La Multiplicación es Caótica

Usualmente se piensa que la multiplicación en el Reino de Dios fue matemáticamente inevitable. Si una persona, transformada por su relación con Jesús, gana dos personas para Cristo,  y ellos a su vez se convierten en multiplicadores, entonces es sólo cuestión de tiempo antes de que el mundo entero esté evangelizado. ¿Así es como funciona; ¿verdad?

No Necesariamente.

La ingenuidad nos lleva a creer que la multiplicación de discípulos, líderes, grupos e iglesias sucede sin complicaciones. Sin embargo, al responder al llamado de Dios para que cada discípulo sea un multiplicador, la realidad pinta un aspecto diferente, la multiplicación es caótica. El Nuevo Testamento, la historia y nuestra propia experiencia así lo asumen.

Jesús fue, y es, el multiplicador final. Su vida y ministerio iniciaron un movimiento que fue continuo durante estos 2,000 años. Dicho movimiento fue arraigado en los corazones de un puñado de hombres y mujeres desconocidos y  ha irradiado desde Jerusalén a partir de Su muerte y resurrección.

Pero el esparcimiento del evangelio que vino a través de las edades no fue sin obstáculos. Jesús, por ejemplo, a pesar de ser perfecto en todos sus caminos,  lidió con una variedad de desafíos en el transcurso de su ministerio.

La duda, orgullo, poca fe, mundanalidad, abandono y traición fueron las realidades con las que Jesús luchó. Esta lista se genera de Sus discípulos, no de Sus oponentes.  Esto en cuanto a la idea romántica de la multiplicación sin caos.

Si Jesús experimentó tal impactante oposición a Su ministerio entre sus más cercanos seguidores,  ¿entonces quiénes somos nosotros para pensar que todo navegará sin problemas en la actualidad? No, la realidad de su ministerio de reconciliación es que es caótico por sí mismo. Las vidas de muchas personas llenas hasta el borde de la ruptura por este mundo perdido y moribundo, seguramente enturbiarán las aguas del ministerio.

Incluso, en medio de estos dolores de cabeza y de corazón, el llamado, claro como el cristal de nuestro Maestro debe ser escuchado. La multiplicación sigue siendo Su misión, y la iglesia local en todo el mundo sigue siendo el vehículo por medio del cual esta multiplicación sucede. Él vivió, murió y resucitó para que todos pudieran oír las buenas nuevas. Nuestro llamado como discípulos de Jesús es claro. Fuimos reclutados  en el ministerio de multiplicación exactamente como Jesús y sus seguidores lo fueron, sin importar el desorden.

Joe Wickman es pastor enviado a Vestal Vida Nueva, la cual será lanzada este otoño en Vestal N. Y. Visite joewickman.com para leer más de sus escritos.

PARA DISCUSIÓN EN GRUPO:

[1] ¿Qué tipos de “caos” lidió Jesús entre sus discípulos?

[2] ¿Qué tipos de “caos” lidiamos en la iglesia local en la actualidad?

 

[3] ¿Cómo vivirás sin un compromiso de multiplicación que es tan grande como tu temor de un ministerio caótico?

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