centro de Richland, recuerdo algunas ocasiones cuando Santiago tenía conversaciones con alguien a quien llamaba aparte, o si respondía con aspereza a algo que le decían. Se quedaba callado por un momento, buscaba a la persona y aclaraba cualquier malentendido. Se disculpaba, o conversaba con él o ella, y se aseguraba que la persona quedara sintiendo paz.

“Me acaba de pasar el mes pasado”, dijo Santiago: “Estábamos en un estudio bíblico y hablábamos de cosas sin importancia, Betty comentó algo en broma, y yo respondí riéndome de ella—Por el resto de la noche yo estuve pensando que la había hecho sentir mal. Actuaba de manera rara. Pensé y pensé sobre el asunto, y no sentía paz. Al siguiente día la llamé: ´Betty, yo me reí de ti. Estábamos haciendo bromas, y me quiero asegurar de que no te haya hecho sentir mal´”.

Me dijo que Betty le respondió: “Mira Santiago, yo sé que estaban bromeando, yo estaba siguiendo la corriente. No hay nada de que preocuparse´”

Santiago me dijo: “Tengo que hacer esto más de lo que yo quisiera. Este año ya lo he hecho tres o cuatro veces. Pero tienes que escuchar al Espíritu Santo, humillarte y obedecerle. Todo tiene que ver con la obediencia”.

No hay nada sobresaliente que decir acerca de Santiago. Él pasaría desapercibido en una multitud. No tiene dinero ni preparación. Pero eso es lo que significa ser pobre en espíritu. No tratar de sobresalir, y cuando suceden cosas sobresalientes, el único que se lleva el crédito es Dios.

“¿Puedo mencionar tu nombre en mi artículo?” Le pregunté.

“¡Pero bueno!, creo que eso lo haría perder el propósito”, respondió Santiago: “No, tiene que tratarse de Dios y Su obra, inventa un nombre”.

“¡Tienes razón!, ¡eso suena bien!

Erik Anderson es el pastor principal de Light & Life Church/Iglesia Luz y Vida en Fitchburg, Wisconsin. Es graduado del Colegio Christian Central de Kansas, en 2014.

 

 

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