La Tierra: Un Termómetro de Fidelidad a los Pactos

La tierra juega un papel importante en la Biblia. Génesis se inicia con los seres humanos viviendo en la presencia del Señor en una tierra dotada divinamente, y el Apocalipsis termina con los humanos viviendo en la presencia del Señor en una tierra totalmente renovada. Todo lo que contiene es el desarrollo del pueblo de Dios en (y fuera de) la tierra de Dios. Así que no podemos relegar “la tierra” al papel de un trasfondo escénico o a un mapa. Necesitamos tomarlo muy en serio y apreciar su significativo valor para nosotros.

Una manera de hacer esto es rastrear los repetidos ciclos de “tierra/exilio” con un ojo hacia tres conceptos: la tierra es un don divino, la tierra bajo propiedad divina, y la tierra como un termómetro de fidelidad a los pactos (Estas categorías son prestadas por el brillante erudito Christopher Wright. Para un estudio más a fondo, revisa su libro “Old Testament Ethics for the People of God” (Ética del Antiguo Testamento para el Pueblo de Dios, fmchr.ch/otethics). Veremos cómo la tierra podía ser regalada por Dios, y quitada por Dios. Era lo mismo un regalo como una responsabilidad, lo que la hace una historia muy interesante cuando los humanos se involucran. Así que partamos estos ciclos, comenzando en el principio.

Ciclo 1. Los Humanos Heredan y Pierden el Mundo Total

En el principio, Dios crea un hermoso jardín-paraíso lleno de exuberante vegetación donde la vida puede florecer y las criaturas pueden vivir. Él hace a los humanos (Adam en hebreo) a Su imagen y les da la tierra (el jardín y todo lo demás) para señorear sobre ella de tal manera que ellos representan Su regia regla a toda la tierra. ¿Puede Dios hacer eso? Absolutamente. Como Creador, Rey y Dueño de la Tierra. Dios tiene el derecho de dar la tierra a los humanos. ¡Vaya regalo! (En serio, ¿alguien te ha regalado el mundo últimamente?).

Decir que la tierra era un paraíso agrícola para Adán y Eva es decir poco. Dicho esto, la descripción que vemos en Génesis 1-2 no es principalmente agrícola, sino teológica. La tierra finalmente era un locus (una posición fija, o centro geométrico) para la relación con Dios. Allí, en la tierra, los humanos caminaban con Él en lo fresco del día. Allí, experimentaron Su gracia. Allí, iban a gobernar sobre Su mundo. Su relación con Dios estaba inextricablemente vinculada a la tierra que Dios les había dado a ellos. Vivir en la tierra del Señor era vivir con el Señor. Esa es la mejor parte.

Pero Su regalo estaba acompañado por una condición. Los humanos tenían que confiar en Dios y seguir sus mandamientos en la tierra, el contexto para su obediencia. Si ellos obedecían a Dios, disfrutarían la tierra. Si desobedecían a Dios, perdían la tierra. Después de todo, la tierra sigue siendo de Él. Él retiene el derecho de tomar de nuevo la tierra en cualquier momento que los humanos no vivan fielmente en ella. Así la tierra sirve como un termómetro de algo así como una medida de la fidelidad humana a Dios. Si Adán y Eva siguen estando en la tierra, claramente están obedeciendo la Palabra de Dios. Pero si no…

Bien, tú sabes cómo sigue la historia. Los humanos se rebelaron en contra de Dios y se alejaron de la vida para abrazar la muerte. Pierden el jardín-tierra por su pecado y se desvanecen de la presencia de Dios—la peor parte. Son exiliados. Y no es agradable. Génesis 4-11 rastrea la espiral descendente de la vida humana fuera de la tierra lejos de la presencia de Dios, culminando en la construcción de Babilonia. A través del pecado y el egoísmo de la humanidad, todos estamos en el exilio, desvanecidos de su verdadera fuente de vida.

Eso es solo el primer ciclo “tierra/exilio”.

Ciclo 2. Dios Hace Volver a los Humanos a la Tierra y Ellos la Pierden… De Nuevo.

Las buenas nuevas es que Dios no abandona todo el Proyecto de la creación. Él decide redimir y restaurar a la humanidad, comenzando con un varón de nombre Abraham. Desde el humo y el escombro de Génesis 11, Dios llama y pacta con Abraham, prometiéndole multiplicar sus descendientes, le da algo de tierra, y lo convierte en una fuente de bendición internacional (Génesis 12, 15 y 17).

Lo admitimos, la promesa de la “simiente” de Abraham ocupa gran parte del Génesis, pero como lo revela la Torá, es la tierra de la promesa que toma el centro del escenario. De hecho, la tierra se convierte en una de las características prominentes de la historia, casi como si tomara el rol de personaje principal. Por ejemplo, el profeta Jeremías le habla a la tierra: “Tierra, tierra, tierra ¡Escucha la palabra del Señor! (Jeremías 22:29), y luego sigue diciendo: “A causa de la maldición, la tierra está de luto” (Jeremías 23:10).

Ahora, ¿Puede una fracción de terreno escuchar la Palabra de Dios o estar de luto? Por supuesto que no. El punto es la tierra, por cada etapa de la historia de Israel (promesa, conquista, posesión, mal uso, pérdida y recuperación), se vuelve tan central a la experiencia del pacto de Israel que dice que la tierra hablará en términos de la relación especial de Israel con Jehová. Era el lugar que garantizaba la intimidad restaurada con Dios y promovía el florecimiento humano. Era un nuevo jardín-paraíso. Finalmente, era el regalo al pueblo de Dios para disfrutar la presencia de Dios. Un muy dulce trato, ¿no lo crees?

Esto nos lleva de Nuevo al concepto divino de regalo/propiedad. Así como Dios tuvo el derecho de dar el mundo entero a Adán y Eva, Él tiene el derecho de dar la tierra a Israel como una expresión de Su compromiso de pacto con ellos. Para hablar claro, este regalo no tiene relación con su justicia. Su tierra, así como su existencia como nación, estaba basada en el amor electivo de Dios (Deuteronomio 9:4-6). Era un regalo.

Pero ese regalo va acompañado de responsabilidades éticas. Israel podrá poseer la tierra, pero el Señor es el dueño de ella, de modo que ellos son responsables delante de Él en lo que a ella se refiere. No es un tipo de trato de “uno y ya”. Es el concepto para la obediencia a Dios y fidelidad actuales a Dios, a la familia y al prójimo. Todo lo que ellos hagan en la tierra, desde establecer territorios hasta la poda de árboles, es una oportunidad de servir y obedecer al Señor. ¿Pero si ellos no obedecen? Ellos pierden la tierra. Levítico 25:23 dice: “…la tierra es mía y ustedes no son aquí mas que forasteros y huéspedes”, significando que Dios puede retirar Su protección y hacer que Israel no sea sino huéspedes sin tierra una vez más, si ellos rompen Su pacto.

Aqui es donde la tierra sirve como un termómetro de fidelidad al pacto, revelando el estado espiritual de la nación. Ciertamente, Israel puede desarrollar todos los rituales religiosos externos pero la única manera confiable de medir la verdadera fidelidad a Jehová es su ocupación en la tierra. Las maldiciones del pacto dicen que la desobediencia traerá como consecuencia la pérdida de la tierra y exilio de su casa, algo que los profetas no permitirán que Israel olvide mientras rechazan de manera flagrante la regia regla de Dios. Pero sin posibilidad. Israel rechaza a Jehová en lugar de las naciones paganas y sus dioses. Ellos ya no son una “luz a las naciones”. ¡Ellos son como las naciones!

Es una historia muy larga (tan larga como tu Antiguo Testamento), pero es obvio que sólo hay un recurso—el exilio, En cumplimiento de las maldiciones del pacto de Deuteronomio 28, el pueblo de Dios es enviado al exilio. Ellos finalmente prueban la inevitable consecuencia de siglos de desobediencia. Ellos una vez más son huéspedes y exiliados que viven en una tierra oprimida y extraña. Se siente como déjà vu.

Ciclo 3. Dios Lleva a los Humanos De Nuevo (De Nuevo) a la Tierra … Pero Aún se Siente como un Exilio

Como si ser reducidos a refugiados en una tierra extraña no fuera lo suficientemente desorientador, el sentido enorme de interrupción nacional producida por la pérdida de la tierra hubiera sido aplastante. Israel entendió su relación con Dios, y que la herencia tiene dos lados inseparables, como una moneda. El exilio deterioró todo su armazón. Ellos nunca pensaron que perderían la herencia, pero, ahora que Jerusalén está en ruinas, tuvieron que reconsiderar la naturaleza de su relación de pacto. Ellos estaban haciendo las preguntas difíciles. ¿Qué de su identidad ahora? ¿Dónde estaba su Dios? ¿Cómo se acomodó la tierra en su condición actual de exiliados?

Los profetas aparecen en la escena para darles sentido a estas preguntas. Ellos confirman que la pérdida de la tierra fue una horrible fractura en su relación con Dios … pero no fue el fin de ella. Ezequiel nos revela que Dios vive y es real en Babilonia reinando en su trono movible, mientras que Jeremías habla de esperanza para el pueblo de Dios a pesar de la destrucción del templo. El pueblo de Dios no es cortado permanentemente. Ellos pueden experimentar las bendiciones del pacto de relación de nuevo con Jehová por medio del arrepentimiento y renovada obediencia. Aún en Babilonia. Esto reorientó su entendimiento de la tierra. Los conceptos teológicos (seguridad, bendición, responsabilidad) quedaron intactos, pero ahora le hicieron lugar para la vida con Dios en el exilio.

Esta reorientación es un momento pivotal en la historia redentora. Israel puede haber perdido la tierra, pero seguía siendo el pueblo de Dios, lo que preparó el camino para la ampliación de los propósitos de Dios en el mundo, de abrazar a los Gentiles de manera tal que Israel no había sido visualizada previamente. La salvación ya no está atada a un espacio específico, o limitada a un grupo étnico. De hecho, Ezequiel anticipa el gran alcance de la salvación cuando marca los límites de la nueva tierra y ordena a Israel dar una herencia a todos los extranjeros entre ellos (Ezequiel 47:21-23). Cuando Dios reúne a Su pueblo de la tierra, serían personas de toda nación, tribu y lengua.

Dicho lo anterior, el exilio sigue siendo exilio. El pueblo anhelaba el día del que habían profetizado Ezequiel y Jeremías. Ellos dijeron que Dios reuniría Su remanente de las naciones y lo restauraría a la tierra y haría una obra nueva en sus corazones, haciendo que amaran y obedecieran Sus mandamientos y caminaran en fidelidad al pacto (Ezequiel 36:24-28 y Jeremías 31:31-34). Y eventualmente Dios los lleva de nuevo (de nuevo) a la tierra, pero no es exactamente lo que los profetas visualizaron. Ellos están en la tierra, pero el imperio opresivo gobierna sobre ellos y los trata como marginados y extranjeros. Y no hay ningún cambio radical en sus corazones. Ellos aún aman sus caminos pecaminosos e idólatras. Aparentemente, tú puedes estar en la tierra y todavía sentir que estás en el exilio.

Todos conocemos esta sensación. El mundo es nuestro hogar pero está todo al revés. Experimentamos mucho dolor, trauma y sufrimiento, gran parte del cual viene de nuestro propio pecado. De modo que la condición humana es algo así como el de Israel cuando ellos volvieron a entrar en la tierra – ellos están de regreso pero aún se sienten perdidos. ¿Cómo dice el dicho? A donde quiera que vayas, allí estás. Ese es el problema del Israel post-exilio … y nuestro problema.

Ciclo 4. Dios Revierte el Ciclo Tierra/Exilio por Medio de Jesús

El Antiguo Testamento termina con el curioso hecho de que el pueblo de Dios está simultáneamente “en la tierra” y “fuera de la tierra”. Por generaciones pasa esta incómoda condición hasta que el largamente esperado descendiente de Abraham aparezca en las páginas del Nuevo Testamento. Por medio de la vida, muerte y resurrección, él revierte el ciclo de “tierra/exilio”, entrando en el exilio en nuestro lugar y luego dándonos la tierra que Él hereda. Aquí te decimos cómo:

Jesús vive como un verdadero humano y un verdadero israelita, obedeciendo las palabras de Dios y viviendo bajo la Torá. Él confía en la definición del bien y del mal, aun cuando se enfrenta a la cruz. Él ama a Dios y al hombre, mostrando particular preocupación por los oprimidos, marginados y desplazados. Él es el único que merece la tierra, sin embargo, Él decide vivir sin hogar, yendo por todas partes enseñando a otros lo que es la relación con Dios. Por medio de Su enseñanza, milagros y sanidades. Él crea pequeños paquetes de “tierra” en la tierra donde las personas pueden experimentar la vida, el amor y el dominio de Dios. Luego, para horror nuestro, Él es enviado fuera de la ciudad para sufrir como un exiliado, ejecutado por los poderes opresivos y borrado de la presencia de Dios.

Sobre la cruz, Jesús se identifica totalmente con nuestra experiencia de exiliados (sólo que el nuestro es un caos creado por nosotros mismos) y luego sufre en nuestro lugar, muriendo y levantándose de entre los muertos para heredar el mundo y llevar rebeldes como nosotros a la tierra. Ahora los que se identifican con Él por medio de la fe y el arrepentimiento son llevados a la presencia de Dios y reciben el mundo como su heredad. Eso está bien, escuchaste bien: El mundo

Como podemos ver, los propósitos redentores de Dios que comenzaron con Israel y su tierra encontrando su cumplimiento final en Jesús, la descendencia de Abraham quien posee el mundo. Por medio de nuestra unión con Jesús, nosotros también poseemos la heredad de Abraham. En la Gran Comisión, Jesús les dice a Sus seguidores que toda autoridad ha sido dada a Él y luego los envía a la tierra con esa autoridad para proclamar el evangelio y hacer discípulos de todas las naciones (Mateo 28;16-20). Hoy, los seguidores de Jesús continúan yendo hasta los fines de la tierra para esparcir el evangelio, proclamando arrepentimiento y perdón de pecados. Nosotros creamos pequeños paquetes de “tierra” mientras nos reunimos como comunidad del pacto de Dios para experimentar Su poder y presencia.

Esta comunidad de pacto es un pueblo multiétnico diverso, de toda nación, tribu y lengua que viven juntos bajo el gobierno y dominio del Rey Jesús. Aunque ahora somos co-herederos con Cristo, con ansia esperamos el día final de redención cuando habitemos permanentemente en la presencia de Dios en un renovado jardín-paraíso sin el obstáculo del pecado o del sufrimiento. La tierra que fue recibida y perdida por Adán y Eva y luego por Israel señalaba hacia esta tierra, pero la tierra re-creada sobrepasará al jardín y Canaan en todas las maneras. Después de todo, veremos a Jesús cara a cara y caminaremos en una intimidad inquebrantable con él y su pueblo en perfecta fidelidad al pacto en la tierra.

Whitney Woollard es una bloguera de mucho tiempo del Proyecto Bíblico (thebibleproject.com/blog), contribuyente, escritora, oradora y maestra de Biblia en Portland, Oregon. Ella tiene un título de Artes en estudios bíblicos y teológicos del Seminario Western, y le gusta compartir su pasión por la Biblia con otras personas. Tú puedes revisar su trabajo en su página web, whitneywoollard.com.

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