La Soledad en Adviento

“Se me estremece el corazón dentro del pecho, y me invade un pánico mortal. Temblando estoy de miedo, sobrecogido estoy de terror. ´¡Cómo quisiera tener las alas de una paloma y volar hasta encontrar reposo! Me iría muy lejos de aquí; me quedaría a vivir en el desierto. Presuroso volaría a mi refugio, para librarme del tiempo borrascoso y de la tempestad´” (Salmo 55:4-8).

La pérdida de un ser querido no es algo que se olvida. El tiempo cambia la forma y la intensidad de la pena, pero nunca desaparece. En octubre, entré a mi segundo año de viudez después de perder a mi esposo de manera inesperada. Mi vida cambió para siempre la mañana en que Ted ya no despertó sobre la tierra. El tiempo de su partida, repentino e inesperado llegó como un shock aquel primer año y se quedó conmigo hasta bien entrado diciembre y más allá. Su muerte y la temporada navideña parecieron ir juntas el año anterior. Mi familia, tanto la biológica como la de la iglesia me protegieron decididamente y me cuidaron durante al primer año en el que mi mundo se detuvo como con un gran frenazo. Me reflejo en esa primera Navidad sin mi amado y me doy cuenta que, en retrospectiva, acaba de suceder en torno mío.

De alguna manera, puedo decir: “¿Qué diferencia hace un año? Sin embargo, de otra manera continúo avanzando en la fe, todo lo que puedo hacer es poner un pie delante del otro y caminar hacia esta temporada de Adviento y hacia la celebración del nacimiento de nuestro Señor con todo el propósito que puedo sobrellevar. Con cuánta frecuencia las palabras de David en el Salmo 55:4-8 reflejan mi estado emocional y el anhelo de mi corazón. El problema es que no hay forma de escapar. David lo deseaba, soñaba, e incluso intentó huir de sus problemas, descubriendo cada vez que uno no puede superar la realidad. La única manera de vencer los dolores y batallas del corazón y lo que parecen problemas inescapables de la vida es caminar a través de ellos, y, por causa de Jesús, nosotros no tenemos que hacerlo solos.

La soledad ha sido un interesante fenómeno este año pasado. Yo nunca estoy sola porque Dios me ha bendecido con un asombroso sistema de soporte. Los miembros inmediatos de mi familia — incluyendo mi madre, parientes, hijos y nietos — me han rodeado con sus brazos y vidas como una manta tibia y familiar. Los miembros de mi familia de la iglesia han tomado vacaciones conmigo, se aseguran de que yo nunca esté sola en los días especiales o importantes, e incluso se han ofrecido a tomar tiempo libre de sus empleos para estar conmigo. Las expresiones de ese tangible amor, son, a falta de una palabra mejor, ¡tan agradables! La soledad no ha sido tan difícil de sobrellevar.

Pero tengo que admitir que he descubierto que la soledad es algo totalmente separado de la soledad. Mi nuera me ayudó a entender la diferencia que estoy sintiendo cuando observó que las demás personas que conocieron a Ted perdieron un padre, un amigo, un mentor, un compañero de oración, un ministro, un jefe y un líder, pero yo perdí mi persona. La parte de mi carne que me sustentó y formó mi identidad durante más de 40 años de matrimonio fue dolorosamente desgarrada. Se necesita tiempo para sanar. Se necesita a Jesús el Mesías quien me está ayudando a ver que yo sigo teniendo amor, apoyo y aceptación de Su parte y de otros. Para ser franca, el proceso de sufrimiento incluye aprender que yo puedo sentirme completa sin mi ser amado y ofrecerme con el mismo amor, apoyo y aceptación. Estoy aprendiendo con fe, a confiar y creer que lo que parece ser soledad algún día se convertirá en plenitud por medio de Cristo, sucede que esto toma tiempo y práctica.

Yo creo que Dios nos da habilidades maravillosas para defendernos, una de ellas es el shock. Con muy poca memoria de la temporada navideña del año pasado debido al shock emocional. La actual temporada de Adviento parece un gran tejido. Algunas de las cosas simples y las no tan simples pueden parecernos abrumadoras: ¿Pondré árbol navideño este año? Si la respuesta es sí, ¿cómo lo llevo a casa si ya vendí mi camioncito pick up? No asistiré a la reunión anual de Navidad en la industria para la que Ted trabajaba, de modo que, ¿qué haré para llenar esa clase de vacíos? El año que pasó hice todas mis compras por internet, pero ¿puedo enfrentar a las multitudes en este año? ¿Podré ser efectiva en el manejo de la iglesia de la que soy pastora en esta temporada de Adviento? ¿Aunque sea en ocasiones en medio de las lágrimas? Cuántas preguntas, cuántas preocupaciones, y finalmente tanto en qué pensar acerca de lo que esta temporada del año significa para mí.

¿Qué significa realmente este tiempo del año? Aunque soy pastora, tengo que sentarme con esta pregunta este año. He encontrado la respuesta solo viendo a través del miedo que me golpea el corazón, los sentimientos de soledad, y el deseo de rehacer la realidad y revertir el tiempo. Para los que han experimentado un dolor de esta magnitud, sabemos que se necesita un trabajo muy duro. Después de sólo un año, no he logrado todo lo que hace falta. Además, los elementos superficiales de esta temporada incluyendo el árbol, la reunión, la compra de regalos tienen que ser descartados antes de poder responder esta pregunta.

Este tiempo del año significa que nuestro dolor y todas nuestras luchas tienen relación con Aquel que dio a Su Hijo para que viviera entre nosotros. Significa que tenemos un Mesías que entiende cómo se siente que te quiten el piso de debajo de tus pies. Significa que tenemos esperanza para hoy y para todos nuestros mañanas. Significa que, aunque no podamos o no participemos en las fiestas en todas las formas que ofrece o dicta nuestra cultura porque nuestra carga es demasiado pesada, podemos sin duda regocijarnos en el nacimiento de nuestro Mesías.

“Al que está sentado en el trono y al Cordero, sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 5:13b).

Carlene Nisley ha servido como pastora principal de la Confraternidad Nueva Visión (Hillsboro, Oregon) desde 2014. Ella recibió la ordenación en 2011 y graduó del Seminario Evangélico George Fox (conocido ahora como el Seminario Portland) con una Maestría en Artes en el ministerio de liderazgo en 2013.

 

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