Las Lecciones de Dave

 

La gente nos advertía acerca de Dave. Nos decían que era el borracho del pueblo y un ladrón local. Nos decían que tuviéramos cuidado y que nos mantuviéramos alejados de él.

Lo que no nos dijeron fue que Dave llegaría a ser un miembro más en nuestro comedor, aparecía regularmente cuando los panecillos estaban saliendo del horno. No nos dijeron que llegaría a ser un amigo de la familia. No nos dijeron que nos enseñaría lo que significa la generosidad, y cómo hallar gozo en las cosas pequeñas. No nos dijeron que Dave le enseñaría a toda nuestra familia lo que significa realmente amar al prójimo.

Dave era un anciano que vivía solo, sobrevivía con su pensión mensual de discapacidad. Una vez me dijo: “No es verdad que yo sea un retrasado como dice la gente. Lo que pasa es que tengo problemas para recordar las cosas. Puedo recordar cuándo y dónde nací, pero se me olvida lo que desayuné esta mañana”.

No recuerdo la primera vez que Dave llegó a nuestra casa. Lo que recuerdo es que estaba helado por el clima inclemente del invierno, y aprovechó la oportunidad de que pudiera ser un lugar en dónde calentarse. Después de tomar una taza de té. Un panecillo y unas palabras de estímulo, Dave se dispuso a continuar su camino.

Después de su primera visita, Dave llegaba a nuestra casa regularmente. Una vez necesitaba ayuda para reparar una llanta de su bicicleta y reparar el asiento. En otra ocasión, como a la medianoche, no de muy buena gana, abrí la puerta para encontrar a Dave al otro lado, visiblemente agitado y sangrando. Había sido asaltado, y necesitaba un lugar seguro desde el cuál llamar a la policía. En muchas ocasiones llegaba, jalaba un banco hacia la barra del comedor, disfrutaba de una taza de té, charlaba con los niños mientras hacían sus tareas escolares, y conversábamos.

Un día mientras tomaba una taza de té, Dave me contó acerca de una Biblia para niños que su madre, ya fallecida, le había regalado. Me dijo que como él no tenía hijos propios con quiénes compartir su Biblia, me la quería regalar. Unos días después, apareció con la Biblia en la mano, radiante de gozo, para darme una de sus más preciadas posesiones.

Un domingo de primavera por la tarde, Dave llegó, sonriendo y saludando con la mano. Hacía tiempo que no lo veíamos, pero se veía de buen ánimo. Tomando su banquito para sentarse junto a la barra de la cocina, Dave me contó que se estaba recuperando de otra de sus enfermedades. Nos contó acerca de un amigo suyo que había muerto por una rara combinación de diabetes y licor, y emocionado por haber logrado activar su tarjeta con sus $49 de pensión mensual.

Yo no me equivoqué al pensar que la visita de Dave se debía a que necesitaba algo. Nos hemos convertido en el lugar al que acude cuando surge alguna necesidad. Ese día, necesitaba que alguien lo llevara y lo trajera a la tienda de comestibles El pequeño autobús de la comunidad no trabaja los fines de semana, y él no estaba seguro de poder ir y regresar caminando (y para ser honesta, yo tampoco). Aunque Dave ya me había enseñado mucho sobre el amor al prójimo. Todavía había mucho que yo debía aprender. Ese día en particular, estaba atestada de trabajo, y yo quería decirle que no. Pero en mi corazón, yo sabía que no había una sola razón para que yo no pudiera llevarlo a la tienda.

Subí mis dos niños pequeños a mi van, e hice una rápida y silenciosa oración pidiéndole al Señor que me ayudara a estar totalmente presente con Dave. En el corto trecho hacia la tienda de comestibles tuvimos una buena conversación. Yo me reí y disfruté sin reservas, aunque me encontraba en medio de una “lista de pendientes”. Dejé a Dave en la tienda, y le dije que lo esperaría en el parque al otro lado de la calle.

A los pocos minutos, Dave se dirigió hacia nosotros, cargando en sus dos brazos bolsas de víveres que había comprado con sus estampillas de comida con valor de $49 dólares. Mientras se acercaba, sonreía y saludaba, primero a mí, y luego a los niños.

“Tengo algo para ustedes. Tengo una sorpresa para nosotros”, dijo “¿Qué les parece un paseo? Compré algo de pollo”.

Extrajo de sus bolsas una caja con pollo frito caliente. Alborozado, nos ofreció el pollo, disculpándose porque había olvidado traer servilletas de papel. Por los siguientes minutos el tiempo no significó nada, y yo disfruté en el calor del sol y del amor genuino. Mi “lista de pendientes” perdió su importancia. Recordé lo que realmente importaba.

Poco después, Dave declaró: “Tengo que irme”, preocupado por haber tomado demasiado tiempo. Durante el regreso, le expresé mi gratitud, no solo por el inesperado paseo, sino también por la lección sobre el amor al prójimo.

Con regularidad, Dave me enseñó lecciones durante los cuatro años en que tuvimos relación con él. Estoy agradecida por la manera en que él me enseñó a ministrar, y especialmente sobre cómo amar al prójimo.

 

Kristen Bennet Marble es presbítero ordenada Metodista Libre, es pastora principal de la Iglesia West Morris, en Indianápolis, y autora de “The Scriptures of Jesus and the Early Church”, y “The Second Scriptures”, ambos títulos pueden ser adquiridos en la Librería LUZ Y VIDA (freemethodistbooks.com). Visita kristenmarble.com para saber más de ella y para leer más de sus escritos.

More from Kristen Bennett Marble

La Influencia Divina de Dios

Nuestra visión es “llevar integridad al mundo a través de comunidades bíblicas...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *